bien de interés local

Cantabria pierde la oportunidad de proteger una de sus torres más emblemáticas

La torre del reloj vista desde arriba. / A.L.
El Gobierno de Cantabria ha declarado caducado el procedimiento por haberse agotado los plazos sin resolución

La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria ha declarado caducado el expediente de declaración de la Torre del Reloj de Limpias como Bien de Interés Local (BIL) en la categoría de monumento, al haber expirado los plazos legales sin que se dictara resolución.

Según recoge este lunes el Boletín Oficial de Cantabria (BOC), el procedimiento, incoado inicialmente el 28 de noviembre de 2022, debía haberse resuelto y notificado en el plazo de 12 meses, prorrogables por otros 12. Aunque en noviembre de 2023 se acordó la ampliación del plazo, el tiempo máximo ha vencido sin que se haya dictado una resolución expresa, lo que determina la caducidad del expediente conforme a lo establecido en la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria.

La resolución publicada pone fin a la vía administrativa, si bien puede ser recurrida, mediante recurso potestativo de reposición ante el consejero de Cultura, Turismo y Deporte en el plazo de un mes, o mediante recurso contencioso-administrativo ante la Sala del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, en el plazo de dos meses desde su publicación.

Una torre con fuerte valor simbólico

La Torre del Reloj, también conocida como Torre del Otero, fue construida a mediados del siglo XIX gracias a una iniciativa del conde de Albox, quien sufragó el proyecto con el fin de dotar a su localidad natal de infraestructuras útiles, como esta torre que permitía a los vecinos escuchar la hora oficial mientras realizaban sus tareas cotidianas.

La torre está situada en una elevación dominante, con vistas panorámicas de Limpias y las localidades vecinas como La Agustina, Carasa, Colindres o Treto, lo que le otorga un valor estratégico tanto visual como patrimonial.

El expediente ahora caducado reconocía no solo su valor arquitectónico, sino también su papel en la identidad cultural de la población. A lo largo del tiempo, los vecinos han sido quienes han mantenido la torre, realizando tareas como dar cuerda al reloj o asumir los costes de reparación, lo que refuerza su carácter de símbolo comunitario.

La torre presenta una estructura de planta cuadrada, con muros de mampostería y sillares en las esquinas, y se divide en tres cuerpos escalonados que alcanzan una altura de 12,20 metros. La propuesta de protección patrimonial también incluía el entorno inmediato de la edificación, con el objetivo de preservar el conjunto paisajístico y arquitectónico.

Aunque el procedimiento administrativo ha caducado, el edificio sigue siendo un elemento destacado del patrimonio local, tanto por su presencia física como por el valor simbólico que representa para la comunidad de Limpias.