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El Diario de Cantabria

REMO

Épico Orio

La ‘San Nikolas’ ganó una Bandera de La concha que quedará para el recuerdo tras haber escrito dos jornadas históricas. Remontó a Urdaibai sobre una mar furiosa. San juan repitió triunfo en féminas.

Los remeros de Orio llevan la bandera hasta la rampa, donde les esperan todos sus aficionados. / EFE
Los remeros de Orio llevan la bandera hasta la rampa, donde les esperan todos sus aficionados. / EFE

Si la primera jornada de la Bandera de La Concha fue la más rápida de la historia, la segunda fue la más lenta de los últimos tiempos. Las traineras de la primera tanda rondaron los 24 minutos y los de la segunda, en la que remaban los más rápidos, estuvieron alrededor de los 22 e incluso de los 23 en el caso de Hondarribia, que partió con ambición pero se quedó fuera de juego demasiado pronto. Así es la gran cita que el remo tiene con San Sebastián los dos primeros domingos de septiembre desde el siglo XIX, completamente impredecible. No hay nada escrito. Y menos aún en días como el de ayer, cuando la mar hizo acto de presencia a lo grande para hacer añicos los valores predeterminados que se le dan a los segundos y a los minutos. Nada vale lo mismo cuando aparecen olas como las que ayer invadieron la bahía donostiarra.

Las previsiones eran de verdad. Desde el mismo momento en el que los protagonistas de la gran regata del año escribieron la última palabra del primer capítulo de la historia, sabían que el segundo domingo no sería como el primero. Entonces todo fueron ventajas: la mar como un plato, poco viento y éste prácticamente siempre a favor. Fue así como hasta dos traineras batieron el récord. Ayer La Concha no dio tantas facilidades. Quiso ser protagonista. Se presentó furiosa, con un intenso viento y unas olas que alcanzaban los tres metros. Aquello fue caminar sobre una carretera ondulada, un sube y baja continuado que hacía desaparecer y aparecer a las traineras a capricho. Un espectáculo.

Fue una regata de las que fabrican aficionados a un deporte que en jornadas como ayer disfruta de todo su esplendor. Lo visto ayer en San Sebastián fue la culminación de una edición de la Bandera de La Concha para la historia. Estaría bien que la distribuyeran en DVD para guardarla bien en el cajón y echar mano de ella en cualquier momento. Dos jornadas tan opuestas como espectaculares que, además, vivieron una remontada, algo que ha sucedido pocas veces en la capital donostiarra. Porque no ganó Urdaibai, que fue quien partió con ventaja y quien partía como gran favorito, sino Orio, que debía remontar nueve segundos. Al final, le sobró tiempo. Esa renta de los bermeotarras no significaba nada cuando la mar se presenta como se presentó ayer. Ni siquiera los catorce segundos que perdió Kaiku en la primera jornada eran una distancia insalvable. Al contrario. La revolución marina de ayer consiguió que todo estuviera completamente abierto de partida. Todos aspiraban a la victoria. Incluso los que partieron en la primera tanda.

Tan difíciles estuvieron las cosas que la disputa por la bandera femenina se tuvo que disputar a contrarreloj. Hubo problemas con las balizas exteriores y la organización decidió que la prueba se disputara por una sola calle con las ocho traineras saliendo una detrás de otra. No hubo color. Aunque en jornadas como la de ayer todos se suele decidir en los largos de vuelta, que es cuando hay que acertar con las empopadas, la regata se decidió en la ida, cuando se hizo verdaderamente difícil avanzar, cuando la trainera botaba y embarcaba más agua de la recomendable. Fue ahí cuando San Juan se hizo fuerte consiguiendo llegar al cambio de dirección con quince segundos de renta respecto a Hibaika. Las de Rentenería acertaron a la hora de volver a la playa pero fueron incapaces de corregir lo perdido en la primera mitad de la prueba, lo que hizo que estallara la fiesta a bordo de la trainera rosa. De nuevo ha sido una temporada perfecta para las bateleras, que han encadenado victorias tanto en la liga como en La Concha.

