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El Diario de Cantabria

RACING

Sin gol no hay nada

El Racing desperdició incontables ocasiones claras para sentenciar al tudelano y, finalmente, terminó concediendo el empate ante un rival que no remató entre palos. Granero había marcado a los tres minutos.

Aquino se lamenta de una ocasión desperdiciada mientras Pagola, portero del Tudelano, retiene el balón en el suelo. / J.R.
Aquino se lamenta de una ocasión desperdiciada mientras Pagola, portero del Tudelano, retiene el balón en el suelo. / J.R.
Sin gol no hay nada

Quien ha visto diez partidos de fútbol en su vida sabía o intuía que lo de ayer iba a pasar. Quien perdona la paga. Aquel equipo que dedica buena parte del partido a desperdiciar claras ocasiones para marcar y sentenciar un resultado a su favor, acaba lamentándose, llevándose las manos a la cabeza y preguntándose qué demonios ha pasado. Por eso el gol del Tudelano ayer en el descuento no cogió con el pie cambiado a casi nadie. Es cierto que los navarros no habían lanzado entre palos en todo el partido y que en el segundo tiempo ni siquiera habían buscado a Iván Crespo, pero ese tanto marcado sin querer y que significó un empate a uno increíble sólo sirvió para que más de uno dijera ‘¿lo ves? Te lo dije’. Y es que, por mucho que tú perdones, quien nunca perdona es el fútbol.

Así de macabro es este deporte. El mismo descuento que había concedido al Racing las victorias ante Barakaldo y Osasuna B le arrebató dos puntos que dolieron mucho más teniendo en cuenta que el Mirandés perdió en su campo ante el filial de la Real Sociedad 0-2. Fue un empate convertido en ocasión desperdiciada para ponerse a un solo punto del líder y aumentar a cinco la racha de victorias consecutivas. Sin embargo, lo que parecía que iba a ser una tarde plácida que debió acabar en goleada, terminó dejando a los hombres de Viadero terceros. Un piso más abajo de donde estaba.

Todo fue un accidente: el partido en sí y el gol del Tudelano. Éste llegó tras un saque de banda y un pobre centro de Ardanaz que no tenía ninguna intención. Aquello era arena. Era un fiel reflejo de que el equipo navarro sólo confiaba ya en la propia idiosincrasia del deporte al que estaba jugando, que está cargado de historias que castigan al que no sentencia a tiempo. El conjunto navarro se había sentido un juguete roto durante todo el segundo tiempo pero, sin saber cómo ni por qué, había llegado al minuto noventa con vida. Por eso el centrocampista que vestía el ocho a la espalda simplemente envió el balón al área. A ver lo que pasaba. Y no pasó nada. Ni el delantero acertó a rematar ni el defensa a despejar. El balón se plantó frente a Crespo y a éste le cogió por sorpresa tanto esa situación como un bote traicionero. Y así, como en un chiste, entró el balón a la portería para castigar la indolencia racinguista. Quien pretende ser campeón no puede perdonar lo que perdonó ayer el Racing.

Lo que sucedió en el segundo tiempo fue más propio de un entrenamiento que de un partido de fútbol. Dio la sensación de que aquello era un ejercicio de transiciones rápidas sin oposición para trabajar la manera de llevar rápidamente el balón de una área a otra. El Tudelano, que ya se había percatado de sus propias limitaciones para hacer daño al conjunto cántabro, que no había sufrido de verdad ni cuando su rival la metió en su propia área en la primera media hora de juego, ya lanzó un órdago y se la jugó. A la ruleta rusa. Que pasara lo que tuviera que pasar. Se colocó con un 3-4-3 que le permitió tener presencia en el campo racinguista pero, por otro lado, le dejó expuesto del todo. Así fue como comenzó el chollo. Un chollo absolutamente desperdiciado. El Racing dispuso de su propio ‘BlackFriday’ pero prefirió no comprar nada.

El esquema que puso en práctica el bando navarro hizo que el Racing disfrutara de situaciones en el área tudelana de cuatro contra dos o cinco contra tres. Todo parecía tan fácil que parecía increíble que ninguna de aquellas ocasiones terminara en gol. Y no podía ser por falta de calidad ni de frescura. Viadero ya había quitado a los dos delanteros a los que les tocó desgastarse e incluso correr tras el balón en el primer tiempo (Pau y Juanjo) y en el verde estaban Aquino, César, Óscar y Héber. Imposible acumular más velocidad y más calidad. El gol tenía que llegar por su propio peso; por inercia o porque sí. Pero no llegó. Todo fue un cúmulo de despropósitos. Ni siquiera con superioridades numéricas tan insultantes mató el Racing un partido que iba ganando casi desde el pitido inicial. Y no sólo no marcó, sino que casi no llegaba a rematar perdiéndose en las indecisiones, las dudas de si pasar a uno o a otro, de si rematar ya o esperar y, por supuesto, las imprecisiones. Ahí se perdió el conjunto cántabro. Incluso tras recibir el empate en el descuento siguió disponiendo de oportunidades para marcar un segundo pero ni así pudo. Estaba negado.

