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El Diario de Cantabria
Tamara Andrés
11:07
08/03/18

Volver al pan

Poeta gallega nacida en 1992, graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Vigo y titulada en el Máster en Estudios de la Literatura y de la Cultura de la Universidad de Santiago de Compostela.

Cuando era niña, todos los alumnos de los colegios del municipio presentábamos cada año a un concurso el relato vital de nuestras abuelas. Nos esforzábamos al máximo para que nuestra redacción fuese la mejor, y en ese ejercicio aderezado con varias pizcas de ficción siempre aparecían historias que compartían la lucha y la superación como base. Evocando ese recuerdo, deduzco que no es baladí que el Día de la Mujer Trabajadora haya derivado en Día de la Mujer. Hace quince años, mis compañeros de aula y yo no imaginábamos a nuestras abuelas con capa por casualidad, sino que sabíamos que para llegar a semejantes alturas, además de trabajar infatigablemente fuera y dentro de casa, habían tenido que derramar muchas lágrimas, la mayoría internas, habían tenido que renunciar a aquello que las convertía en sí mismas, y que todavía llevaban tapiado todo lo que habían tenido que callar. 

No nos engañemos. El panorama no es alentador. La mujer, sin metáforas, sigue atada a la cocina, a los hijos, a la crianza en general. Cada día hombres matan a mujeres. Seguimos siendo (hiper) sexualizadas, sometidas, esclavas. Ungüentos y programas baratos: todavía ahí nuestro reducto. Rosalía de Castro, autora nuclear de la literatura gallega, manifestaba en el texto feminista Las literatas: «Sobre todo los que escriben y se tienen por graciosos, no dejan pasar nunca la ocasión de decirte que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos, si lo tienen, y si no, aunque sean los del criado». La tarea artística nunca nos ha pertenecido. Nunca hemos sido pensadas, ni siquiera sospechadas, como objetos activos. ¿Acaso existe algún anuncio que nos invite a comprar algo más que cremas, detergentes o ensaladas? En el ámbito publicitario seguimos sin poder triunfar más allá de nuestros cuerpos, mas continuamos siendo el trofeo de los vencedores. Además, y para colmo, se denuncia a gritos nuestra invisibilidad en espacios donde resulta más cómodo no abrirnos las puertas. ¿De verdad, señores, creen que estamos ‘mucho mejor’?

Dejando todo esto a un lado, hace ya tiempo que una marea de voces artísticas femeninas se viene erigiendo contra toda esta realidad. Estamos empezando a expresar todo lo que nuestras predecesoras -‘antergas’ en gallego, sonorosísima palabra- albergan oculto bajo la tapia. Quizá estemos empezando a cosechar a través del arte el camino en que se nos comprenda antes por fruto que por fruta. Pero todavía nos queda mucho que aprender, y todavía tenemos mucho que enseñar: cómo ver, cómo leer, cómo segar. En el ámbito literario, por ejemplo, los grandes referentes continúan siendo masculinos, y lo más alarmante es que ni siquiera nos damos cuenta. No obstante, algunos sectores están dejando bien claro que ha llegado la hora de destapar innumerables y oscuros surcos, ¿no?

Desconozco hacia dónde caminamos, pero las redes sociales invitan a sospechar que la libertad está de moda. Solo espero que no pase de largo: que cale hondo, que perdure. Que nuestra sociedad desmenuce de una vez por todas la palabra amor, tan sensualmente hipnotizante como brutalmente poderosa, y nos marquemos a fuego al fin su verdadero significado. Que cada uno rompa en el interior de su casa las cadenas infinitas e invisibles que todavía no se han esfumado. Sólo así podremos escuchar las nuevas olas que se alzan sobre el mar para romper fríamente contra lo establecido. Sólo así podremos darle la mano a todas esas abuelas que mantienen el vuelo. Solo así podremos volver al pan amasándolo en diálogo, en equilibro. Esa es la única forma de no atragantar.

Tamara Andrés, poeta gallega nacida en 1992, graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Vigo y titulada en el Máster en Estudios de la Literatura y de la Cultura de la Universidad de Santiago de Compostela.

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