Minuto y medio. La prueba masculina estuvo más apretada. Que hubiera más de dos aspirantes a hacerse con el ‘trapo’ más preciado a buen seguro que ayudó. Comenzó mandando Hondarribia mientras que un mal inicio de Kaiku le condenó a perder en seguida tres segundos. El gran objetivo de todos y cada uno de los botes en acción era llegar vivo a la ciaboga y, a partir de ahí, jugar sus bazas. Ninguno estaba descartado porque los tiempos no significan gran cosa cuando la mar se enfada. En la tanda anterior, había quedado acreditado al ver cómo a Donostiarra apenas le faltaron cien metros para alcanzar a San Juan, que había dominado toda la tanda y quien incluso le había sacado medio minuto a los anfitriones. Incluso Tirán logró remontar 25 segundos en los últimos seiscientos metros de la regata. Esto hacía que todo quedara abierto hasta el final.

Por eso Hondarribia no se dio por descartado cuando llegó al ecuador de la prueba perdiendo 25 segundos respecto a Urdaibai y Orio, que lograron dividir la tanda en dos. Todo quedaba a expensas de cazar una buena ola mientras el resto se hundía en un agujero. Pero eso no sucedió. La ‘Ama Guadalupekoa’ estuvo en todo momento fuera de juego. No llegó la reacción esperada y llegó más de un minuto más tarde que el ganador. De hecho, ni siquiera retuvieron el tercer puesto, que fue para Kaiku.

La pelea estuvo entre Urdaibai y Orio. Los oriotarras remaron prácticamente a la par de los de Bermeo en el primer tercio de regata hasta que, en un momento dado, adquirieron una trainera de ventaja. Parecía que se hacían con la proa de la tanda en un momento en el que tampoco se producían demasiadas alternativas hasta que llegó el momento de inspiración de Urdaibai, que en apenas dos minutos remó siete segundos más rápido que la ‘San Nikolas’ hasta adquirir cuatro de renta antes de entrar a las inmediaciones de la baliza. El problema fue que los hombres de Jon Salsamendi reaccionaron hasta girar prácticamente al a par. Todo se iba a decidir volviendo. Como mandan los cánones. Y cuando toca empopar y convertir una trainera en una tabla de surf el jefe es siempre Gorka Aranberri.

Al menudo patrón zarautztarra le cogiendo a hombros sus aficionados en la rampa de salida mientras cantaban ‘Messi, Messi’. Eso quiere decir que es el mejor. La de ayer fue su cuarta Bandera de La Concha consecutiva. Ojo al dato. La lograda vestido de amarillo tuvo un mérito y un sabor especial porque lo que se vive protagonizando una remontada no es como llegar al segundo domingo sabiendo que lo normal es ganar. Ayer no había nada normal.

Orio adquirió tres segundos de renta en los primeros metros del segundo largo. Urdaibai se aferraba al ritmo de los amarillos. «Paciencia, ya llegará», gritaba Aranberri a los suyos para que no les entrara la ansiedad viendo que no abrían distancias. Sobre la ‘San Nikolas’ reinaba el silencio. Pura concentración. No era sencillo mantener la dirección de la embarcación y los marcas debían ayudar a menudo al patrón. Orio necesitaba remontar nueve segundos y el gran momento llegó cuando las dos traineras más rápidas en la mañana de ayer se acercaron a la isla de Santa Clara. Ahí volaron los ‘aguiluchos’.

Fue un minuto y medio mágico. Hasta ese momento, la ‘Bou Bizkaia’ había mantenido la regata bajo control. Muy serios, los patroneados por Vicente Carpintero estaban actuando de manera inteligente sabiendo que tenían una renta que no tenía su rival. Pero, de pronto, todo se vino abajo para los vizcaínos. Aranberri cazó dos olas que Urdaibai no vio y rompió la cuerda que le amarraba a la trainera que había ganado los tres años anteriores en la capital donostiarra. Los segundos perdieron su valor. Orio remontó los nueve y entró en la bahía habiendo cambiado totalmente la situación. Ahora eran ellos los que tenían la ventaja. Y comenzaron a volar. En el interior de la bahía la ‘San Nikolas’ contó con un motor que no tuvo el resto y su ventaja respecto a los bermeotarras acabó siendo de 24 segundos. Fue una victoria incontestable que quedará para el recuerdo.

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