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El Diario de Cantabria
Julia Navarro
20:20
28/09/17

Un país, un problema

Un país, un problema

Que Arabia Saudita es el país que, seguramente, más problemas crea al resto del mundo es una realidad por mucho que los gobiernos occidentales prefieran obviarlo.

Arabia Saudita es la exportadora de la versión más reaccionaria del Islam, y lo hace financiando mezquitas a lo largo y ancho del mundo, amen de formar y financiar clérigos formados en el wahabismo. Es esta versión del Islam la que ha dado lugar a Al Quedda y al Estado Islámico.

Pero el wahabismo no es solo un problema para el resto del mundo sino también para los propios saudíes ya que en su país no se respetan los más elementales derechos humanos y sobre todo las mujeres son consideradas poco menos que nada.

Precisamente este artículo es a propósito de las mujeres. Imagínense un país donde se tiene que reunir representantes del ministerio del Interior, Trabajo, Hacienda y Desarrollo Social, para elaborar una norma que permita conducir a las mujeres, eso sí, una norma que tiene que tener en cuenta la sharia.

La decisión del rey Salman Bin Abdelaziz es considerada como un "adelanto", pero lo cierto es que han sido las propias mujeres sauditas las que le han arrancado esa "concesión" al rey.

Mujeres que se arriesgaron a ir a la cárcel porque desafiaron la prohibición de conducir. Y efectivamente algunas fueron detenidas y enviadas a prisión.

Eso sí, ante tamaña violación de los derechos humanos, amen de disparate, curiosamente ningún gobierno occidental, ni tampoco los grupos feministas, ni los partidos de izquierda (¡qué vergüenza!)levantaron en su día la voz para pedir la liberación de las mujeres detenidas y encarceladas por el delito de conducir.

Ser mujer en ciertos países, como Arabia Saudita o los países del Golfo, ni siquiera es ser una ciudadana de segunda, es lisa y llanamente no ser. Las mujeres son un apéndice de los hombres y no pueden hacer absolutamente nada sin su permiso, pasan de la tutela de los padres y hermanos a la de los maridos.

En fin hay que felicitar a todas esas mujeres que se atrevieron a desafiar la sinrazón y se pusieron al volante de un coche para reclamar su derecho a conducir. Son ellas y solo ellas las que lo han conseguido.

Qué tiempos estos en los que es noticia que las mujeres de un país puedan conducir.

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