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El Diario de Cantabria
Fernando Lusson
13:53
09/08/17

Para después del uno de octubre

Para después del uno de octubre

Tras el 1-O todo será distinto en la política nacional y en la catalana. Si se da por hecho que se cumplirá la decisión del Gobierno de la nación de impedir la celebración del referéndum mediante la utilización de recursos públicos, y no se realiza la consulta o se hace un simulacro  del carácter del 9-N, a los partidos políticos catalanes les tocará prepararse para la celebración de nuevas elecciones  -si no hay otra maniobra astuta previa- y para superar la frustración del fracaso de su apuesta independentista a corto plazo.

Las declaraciones del presidente del Gobierno, tras su despacho veraniego con el rey, evidenciaron que está dispuesto a mantener la inacción política que le ha caracterizado hasta después de esa fecha clave, y solo a partir de entonces tomará cuerpo su plan para resolver el problema territorial de España, sin que hasta ahora haya dado más indicaciones salvo que la reforma constitucional que está dispuesto a asumir es la introducción de los nombres de las comunidades autónomas y especificar las competencias que son exclusivas de cada Administración.

Si Rajoy tiene un plan no está dispuesto a revelarlo antes del 1-O a la espera de las decisiones que adopten el Gobierno y el Parlamento catalán y el grado de desafío que será contestado por la vía judicial dado su empeño en la celebración del referéndum y en la elaboración de las leyes que suponen ‘una patada’ a la legalidad de todo el país. Salvo por contadas excepciones es evidente que el Gobierno tiene ganada la batalla de la imagen y de la legitimidad de sus decisiones de cara al exterior. Por supuesto que ninguna reforma constitucional se podrá realiza sin contar con el acuerdo del PP. Pero si se quiere que el problema territorial quede resuelto para varias generaciones será preciso que los populares tengan mayor amplitud de miras, que no llegarán tan lejos como para un reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado, pero que tampoco se pueden quedar tan cortas como para cercenar avances el desarrollo de las ‘nacionalidades’ recogidas en la Constitución.   La pretensión del PSOE es avanzar más rápido sin romper el consenso básico alcanzado entre Rajoy y Pedro Sánchez en contra de la celebración de un referéndum inconstitucional,  que está blindado pese a las continuas dudas que se suscitan interesadamente, y que no se pone en cuestión por iniciativas como la comisión de estudios para la reforma territorial que los socialistas quieren impulsar en el Congreso a la vuelta de las vacaciones.  

Quizá el desembarco previsto por el Gobierno y los dirigentes populares en Cataluña a partir del 15 de septiembre, precisamente cuando las organizaciones independentistas ponen en marcha la campaña para el referéndum, tras la demostración de fuerza previsible de la Diada de cuatro días antes, ofrezca nuevas pistas de las iniciativas que quiere llevar adelante el Ejecutivo para después del 1-O.  Cataluña será a partir de ese momento ‘la prioridad inexcusable” de Mariano Rajoy y su Gobierno mediante el acuerdo con socialistas y el partido de Albert Rivera. Pero nada se podrá avanzar en la solución si no se recupera el diálogo con los partidos catalanes, que también deberán rendirse a la evidencia del fracaso de su intento secesionista.

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