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El Diario de Cantabria
Julia Navarro
11:44
13/06/17

Solo un hombre

L

as elecciones legislativas en Francia vienen a confirmar el cambio de paradigmas que habían conformado nuestra sociedad. En el triunfo absoluto en las urnas de «La República en Marcha», con el 32,32 por ciento de los votos, al tiempo que el hundimiento del Partido Socialista y de las opciones de izquierda, se dibuja un nuevo mapa político en Francia con repercusiones sin duda en el resto de Europa. Los franceses han vuelto a evidenciar su hartazgo por los partidos tradicionales y prefieren apostar por un líder que no tiene ningún partido detrás sino que se entiende directamente con los ciudadanos. Es evidente que Emmanuel Macron nada tiene que ver con Trump, que ambos están en las antípodas, sin embargo, coinciden en que no han necesitado estructuras partidistas para entenderse directamente con los ciudadanos y convertirse en lideres providenciales. Ambos representan la cara y la cruz de la nueva moneda de la política. Porque que Macron sea el «bueno» de la película, es decir alguien que es buen visto por el sistema y que no solo no crea inquietud sino que es recibido con todos los parabienes por parte de los viejos partidos tradicionales, no quita un ápice para que no debamos preocuparnos por las deriva de las cosas de la política.

La realidad es que los ciudadanos han dejado de confiar en los partidos tradicionales porque estos han dejado a su vez de contar con ellos y sobre todo escuchar y resolver los problemas derivados no solo de la crisis económica sino de la globalización que está dejando en el camino a millones de personas en todo el mundo. La globalización tiene ventajas indudables pero también costes que están pagando los sectores más débiles de la sociedad y que además estos sectores son tratados como dinosaurios que deben de extinguirse porque resultan molestos para la nueva realidad.

Lo cierto es que las nuevas tecnologías están creando nuevos empleos pero no los suficientes para acoger a todos esos millones de ciudadanos que se ven sustituidos por las nuevas herramientas tecnológicas y la nueva economía.

Así que esos ciudadanos, con razón, buscan y votan, a quienes les prometen un cambio. Así aparecen nuevos políticos que basan su éxito en movimientos populares que confían en ellos a la espera de las recetas milagrosas que arreglen sus problemas.

Macron es la expresión feliz de esta nueva realidad. Desde luego Macron no inquieta porque los poderes fácticos saben que no va a hacer nada que ponga en peligro lo principal. Su triunfo ha supuesto practica defunción del Partido Socialista francés. En fin, tiempo al tiempo. Ahora es el tiempo de Macron.

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