Jueves. 25.05.2017 |
El tiempo
Jueves. 25.05.2017
El tiempo
El Diario de Cantabria
Rosa Villacastín
17:11
21/04/17

Sin fecha fija

En el uso del cargo era de una arrogancia que rozaba la chulería. Hablo de Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid hoy detenido. Una criatura política de Esperanza Aguirre que a juzgar por las acusaciones del fiscal que ha indagado en su vida paralela a la pública aprovechó sus sucesivas encomiendas políticas -sobre todo la presidencia del Canal de Isabel II-, para asegurarse algo más que una renta vitalicia. ¡Cómo será la cosa! que fue Cristina Cifuentes, su sucesora en la Presidencia de Madrid, quien ante el olor a pufo de algunas de las compras realizadas por esta empresa pública en diversos países de Suramérica (Brasil, Colombia, Santo Domingo), decidió ponerlas en conocimiento de la Fiscalía anticorrupción. Es pronto para ponderar el daño que semejante personaje ha infligido a su partido y, de paso, al propio sistema democrático. Este y otros escándalos (los Pujol en Cataluña, los ERE (PSOE) en Andalucía, o los casos Gürtel y Bárcenas que afectan a personajes del PP) relacionados todos ellos con prácticas corruptas de políticos que sucumben a la codicia están laminando la credibilidad de los ciudadanos en el sistema. En Madrid todo empezó con el «tamayazo», aquél escándalo propiciado por el transfuguismo de dos diputados socialistas que obligó a repetir las elecciones. Han sido años de gobiernos de Esperanza Aguirre en los que aunque ella niega conocimiento de los hechos presuntamente delictivos que se atribuyen a algunos de sus colaboradores (Francisco Granados, López Viejo, Ignacio González), a la vista está que fueron perpetrados ante sus narices. Los jueces dirán en sentencia lo que corresponde respecto de los gravísimos delitos de los que está imputado quien fuera el anterior presidente de Madrid pero el daño ya está hecho. Y no sólo en relación con la presunta mengua patrimonial sufrida por el Canal de Isabel II. Hay otra empresa pública a la que también deja dañada. Me refiero a Telemadrid.

Manejando el mando a distancia como si esta empresa pública fuera de su propiedad arruinó la credibilidad de este canal de televisión imponiendo la presencia de turiferarios y otros periodistas agradecidos que llevaron al canal a niveles informativos irrelevantes. Después llegó el despido de buena parte de plantilla. La sentencia todavía no la conocemos, pero los daños colaterales sí. Algunos son irreversibles.

Comentarios