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El Diario de Cantabria

FÚTBOL

EL RACING DE POUSO LOGRA SU PRIMERA VICTORIA CON UN SOLITARIO GOL DE REGALÓN

El Racing recuperó la senda del triunfo tras una ajustada victoria ante el Izarra. Mostró intenciones renovadas en su juego pero careció de ritmo y frescura. El ambiente de el sardinero no ayudó a desbloquear a los jugadores.

Paco Regalón comienza a celebrar su gol, que fue el único del partido. / J.R.
Paco Regalón comienza a celebrar su gol, que fue el único del partido. / J.R.
EL RACING DE POUSO LOGRA SU PRIMERA VICTORIA CON UN SOLITARIO GOL DE REGALÓN

Algo falla cuando uno no está a gusto en su propia casa; cuando se sienta en el sofá y nota que algo se le está clavando en el trasero; cuando prueba la sopa y está fría o se mete a la cama y no hay mantas. Es como si todo el entorno se hubiera convertido en tu peor enemigo. Y es eso lo que le está sucediendo al Racing, un equipo que cuenta con una colección de futbolistas envidiables de los que no está siendo capaz de sacar su máximo provecho. Están agarrotados, cometen errores groseros y son incapaces de solventar un partido de manera solvente. Ayer, cuanto menos, el conjunto cántabro fue capaz de cortar la mala dinámica de resultados que arrastraba y retomó la senda de la victoria. Lo hizo pidiendo la hora. Contra el Izarra. Y uno abre el grifo y sólo sale agua fría. Y el frigorífico no enfría y se cuela el aire por las ventanas. El Sardinero se ha convertido en un mal escenario para el inquilino.

Urge refrescar el ambiente del estadio verdiblanco porque se ha vuelto irrespirable. Todo el mundo entendió la rabia que salió a relucir con el insoportable partido que firmó el Racing ante el Leioa, pero tiene poca explicación esa sensación de no perdonar ni una que se vivió ayer en El Sardinero. El disputado ante el Izarra fue el primer partido en casa tras el cambio de ciclo, tras la destitución de Ángel Viadero y el lanzamiento de una nueva apuesta que, en definitiva, es el último tren para intentar reconducir la temporada y seguir peleándola hasta el final. Se percibió incluso que el nuevo entrenador quiere introducir conceptos nuevos, dar más sentido al juego e impedir que la ansiedad convierta a su equipo en un especimen demasiado largo y al partido en un correcalles. Además, si un mensaje ha querido transmitir Pouso desde su llegada es el de que los jugadores están tocados anímicamente, que tienen una gran carga encima y un exceso de responsabilidad que les mantiene agarrotados. Y, obviamente, lo último que necesitan son pitidos a las primeras de cambio ni un ambiente enrarecido. Da la sensación de que hay quien ha tirado la temporada a la basura y ya sólo acude al campo para presenciar el velatorio.

Es cierto que el Racing que se vio ayer estuvo repleto de carencias, pero se le vio dibujar una hoja de ruta. Sabe lo que quiere y cómo quiere hacerlo. De primeras, intentó elaborar su juego desde su propio campo sin rifar la pelota. El técnico alineó a dos torres como delanteros pero eso no hizo que sus hombres cayeran en la tentación de lanzarles balones directos y en largo, algo que, por otro lado, no dio mal resultado ante el Sporting B, ya que la entrada de Borja Lázaro a dicho partido cambió la dinámica del mismo y consiguió aterrorizar a la defensa asturiana. El objetivo del Racing es sacar la pelota con criterio, llevarlo a bandas y, desde allí, sacando provecho de sus dos extremos natos, sacar centros que sí expriman los 190 centímetros de sus dos arietes. Lo malo es que Juanjo se marchó sin rematar y su compañero, desasistido durante todo el encuentro, sólo lo hizo una vez mostrando sus innatas dotes para convertir un melón en una ocasión de gol.

Dio la sensación de que Lázaro apenas participó del partido porque no es de los delanteros que se pone nervioso si no toca la pelota, sino que guarda siempre su posición y espera paciente su momento. Sin embargo, a pesar de que durante muchos minutos fue sólo una sombra, estuvo a punto de resultar clave para el desenlace final de la historia. Fue objeto de dos penaltis aunque finalmente sólo se lanzó uno, ya que el asistente corrigió al árbitro principal en el primero de ellos tras haber señalado con decisión el punto de los once metros. Pitó fuera de juego. Sí valió el que decretó pocos minutos después. ¡Por fin le pitaban un penalti al Racing! Hacía mucho desde la última vez.

Lo provocó Lázaro y se lo pidió César. Estaba totalmente decidido a lanzarlo pero tiró una castaña. Fácil para el portero. Lo bueno fue que la jugada no terminó.  A punto estuvo Julen de cazar y rematar el rechace pero finalmente lo hizo el propio César. Y el cuero se estampó contra el larguero. El Racing está teniendo que pagar cada gol esta temporada con monedas de oro.

