Ecuador decide su futuro entre Noboa y González: ¿nueva era o regreso al correísmo?
Ecuador vive este domingo una jornada crucial que puede marcar el rumbo político, económico e institucional del país para los próximos años. Más de 13,5 millones de ecuatorianos están llamados a las urnas para decidir entre dos visiones opuestas del futuro: la continuidad con el presidente Daniel Noboa, que busca un mandato completo, o el regreso del correísmo encarnado en Luisa González, la heredera política de Rafael Correa.
Ambos candidatos llegaron a esta segunda vuelta tras una campaña intensa, polarizada y cargada de ataques personales. El tono ha subido en los últimos días, con episodios llamativos como el reto público de González al presidente para someterse a una prueba antidopaje, o los constantes señalamientos de corrupción e ineficacia que Noboa lanza contra el legado correísta.
Las encuestas reflejan lo reñido del escenario: todas coinciden en un empate técnico, lo que deja abierta cualquier posibilidad y eleva la tensión en la antesala del escrutinio final.
Una revancha con historia y heridas abiertas
Daniel Noboa, empresario y político de 36 años, llegó al poder en 2023 tras imponerse a la propia González en unas elecciones anticipadas, convocadas tras la renuncia de Guillermo Lasso por medio de la figura constitucional conocida como “muerte cruzada”. Aquella victoria, ajustada pero sorpresiva, le permitió completar el mandato inconcluso de su antecesor. Hoy busca su propia legitimidad, un mandato de cuatro años y la oportunidad de consolidar su proyecto.
Luisa González, abogada, exasambleísta y fiel representante de la Revolución Ciudadana, ha aprovechado este segundo intento para reforzar su perfil como lideresa propia, aunque sin ocultar su cercanía con Rafael Correa, expresidente exiliado en Bélgica y condenado por corrupción en Ecuador. González, de 47 años, apuesta por una recuperación del Estado social, fuerte gasto público y una visión proteccionista de la economía.
Dos modelos económicos: ajuste o expansión
En lo económico, los contrastes son nítidos. Noboa propone un Estado más eficiente, reducir el gasto público, reformar la Constitución para eliminar privilegios y modernizar el país bajo un esquema de mercado, sin abandonar la dolarización. Sostiene que su gestión ha sido responsable con los compromisos adquiridos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el control del déficit fiscal, que superaba los 4.800 millones de dólares al asumir el cargo.
González, en cambio, insiste en un modelo intervencionista y ha prometido no tocar el gasto público ni ceder a “restricciones externas”. Su plan contempla mayor inversión estatal en educación, salud y empleo, y cuestiona los tratados de libre comercio firmados fuera de la región, alineándose con una mirada más integracionista sudamericana. Según el economista Alberto Acosta-Burneo, un eventual regreso del correísmo “implicaría un rompimiento con el FMI y políticas heterodoxas que inquietan a los mercados”.
La prima de riesgo de Ecuador subió esta semana a 1.600 puntos básicos, una señal clara del nerviosismo que genera un posible giro político. Analistas advierten de que un triunfo de González puede abrir un nuevo ciclo de confrontación con organismos multilaterales y sectores productivos.
Seguridad y gobernabilidad: el otro eje de campaña
En un país golpeado por el avance del crimen organizado, la violencia y la presencia de bandas transnacionales, la seguridad se ha convertido en un tema prioritario. Noboa ha apostado por una retórica de mano dura, decretó el estado de excepción en varias ocasiones y vinculó la seguridad a reformas institucionales.
González ha sido más ambigua, criticando los métodos de militarización del actual gobierno y prometiendo combatir las causas estructurales de la violencia: pobreza, desempleo y falta de oportunidades. Aunque ha endurecido su discurso en las últimas semanas, su perfil sigue siendo visto por algunos como más conciliador, lo que genera dudas sobre su capacidad de enfrentar a los grupos criminales que operan en el país.
¿Cambio o continuidad?
Lo que está en juego no es solo una presidencia: es una elección entre dos formas de entender el poder, el rol del Estado y la política exterior de Ecuador. Noboa representa una nueva generación, distante tanto del correísmo como del conservadurismo tradicional, aunque aún rodeado de figuras del establishment. Su estilo directo, su lenguaje moderno y su juventud le han ganado popularidad entre los votantes urbanos y jóvenes, pero también críticas por sus formas desenfadadas y una aparente falta de profundidad.
González, en cambio, encarna el legado de Correa, con su enorme base de apoyo popular en sectores rurales, movimientos indígenas y clases medias bajas. Aunque ha intentado moderar su imagen, sigue siendo percibida como la carta de regreso del expresidente, quien no puede volver al país sin enfrentar la justicia.
Una segunda vuelta bajo vigilancia internacional
El proceso electoral está siendo seguido de cerca por organismos internacionales como la OEA y la Unión Europea, debido a los antecedentes de polarización, denuncias de fraude y tensiones institucionales. En la primera vuelta, el margen fue de apenas menos de 20.000 votos entre ambos candidatos, con acusaciones cruzadas sobre irregularidades.
En esta segunda vuelta, las autoridades han reforzado los protocolos de seguridad y transparencia, mientras los candidatos ya anticipan una contienda reñida que podría resolverse por un puñado de votos.
¿Y el día después?
Cualquiera que sea el resultado, el próximo presidente de Ecuador deberá enfrentar una economía frágil, un sistema político fragmentado, una inseguridad creciente y una sociedad profundamente dividida. El desafío no será solo gobernar, sino construir consensos en un país donde cada elección parece ser un referéndum sobre el pasado.
La pregunta que responderán hoy los ecuatorianos es simple en apariencia, pero de enorme trascendencia: ¿mirar hacia atrás o hacia adelante? ¿Revivir el correísmo o consolidar el camino de una nueva derecha reformista?
Las urnas darán la respuesta.