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El Diario de Cantabria
Julia Navarro
15:58
02/04/18

No hay más salida que negociar

No hay más salida que negociar

Acabo de regresar de Tierra Santa donde el pasado miércoles 28 paseaba por las calles de Ramalla y la ciudad parecía tranquila. El centro estaba abarrotado de gente como suele ser habitual, lo mismo que en Belén o en Jérico o en otras ciudades de Cisjordania que he visitado en los últimos días. Pero la calma en este viejo rincón de Oriente Medio no deja de ser engañosa por más que la situación en Cisjordania bajo el mandato de Mahmoud Abbas es sin duda diferente a la de Gaza dominada por Hamas.

En todas las conversaciones afloraba la preocupación por el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén unido al setenta aniversario en el mes de mayo de la creación del Estado de Israel.

Pero no hace falta siquiera acontecimientos como los mencionados para que la violencia se desate en Oriente Medio. Cualquier chispa puede dar lugar a un incendio.

El Jueves Santo paseando por Jerusalén noté que una extraña tensión subterránea empezaba a dominar la vieja ciudad. Una tensión acaso no tan evidente durante el día pero en cuanto comenzó a caer la tarde aumentaba esa sensación de que "algo" podía pasar.

El Viernes Santo a primera hora de la mañana aún no había pasado nada pero la ciudad vieja de Jerusalén amanecía con muchas de sus calles cortadas y con la inmensa mayoría de tiendas de la parte árabe cerradas. La policía desviaba a los turistas y peregrinos para que no pudieran acceder a determinadas calles. Imposible abstraerse de lo que estaba a punto de suceder.

Hamas había convocado seis semanas de protestas que comenzaban ese viernes, el de la Pascua Judía, amen de ser también el día de la Pascua cristiana. Protestas para recordar el éxodo palestino, protestas para reivindicar el regreso de los refugiados.

Y de repente el caos. Cientos de palestinos de la franja de Gaza encaminándose hacia la zona fronteriza donde el Ejército de Israel estaba a la espera. Ya sabemos el resultado: hasta ahora dieciséis muertos y centenares de heridos.

La responsable de la política exterior de la Unión Europea ha dejado dicho que Israel tiene derecho a defender sus fronteras pero siendo esto así también es evidente que lo ha hecho con un uso desproporcionado de la fuerza y es igual de evidente que eso es precisamente lo que buscaba Hamas.

Así que ahora Israel vuelve a ser señalado por la comunidad internacional pero los responsables políticos del país dan por descontada su mala imagen internacional de manera que harán oídos sordos a la reclamación del Secretario General de la ONU Antonio Guterres y de Federica Mogherini para que se lleve a cabo una investigación independiente.

Y mientras tanto Mahmoud Abbas afrontando una situación políticamente harto complicada. Por una parte son públicas y notorias sus diferencias y enfrentamientos con Hamas. A mediados de marzo cuando el Primer Ministro del Gobierno de Abbas visitaba la Franza de Gaza estalló una bomba al paso de su comitiva. Sin comentarios.

Así que a sus dificultades para domeñar a Hamas se une la cerrazón del gobierno de Benjamín Netanyahu de sentarse a negociar una solución a la situación que enfrenta a israelitas y palestinos.

La política de asentamientos llevada a cabo por el gobierno de Netanyahu ha ido cegando todas las posibilidades de acuerdo con los palestinos lo que ha colocado a Mahmoud Abbas en una situación imposible.

La pregunta es ¿y ahora qué? Y no hay más respuesta que la comunidad internacional, pero sobre todo Estados Unidos, tienen que lograr de una vez por todas que palestinos e israelitas se sienten en una mesa a negociar y llegar a acuerdos en los que ambas partes tendrán que hacer renunciar dolorosas.

Pero lo que resulta insoportable es que los actores de la tragedia no se sienten siquiera a hablar porque los extremistas de uno y otro lado hacen lo imposible para que no haya diálogo.

Termina la Pascua, miles de peregrinos van regresando a sus países dejando atrás Tierra Santa que en realidad es una tierra de violencia donde la esperanza de la paz se antoja una quimera pero a pesar de eso hay que seguir reclamando que no hay otra vía para la paz que la mesa de negociación.

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