Aquello sucedió en el minuto 44, tras un primer tiempo en el que el Izarra ni se acercó al área del Racing. Sólo lo hizo en los primeros cinco minutos de partido gracias a una serie de errores en defensa personalizados, sobre todo, en Regalón. Fueron fallos impensables en un jugador de su categoría. En el fondo, aquello sólo es muestra de que los jugadores de Pouso juegan con pesas en las botas. Todo lo que viene contando el entrenador estos últimos días es verdad y él mismo pudo comprobar ayer que todo lo que le contaron del ambiente de pesimismo que rodea al Racing también lo es.

El conjunto cántabro firmó un primer tiempo tan aseado como falto de ritmo. Es cierto que le faltó profundidad, pero al menos mostró que tenía un plan. Sabía lo que quería. Y también se intuyó que no se ponía de verdad en práctica por ese exceso de responsabilidad que domina a los futbolistas y que les impide ser ellos mismos. Bueno fue ver a Héber, al menos, desprendiéndose durante el primer tercio de encuentro de esa losa y recuperando algunos chispazos del jugador a quien todo el mundo espera. 

Fue el gallego quien comenzó a dar miedo a la defensa navarra. Se le vio atreverse, desequilibrar, ganar línea de fondo y sacar un buen centro que, por ejemplo, le brindó un balón en plena área pequeña a Óscar. Lo malo fue que éste decidió controlar en vez de rematar y, en esos lugares donde todo quema, no da tiempo para tanto. En seguida se estrecharon las paredes y le robaron al de Renedo su tesoro. Diferente final fue el que escribió Aquino en el segundo tiempo a otra asistencia procedente de las botas de Héber. El murciano se levantó con poderío y limpieza y, aunque remató de manera académica, el balón se le fue desviado.

Háber fue perdiendo protagonismo conforme lo fue ganando Óscar. Éste apareció al cuarto de hora de partido, cuando él mismo robó una pelota en el centro del campo y se precipitó rápidamente hacia el área rival para buscar posición de disparo. Junto a él viajaba Borja Lázaro pero también seis defensores, por lo que no vio otra opción que culminar él mismo la acción. El balón se marchó demasiado cruzado.

El Racing que se vio en El Sardinero era un Racing que quería ser paciente y que no quería llegar al área rival en sólo dos pases. No tenía miedo de la posesión pero tampoco encontró con facilidad la manera de abrir la puerta del entramado que levantó el Izarra en su propio campo. Regalón, el central encargado de ayudar en la salida del balón, perdió confianza con sus malas acciones iniciales y por eso todos dieron las llaves a Granero, por quien pasaban todos los balones. Fue éste quien intentó dar un poco de pausa y, sobre todo, paciencia al fútbol de los suyos, lo que no entendió parte de la grada, que se dedicó a pitar al capitán cada vez que tocaba la pelota entendiendo que estaba ralentizando el juego de los suyos.

El control de los verdiblancos era absoluto pero no se traducía en gran cosa. A la intención inicial le faltaba un desarrollo y una alegría que ahora mismo no tienen las piernas de los jugadores del Racing. Les cuesta atreverse y esa fluidez sólo la pueden conseguir con resultados. Quería Pouso no sólo una victoria, sino también un gran partido, pero da la sensación de que, a día de hoy, ésta va a tardar en darse. Sobre todo, en El Sardinero, que, lejos de convertirse en el mejor arma del equipo, ha pasado a ser un peso que urge eliminar.

El Racing del segundo tiempo fue peor y, en definitiva, más parecido al Racing de toda la temporada. Con todo, fue ahí cuando llegó el gol gracias al saque de un córner de Sergio que cabeceó solo y con potencia Regalón. El mismo que había comenzado el partido de la peor manera posible, dio al conjunto cántabro un tanto que valió otros tres puntos, los mismos que el gol anterior que había marcado a última hora contra el Barakaldo. Caprichos del fútbol.

Tras ese 1-0, el Racing disfrutó de unos minutos en los que sí sintió que podía matar el partido, pero no lo logró. Todavía no ha sido capaz de marcar más de un tanto en todo el 2018. Pouso ya había metido a César en banda derecha en el primer tiempo para sustituir al lesionado Óscar mientras que en el segundo entró Aquino por Juanjo y Pau por Héber. Y los cambios le vinieron bien porque el segundo tiempo llevaba mal camino. El Izarra ya había comenzado a probar a Iván Crespo y el porvenir parecía teñido de negro.

Lo malo fue llegar otra vez a la recta final del encuentro a merced de cualquier calamidad que hiciera que se escaparan otros dos puntos a última hora. Es entonces cuando más tiemblan las piernas y cuando más se siente la presión. El Izarra comenzó a bombear balones yéndose hacia arriba y facilitando unos contragolpes que el Racing sigue sin aprovechar para escribir un punto y final. Lo que hizo demasiado el conjunto cántabro fue perder unos balones inexplicables que concedieron al equipo navarro la posibilidad de sentirse poderoso. Incluso pidió un penalti a última hora y disfrutó de un dos contra uno que Saihou desaprovechó por pecar de individualismo. Quien más y quien menos mascaba la tragedia. Y a algunos, viendo a su equipo herido en ese arreón final del Izarra, se le ocurrió lanzar algunos pitos a su equipo para que a éste le temblaran más las piernas. No hay por donde cogerlo.

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