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El Diario de Cantabria
Fernando Lusson
19:23
11/08/17

Coalición de nueva era

Coalición de nueva era

La decisión de Podemos de entrar en el gobierno de Castilla–La Mancha, presidido por el socialista Emiliano García-Page, con una vicepresidencia y una consejería relacionadas con ‘la gente’, supone un cambio sustancial en las relaciones entre ambos partidos. Los hechos dirán si la coalición ha sido positiva para los ciudadanos de esa comunidad y si es el acuerdo es extrapolable a otros territorios donde los morados apoyan desde fuera a gobiernos socialistas, o incluso a nivel nacional. Podemos siempre tiene prisa. Su secretario de organización, Pablo Echenique, presente en la toma de posesión de sus dos primeros militantes con mando autonómico, ya está pensando en que es un primer paso para la presentación de una nueva moción de censura porque las elecciones generales de 2020 “están muy lejos”.

Con esta decisión el partido de Pablo Iglesias se adelanta a Ciudadanos a la hora de asumir responsabilidades de Gobierno, que sin duda les van a venir muy bien para foguearse en la política real, adquirir una experiencia de la que carecen y darse cuenta de que no es lo mismo predicar que lidiar con los presupuestos. El gobierno de coalición dará estabilidad a García-Page  que ya ha tenido problemas previamente con su nuevo socio por incumplimiento del programa de investidura. En una comunidad autónoma donde la mayoría absoluta en favor de la derecha o la izquierda se juega por un solo escaño de diferencia, los logros de la política del ejecutivo regional son básicos para revalidar mayorías y permitirá observar hasta qué punto son compatibles las posiciones de PSOE y Podemos, en especial si se tiene en cuenta que la decisión ha generado problemas internos sobre todo en Podemos donde dimitió en bloque la ejecutiva de la provincia de Ciudad Real, por estar en contra del acuerdo refrendado por las bases. No obstante, se trata de una forma de gobierno que ya se ha ensayado en otras ocasiones con IU como socio minoritario. Pero la reticencias a este tipo de pactos, como las expresadas por la coordinadora en Andalucía, Teresa Rodríguez, y otros dirigentes de la corriente anticapitalista, que no se fían del PSOE y le recriminan actuaciones anteriores, también forma parte de sus señas de identidad, aunque es difícil que se llegara al extremo de permitir un gobierno del PP como ocurrió en Extremadura. También entre algunos dirigentes socialistas el acuerdo genera dudas, y si ha ocasionado menos revuelo que entre los críticos de Podemos es porque parece conjurado el sorpasso y no está en juego la hegemonía dentro de la izquierda.

El acuerdo de García-Page con José García Molina, el líder de Podemos en la región, es una muestra más de las vueltas que da la política y, quien fue uno de los principales críticos con la posibilidad de que Pedro Sánchez llegara a La Moncloa con el apoyo de Podemos, consolida ahora su mandato para  los próximos dos años con esta fuerza política. Pese a que  desde el PSOE se pretende obviar que Castilla-La Mancha vaya a convertirse en el laboratorio del nuevo experimento político, no se podrán sustraer a ese escrutinio, dado que es el primer paso de una situación que ya es irreversible: la presencia de cuatro partidos nacionales hace inviable prácticamente la existencia de mayorías absolutas y por tanto la necesidad de pactos de gobierno, al menos dos a dos, para llegar a La Moncloa 

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