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El Diario de Cantabria
Charo Zarzalejos
17:07
15/02/18

Nuestra infancia

En los últimos días están apareciendo noticias que ponen los pelos de punta. Niños de diez o doce años que en grupo violan a otro niño de nueve años, o que bien intentan violar a dos mujeres o que el hermano, de catorce años se convierte en padre del hijo de su hermana, de once años.

Afortunadamente estos casos representan a una minoría de nuestra infancia y es seguro que todos estos casos se producen en determinados contextos que, quiero pensar, son también minoritarios.

No obstante, si malo es magnificar determinados acontecimientos, no es menos malo despreciar, ignorar una realidad que por minoritaria que sea está ahí, llamando a nuestras conciencias y a la reflexión. Los expertos sostienen que la falta de valores y la obnubilación que producen las redes en nuestra infancia y adolescentes están llevando a infancias distorsionadas y a adolescencias que duran toda la vida. Miren a su alrededor y verán hasta qué punto se ha acortado el tiempo de la infancia y se ha alargado el de la adolescencia. Los niños y niñas dejan de serlo antes de tiempo y adultos de treinta años se sienten cómodos con los miedos, temores e inseguridades propias de la adolescencia. Comprobamos no sin asombro que un elevado número de mujeres universitarias dan por normales comportamientos por parte de los chicos que si no son acoso, se parece mucho.

¿Qué está pasando para que dos niños violen a otro niño?. ¿Qué pasa por la cabeza de un niño de catorce años para mantener relaciones sexuales con su hermana de once años?. ¿Qué falla para que aumenten las denuncias de padres contra hijos por malos tratos?. Es seguro que la respuesta a estas interrogantes no es fácil, ni se puede resumir en un plumazo pero creo que es obligado hacérselas, salvo que estos comportamientos sean calificados como de "irrelevantes".

No se trata de trasladar sentimiento de alarmismo, pero sí de preocupación, máxime cuando está comprobado que el mimetismo funciona como elemento de reproducción de comportamientos. No cabe duda que las nuevas tecnologías condicionan el comportamiento, tanto para bien como para mal, de las personas, sobre todo de las más vulnerables, de las más influenciables y también es verdad --así se queda indicado en importantes trabajos de sicólogos y educadores-- que, en muchos casos, los padres, por diferentes motivos, han desistido de la educación de sus hijos, que es, sin duda, un trabajo ímprobo y que, además, no acaba nunca.

Y probablemente esta sea la clave: la educación que es la mejor inversión que un país puede realizar. Invertir, reflexionar sobre la educación de nuestra infancia y de nuestros adolescentes es invertir en el futuro que está ahí mismo.

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