Hiroshima, 80 años después

A 80 años del horror, Hiroshima vuelve a encender la alarma nuclear

Los últimos hibakusha alertan de los peligros de una nueva era atómica mientras el mundo reabre el debate sobre el armamento nuclear. Japón, testigo del horror, teme que la historia vuelva a repetirse

Los transeúntes miran hacia la Cúpula Genbaku en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, sede central de la Cumbre del G7 en Hiroshima. / Michael Kappeler
Los transeúntes miran hacia la Cúpula Genbaku en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, sede central de la Cumbre del G7 en Hiroshima. / Michael Kappeler

Un zapato calcinado, un reloj detenido a las 08:15, mochilas y peines derretidos por el calor nuclear. Así comienza el relato del Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, el lugar donde cada objeto es un testimonio y cada silencio, una advertencia.

El próximo 6 de agosto de 2025, se cumplirán ochenta años del bombardeo atómico que devastó Hiroshima, matando a más de 140.000 personas y dejando una herencia imborrable de dolor, radiación y cicatrices históricas. A las puertas de este aniversario, los últimos supervivientes, los llamados hibakusha, alzan la voz en medio de un mundo que parece haber olvidado la lección más dura del siglo XX.

Una generación en peligro de extinción

Bun Hashizume, hoy con 94 años, tenía solo 14 cuando vio estallar el cielo en mil colores. “El sol cayó y la historia se rompió”, escribió en uno de los poemas que adornan los muros del museo. Hoy, su voz —como la de otros pocos hibakusha— resuena con urgencia ante el resurgir del discurso belicista y la renovación de arsenales nucleares en todo el planeta.

El Ministerio de Bienestar de Japón ha confirmado que el número de supervivientes vivos ha caído por debajo de los 100.000 por primera vez desde 1945. La edad media: 86 años.

El rearme nuclear: ¿hacia una nueva Guerra Fría?

Según el último informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el mundo vive una preocupante reversión de la tendencia al desarme. Las nueve potencias nucleares —Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel— no solo mantienen sus arsenales, sino que los están modernizando y ampliando.

  • Estados Unidos y Rusia conservan el 90% del total global: más de 10.600 ojivas nucleares.

  • China ha incrementado su arsenal en más de 100 cabezas anuales, alcanzando las 600 en 2025.

  • Corea del Norte y Irán desafían abiertamente los equilibrios regionales.

“El tabú nuclear está quebrándose”, advierte Terumi Tanaka, copresidente de la asociación Nihon Hidankyo, que en 2024 recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra la proliferación atómica.

Japón y la tentación de rearmarse

Paradójicamente, incluso Japón, la única nación que ha sufrido un ataque nuclear, debate ahora sobre su política de defensa. Sectores del gobierno y círculos militares sugieren revisar el pacifismo constitucional e incluso contemplar la posesión de armamento disuasivo, ante la amenaza de vecinos como China, Corea del Norte y Rusia.

Sin embargo, los hibakusha rechazan esa idea con firmeza. “No fuimos sacrificados para que otros jueguen con fuego”, dice Toshiki Fujimori, de 81 años, que hoy recorre escuelas y universidades con su relato como herramienta pedagógica.

Del trauma a la pedagogía: la memoria como resistencia

Desde el Parque de la Paz hasta las aulas, los hibakusha convierten su dolor en enseñanza. Una de ellas, Keiko Ogura, autora del Manual de Hiroshima, recuerda haber visto morir a dos personas mientras les daba agua. “Era una niña. No sabía que eso podía matarlos. Mentí a mi padre. Esa culpa me acompaña desde entonces”, relata.

En los aniversarios de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto), se guarda un minuto de silencio y se lanza un mensaje de paz que muchos consideran más urgente que nunca. Este año, los alcaldes de ambas ciudades han invitado formalmente a Donald Trump, aunque no han recibido respuesta.

Palabras peligrosas y silencios culpables

El propio Trump, en la última cumbre de la OTAN, comparó el uso de bombas “rompebúnkeres” en Irán con los ataques atómicos en Japón. “No quiero usar el ejemplo de Hiroshima… pero fue esencialmente lo mismo”, declaró. Las reacciones en Japón han sido de conmoción y rechazo.

Tampoco hubo disculpas oficiales cuando Barack Obama visitó Hiroshima en 2016 —aunque fue el primer presidente estadounidense en hacerlo—. Y en 2023, Joe Biden recorrió el museo, guiado por Ogura, en la cumbre del G7 celebrada precisamente en la ciudad mártir.

Mientras el mundo redibuja sus fronteras estratégicas y desmantela acuerdos de control de armas, Hiroshima se convierte nuevamente en el epicentro de una advertencia global. No solo por su historia, sino por el futuro que evoca.

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