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El Diario de Cantabria

RACING

Los undécimos de la segunda vuelta

El racing ha recibido tres goles más de los que ha marcado en los partidos que ha disputado en el 2018. Hay doce equipos que han sumado más puntos que él. Ahora está obligado a mirar también lo que viene por atrás, lo que suma presión.

Sergio, que está siendo de los mejores durante la segunda vuelta del campeonato, protegido del frío durante el entrenamiento de ayer por la tarde. / j. r.
Sergio, que está siendo de los mejores durante la segunda vuelta del campeonato, protegido del frío durante el entrenamiento de ayer por la tarde. / j. r.
Los undécimos de la segunda vuelta

La primera vuelta debía ser la de la puesta a punto, y la segunda la de la remontada. Sin embargo, por ahora está siendo la del hundimiento. El conjunto cántabro está en su peor momento tras haber acumulado dos derrotas, otros tantos empates y una sola victoria en sus últimos cinco partidos. Es un ritmo tremendamente lento que, más que pensar en alzar el vuelo, habla de pura supervivencia. Las cosas no le están yendo bien al Racing desde que las campanadas dieron la bienvenida al nuevo año y, de hecho, desde que se cruzó el ecuador de la competición, el equipo verdiblanco es sólo el undécimo que más puntos ha sumado en el grupo primero. Así es imposible atemorizar a nadie y mucho menos transmitir la confianza que, a su vez, debería servir también para transmitir tranquilidad y paz social al entorno. Al contrario. Sólo irrita más.

Hay diez equipos que han sumado más puntos que el Racing en los ocho partidos que se llevan disputados de la segunda vuelta. Son el Leioa (19), la Real Sociedad B (16), el Logroñés, el Sporting B y el Tudelano (15), el Barakaldo (14), el Gernika y el Bilbao Athletic (13), el Real Unión (12) y el Burgos, que ha conseguido los mismos once que ha logrado el equipo cántabro aunque con un bagaje goleador mejor. Y es que, este último punto también llama la atención y refleja la pobre trayectoria que viene marcando el conjunto cántabro desde que hubo que cambiar de calendario, ya que ha recibido más goles de los que ha marcado. En concreto, tres más. Eso es algo que no puede permitirse un equipo que aspira a terminar la fase regular en lo más alto de la clasificación y a conseguir el ascenso. O cierra su propia portería o no tendrá nada que hacer.

Que, a pesar de esta errática trayectoria que viene dibujando el Racing, éste todavía no esté descartado en la pelea por el liderato, quiere decir que a los de arriba del todo tampoco les ha ido demasiado bien. De hecho, el equipo que terminó la primera vuelta en cabeza, que fue el Mirandés, está firmando una segunda incluso peor que la del equipo hoy pilotado por Carlos Pouso. Y es que, los de Pablo Alfaro sólo han sumado nueve puntos, que son dos menos que los añadidos en su casillero por los cántabros. El Sporting B, que es el líder del grupo a pesar de todo lo que se está dejando por el camino en las últimas semanas, mantiene cuanto menos el tipo siendo el cuarto mejor equipo de la segunda vuelta.

Lo que ha conseguido todo esto es apretar mucho las cosas en la zona noble de la tabla. A lo largo de toda la primera mitad de la competición, se abrió un gran cisma entre los tres primeros clasificados y el resto. Parecía que a lo máximo que aspiraba el amplio pelotón que seguía al trío de dominadores era a hacerse con el cuarto boleto para el playoff. Sin embargo, ahora esa tercera plaza del Racing está a tiro de partido. De hecho, al conjunto cántabro ya le ha alcanzado la Real Sociedad B, que parece no estar echando de menos a su máximo goleador, que fichó por el Cádiz durante el mercado invernal, mientras que el Bilbao Athletic está a tres puntos y Logroñés y Gernika a cuatro. Aquí no se puede despistar nadie porque esa errática trayectoria de los de arriba y, sobre todo, del Racing y del Mirandés, ha encendido la luz de la esperanza a un buen número de equipos. Son muchos los que aspiran o mantienen la fe en colarse entre los cuatro primeros y eso, en definitiva, va a hacer que sumar cada punto en lo que resta de fase regular se haga más complicado porque serán pocos los que no se jueguen nada. Todo puede suceder.

