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El Diario de Cantabria
Jesus Pindado
17:15
10/05/17

Del envejecimiento y los crecientes ancianos

Del envejecimiento y los crecientes ancianos

Cada edad tiene su literatura y su arte. Lo he vuelto a recordar en Madrid al contemplar, entre otros, alguno de los cuadros de «Retorno a la belleza» de la gran exposición de obras que ha acertado a traer a España la Fundación Mapfre del arte italiano de entreguerras. Me referiré también también al cuadro un tanto metafórico del «viaje de la vida» de Thomas Cole que hace años tantas veces iba a ver algunos domingos a la National Gallery de Washington DC. Hasta la madurez, el bebé en que se había convertido el joven, entre luz y flores, pero los paisajes y el firmamento se van, se iban  luego poniendo menos halagüeños y con el ángel sin tanto cuidado a partir de la edad adulta y en la vejez. 

En la reciente exposición en Madrid también se «trata» de la maternidad, desnudez y de las edades por las que transcurre nuestra vida, por ejemplo con rara ternura para los maduros o la ancianidad como en «La partenza» (1936). Infancia, juventud, madurez y vejez, la vida se va en un suspiro. En cada uno de los cuadros de Cole hay un personaje en una barca que navega por un río y al que guía un ángel. De la oscura cueva matriz al alba, se pasa al mediodía juvenil todavía con el cielo azul, pero el paisaje se torna después rocoso y tormentoso en el siguiente y en el último, el anciano, con sus manos entrelazadas, está ante el tenebroso mar del morir, a donde, como decía Manrique, van a desembocar los ríos de todas las vidas. En el lienzo un ángel ya no guía sino que flota sobre el anciano y otro mira desde las nubes.

¡Ay los ancianos!. Cuánta sabiduría y experiencia atesoran, a veces como adormecida. Por cierto, los mayores de 65 años se reunieron en Bezana el 3 de mayo con motivo del «Día del Mayor», la jornada festiva de reconocimiento en que, tras lamentar que no pudo quedarse y hasta cantarles algo por la rotura de peroné de su esposa, el presidente Revilla recordó el reto para con ellos de los poderes públicos y de la sociedad. Cierto. Nobleza obliga.

La esperanza de vida en España -que es la tercera tras en Europa tras Italia y Francia- está en 87 años para las mujeres -que tienen dos cromosomas X- y 81 para los hombres, pero la esperanza de vida aumenta muy rápidamente y ya se prevén 20.000 centenarios en un trienio con 90 años de media para el 2025. El crecimiento entre esta  población anciana -de 80 o más- llegará a triplicarse entre el 2008 y el 2060. Ya la proporción de europeos de 65 o más años superó en el 2008 a los menores de 15 suponiendo que por cada uno de esta edad habrá 2 mayores de 65 en el 2060. Me pregunto si existe la debida preocupación sobre este asunto más allá de las noticias llamativas o los récord de la mujer más anciana del mundo, Emma Morano (fallecida en la localidad italiana de Verbania el 15 de abril con 117 años), a quien ha sustituido como actual «abuela de Europa», la cordobesa Ana Vela, de 115, que vive en la residencia «La Verneda» en Barcelona.

Tengo un buen informe del doctor José Luis Bilbao que resume datos y las espectativas tras un reciente debate. Por un lado se reconoce que, siguiendo a Yubai Noah Harari, por suerte ya han sido bastante «descabalgados» los cuatro jinetes del Apocalipsis: el hambre gracias a una robusta red de seguridad en un siglo de avances; las epidemias por la alianza de vacunas, antibióticos y progresos higiénicos y médicos; la reducción de guerras (120.000 personas frente a 500.000 por el crimen en 2012, con 800.000 suicidios y 1,5 millones de muertos por diabetes) y, en buen grado, la prolongación de la vida, que se ha multiplicado por seis desde principio de la década de los 80 y por más de cinco la población centenaria (el 0,03 %) en este cuarto de siglo. 

No entro ahora en el estado de la cuestión sobre el cáncer o los esfuerzos de investigación biológica y médica para tratar en torno al material genético y el estudio del envejecimiento. Sencillamente, al reverso de cómo se han desmontado los funestos «jinetes», la conclusión de J. L. Bilbao enfatiza tres ejes de cambio que amenazan el sistema social globalizado: el insuficiente control político y la falta de alternativas para las consecuencias ante la situación demográfica descrita en medio del cambio climático y de la cuarta revolución industrial; el riesgo de que también alcance a lo biológico la histórica desigualdad económica y social; y la poca atención y conciencia social en torno a los mismos aspectos científicos que tanto vienen modificando nuestras condiciones de vida, pero con el descuido que supone la falta de cultura científico-técnica de los dirigentes políticos.

Pero una cosa son los datos sociológicos y otra diferente los morales. Para acabar este escrito vuelvo al espejo del arte, al «viaje de la vida» y «la partida». Algo que puede ser más corto o más largo, pero que no puede obviarse. En fin, lo que nos atañe es la responsabilidad de tratar bien a nuestros ancianos mientras llegamos o no a serlo nosotros. Aunque no queramos verlo entre el ángel guía y el que parece esperar entre nubes.

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