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El Diario de Cantabria

VATICANO

El Papa advierte de "peligrosos atajos" ante miedos y angustias como la droga o los rituales de magia

"¡No olviden nunca: Dios es siempre mucho más fuerte que nuestras miserias! Jamás se cansará de estar a nuestro lado. Aquí reside la alegría del cristiano", ha sentenciado.

El Papa Francisco habla en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Angelo Carconi
El Papa Francisco habla en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Angelo Carconi
El Papa advierte de "peligrosos atajos" ante miedos y angustias como la droga o los rituales de magia

El Papa ha advertido de "peligrosos atajos" usados ante el miedo, la angustia o la muerte que adoptan algunas personas como la droga o los rituales de magia porque que son "peligrosos atajos", durante el ángelus de este domingo.

Francisco ha explicado que cuando se encuentra la valentía de reconocerse por aquello que se es, uno se da cuenta que las personas están llamadas a confrontarse con la fragilidad y los límites y esto hace que se caiga "en la angustia, la inquietud del mañana, el miedo a la enfermedad y a la muerte". "Esto -ha explicado el Pontífice- hace que tantas perdonas, buscando una vía de salida, toman a veces peligrosos atajos como por ejemplo el túnel de la droga o aquel de la superstición o de los dañinos rituales de magia".

En este sentido, el Papa ha precisado que el cristianismo "no ofrece fáciles consuelos" porque no es un atajo, sino que "exige la fe y una vida moral sana, que rechace el mal, el egoísmo, la corrupción". Y ha agregado: "Nos la verdadera y gran esperanza en Dios Padre rico de misericordia, que nos ha donado a Hijo revelándonos así su inmenso amor".

Francisco ha definido la cruz de Jesús como la manifestación "más grande del amor de Dios" que ha definido como "un amor que proviene del corazón del Padre y es acogido y donado con generosidad por el corazón del Hijo".

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco ha recordado que, durante la Cuaresma los cristianos están llamados a abrir su corazón para acoger la misericordia de Dios. El Pontífice ha precisado finalmente: "Sólo así podremos vivir una vida animada por la justicia y la caridad, y nos convertiremos en testigos de este amor divino, un amor que no se da sólo a quien se lo merece, no pide recompensas, sino se ofrece gratuitamente, sin condiciones".

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