El 1-0 había llegado pronto. En seguida. Alguno, ni se había sentado aún en su butaca. Otros estaban todavía aparcando o incluso apurando el chupito cuando oyeron a El Sardinero cantar gol. Habían pasado sólo tres minutos pero ya fue merecido. Incuestionable. Nadie podía achacarlo a una cuestión de fortuna de partida, sino a la mayor intención de pegar que mostró el conjunto cántabro. Si en el boxeo a menudo hay uno o dos asaltos en los que no sucede gran cosa, sino una mera toma de contacto, no es para que los dos púgiles se presenten a sí mismos, ya que cuando suena la campana ya se cnocen de memoria, sino por temor a que un buen golpe del oponente le coja en frío y le tire al suelo; a que una mano que en el sexto capítulo no tendría consecuencias acabe siendo decisiva. Por eso lo primordial suele ser mantenerse rezagado. Quizá con esa intención salió el Tudelano, pero no el equipo de Viadero, que echó a su rival a la lona aunque éste superó muy bien la cuenta de protección.

Sólo habían pasado tres minutos y el Racing ya había botado tres córners. Es muy sintomático. También el Tudelano había disfrutado de un a falta cercana al área, pero terminó con una veloz contra de Sergio de área a área que no tuvo un final feliz porque el astillerense, que cada día crece más como lateral derecho, falló en el último pase. Fue éste un mal endémico del conjunto cántabro en el día de ayer, que disfrutó de espacios y campo para correr desde los primeros compases del encuentro gracias, precisamente, a ese gol tempranero. Aquello fue como si todo el partido hubiera sido como son los minutos finales del partido: con el que pierde jugando en el campo del que gana y éste buscando conectar una buena carrera para matar el resultado. Cada uno estaba quemando sus últimas balas, pero todavía era el primer tiempo.

El gol de Granero llegó tras un saque de córner botado por  Héber en banda izquierda. Gonzalo prolongó el balón en el primer palo y éste llegó hasta el segundo. A partir de ahí, comenzó una serie de rebotes, de intentos fracasados de rechace y remate que, al final, hizo que el balón cayera a los dominios del capitán. Éste estaba en la frontal del área pequeña y se encontró, de pronto, con una situación inmejorable. Le cayó la pelota a donde la hubiera puesto él mismo  si le hubieran permitido colocarla con la mano donde hubiera querido. A su pierna buena, bien plantada sobre el césped y sin oponentes demasiado cerca. Y marcó. El remate fue a donde tenía que ir para que Pagola no tuviera nada que hacer.

A partir de ahí, cambió el partido. Sólo se habían disputado tres minutos, pero ya cambió. El Tudelano comenzó a poner en práctica una presión enormemente adelantada que asfixió al Racing. Hubo momentos en los que incluso estaban 21 de los 22 futbolistas que había sobre el terreno de juego en el campo local. A los hombres de Viadero no les duraba nada el balón ya fuera porque el equipo navarro le cerraba todas las puertas o por la precipitación en la que caían los jugadores verdiblancos.

Éstos veían tanto campo detrás de la primera línea de quienes ayer vestían de rosa que olían facilidades. Por eso abusaron de balones excesivamente verticales con los que no acertaban. Daba la impresión de que faltaba una buena conexión eléctrica para que todo quedara ya visto para sentencia, pero no se llegó a encender la luz. La situación se asemejó demasiado a esos fatales últimos minutos del primer tiempo de Amorebieta, cuando el conjunto cántabro cayó en la misma trampa. Al final, lo único que consigue cuando cae en esa situación es conceder balones fáciles al contrario y generar una alta dosis de ansiedad.

Lo bueno es que esos instantes de total dominio de la situación del Tudelano se saldó con sólo un par de remates con aspecto de peligrosos que ni siquiera obligaron a intervenir a Iván Crespo. El primero fue un remate de Lizarraga al saque de un córner y el segundo un potente disparo lejano de Víctor Bravo tras uno de esos múltiples regalos en campo propio por parte del Racing. Poco más. La productividad tudelana no era excesiva, pero las sensaciones no opermitían disfrutar de esa tarde tranquila que prometía un gol tan tempranero.

El Racing supo aferrarse a su único gol en los peores momentos sabedor de que el motor del bando navarro tendría que fallar de un momento a otro. Y fue a partir de los 25 minutos de juego cuando comenzó a cambiar la cosa, cuando los hombres de Viadero por fin pudieron dar continuidad a una posesión y a salir de la cueva. El detonante del cambio fue quizá una buena combinación de Pau que no se atrevió a culminar él mismo. Acabó centrando y, aunque remató Juanjo, lo tuvo que hacer de manera acrobática mientras Héber se desesperaba en el segundo palo. Más de lo mismo hizo el gallego en la última acción del primer tiempo, cuando Óscar finiquitó por sí mismo una acción quizá porque, cuando de verdad tenía que haberlo hecho, que fue cuando momentos antes recibió un centro espectacular de Julen Castañeda que sólo exigía rematar de primeras , no se atrevió a hacerlo. Y el balón se perdió. Aquello fue el principio del carrusel de ocasiones y concesiones que debía haber terminado en goleada. Porque, como estaba previsto, esa presión y ese juego asfixiante del Tudelano terminó por puro agotamiento. Y el partido fue controlado por los cántabros de cabo a rabo, pero no marcaron un segundo gol. Y sin gol de nada vale lo demás.

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