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El Diario de Cantabria
Fernando Lusson
11:46
13/06/17

Podemos apuesta… y pierde

Podemos apuesta… y pierde

Una moción de censura es un instrumento constitucional de excepcional importancia por las consecuencias que puede acarrear de sustitución de un presidente del Gobierno, y en consecuencia de todo su gabinete, por otro que no ha sido refrendado en las urnas. La moción de censura presentada por Podemos para aupar a la Moncloa a Pablo Iglesias no tiene ninguna posibilidad de salir adelante y se trata de otro golpe de efecto de un partido que quiere correr más de lo que las piernas le dan de sí por cuanto se trata del tercer partido por número de escaños en el Congreso. Aunque este partido ha realizado una gestión nefasta de su iniciativa, no se puede tomar el debate de hoy como una cuestión menor que se puede despachar como si fuera un asunto de trámite, sino que requiere un debate de altura.

El espectáculo que se produjo la semana pasada en la Asamblea de  Madrid en la moción de censura contra Cristina Cifuentes fue de todo menos edificante y quien lo vea como un preludio de lo que puede ocurrir en el hemiciclo estará haciendo un flaco favor al respeto por las instituciones democráticas. En un momento en el que a los políticos se les sigue viendo como uno de los principales problemas el país, no andan sobrados de motivos para dilapidar el prestigio relativo que les queda. Si quienes intervengan de una y otra parte logran dar con la forma y el tono para presentar y defender sus propuestas la democracia habrá ganado. Si convierten el hemiciclo en una taberna todos saldremos perdiendo.

Aunque la moción de censura de Podemos se sabe ya que está abocada al fracaso, Iglesias y sus enviados tienen la oportunidad de presentar un programa en positivo al que los enviados por Mariano Rajoy tendrán que dar repuestas y, si no quieren aumentar la desafección  ciudadana deberán cuidarse de no dar un espectáculo como el que ofrecieron los consejeros madrileños -y los representantes de Podemos-. Y por supuesto sería incomprensible que no interviniera Mariano Rajoy a defender sus políticas. Máxime cuando ya tiene prácticamente aprobados los PGE, -con lo que supone de estabilidad para media legislatura-, defiende que su política económica no puede dar mejores resultados en empleo y crecimiento -obviando calidad y precariedad- y cuando es preciso reafirmar la contundencia contra el desafío soberanista, asunto en el que Podemos navega entre dos aguas.

En otro momento, en otras circunstancias, con un mayor número de diputados y con mayor solvencia -el portavoz parlamentario interino del PSOE habla de más «madurez» política-, y con menos dudas a la hora de plantearla, la moción de censura habría tenido mayor sentido, aunque hubiera salido igualmente derrotada, porque el PP tiene que responder y asumir políticamente muchos errores, desde dar cuenta políticamente por los casos de corrupción que le afectan a las consecuencias de una salida con mayores desigualdades de la crisis, o por el varapalo de la sentencia por una negligente y perjudicial amnistía fiscal.

Del envite de hoy, Pablo Iglesias no va a salir como Felipe González contra Suárez, investido más líder de la oposición. Y será el tiempo quien se encargue de decir si sigue la misma deriva que Hernández Mancha. Y se equivocaría el líder de Podemos si convirtiera la moción de censura, que lo es de investidura, y no se resiste a la tentación de meter en el mismo saco al PP y al PSOE. A este partido le tocará lidiar tanto con las invitaciones e invectivas de Podemos como con el abrazo del oso que también intentarán darle desde el PP.

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