Los males del Racing quedaron al descubierto en su primera actuación de presente 2018, que fue en Getxo. Entonces, el conjunto cántabro encajó tres goles y marcó solo uno. He ahí el resumen de todo. El equipo verdiblanco no está siendo capaz de mostrarse poderoso en ninguna de las dos áreas y ahí se explica buena parte de su errática trayectoria. Es cierto que, más allá de eso, su juego no transmite gran cosa a excepción de instantes fugaces de lucidez, pero el tren se le está empezando a escapar por su escasa fiabilidad tanto en defensa como en ataque.

La última vez que el conjunto cántabro marcó más de un gol, todavía era el año pasado. Fue en Irún ante el Real Unión, cuando logró una victoria solvente (1-3). Aquel fue el último partido de la primera vuelta y el conjunto irundarra parecía muy poca cosa, un equipo abocado a pasarlo muy mal. Sin embargo, desde entonces, los fronterizos han sumado un punto más que los cántabros. Aquella fue la última vez hasta la fecha en la que los jugadores del Racing celebraron más de un gol en un solo partido, ya que en lo que se lleva desarrollado de segunda vuelta, que ya es casi la mitad, o han marcado un gol o no han marcado ninguno. Esto quiere decir que necesita dejar su portería a cero para ganar partidos. Y es algo que sólo ha hecho tres veces: ante Gernika e Izarra en El Sardinero y ante el Mirandés en Anduva. De ahí que se le hayan escapado tantos puntos.

La incapacidad para sentirse poderoso en campo rival y transmitir sensación de peligro a las defensas contrarias es algo que ha venido arrastrando el Racing desde que se alzó el telón de la temporada. Le ha costado tener presencia en el área rival porque apenas hubo nadie que de verdad colaborara con Dani Aquino en la faceta goleadora. Lo malo llegó cuando incluso el murciano entró en un periodo de sequía que incluso va a alcanzar ya los tres meses. Comenzó César el año en racha goleadora marcando tres tantos en otros tantos partidos, pero a ese olfato le faltó continuidad. La luz se encendió cuando, a pesar de la derrota, Borja Lázaro marcó en su debut ante el Sporting B. Quien más y quien menos, confió en que el madrileño fuera la solución a los problemas racinguistas con el gol, pero suma ya dos partidos como titular en los que ni siquiera ha conseguido conectar con sus compañeros.

El Racing necesita ser un equipo que atemorice defensas. Y tiene armas para ello porque cuenta con una colección de atacantes que muchos querrían para sí mismos. Urge, en ese sentido, recuperar al mejor Héber y sacar de la enfermería a quienes siguen siendo los máximos goleadores del equipo, que son el propio Aquino y Óscar. A ello habrá que sumar la necesidad de sacar mejor partido de un futbolista como Borja Lázaro, a quien, aunque es verdad que no le llegan balones, no se le ve jugar con soltura. Llevaba tiempo sin jugar partidos completos y esa inactividad se tiene que notar a corto plazo a la fuerza.

Con todo, por donde de verdad ha de comenzar el Racing a convertirse, cuanto menos, en un equipo competitivo y fiable, es por atrás. Y, hoy en día, esa defensa hace aguas. Está cayendo en unos errores groseros que muchas veces no tienen consecuencias porque, en el fondo, el conjunto cántabro está compitiendo en Segunda B. No son muchos los rivales que cuentan con delanteros capaces de aprovechar la mínima concesión. El Izarra no los tenía pero el Bilbao Athletic sí. Y de ahí que marcara esos tres goles que pudieron ser bastantes más. Mucho hablan en el vestuario verdiblanco de la necesidad de dejar de jugar en tres campos para centrarse en ellos mismos. Necesitan olvidarse de la obligación del liderato y es posible que tengan razón. Eso sí, debe ser a cambio de convertirse en un equipo capaz de hacer frente a cualquiera y que, cuanto menos, no regale nada. Pensando ya en el playoff y en la necesidad de completar tres eliminatorias, el primer paso debe ser rectificar lo que se está haciendo mal en la retaguardia. No se puede recuperar la confianza perdida si el grupo no se siente seguro atrás.

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