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El Diario de Cantabria

FÚTBOL

Otro Racing - Burgos decisivo

Las dos últimas veces que el equipo burgalés ha visitado el sardinero lo ha hecho con sus entrenadores jugándose el puesto. Paco Fernández no libró pero Viadero sí. Mañana, éste último podría volver a jugárselo en ese mismo duelo.

Paco Fernández y Viadero se saludan en el último Racing - Burgos. / J.R.
Paco Fernández y Viadero se saludan en el último Racing - Burgos. / J.R.
Otro Racing - Burgos decisivo

Los dos últimos enfrentamientos entre el Racing y el Burgos en El Sardinero no han sido dos partidos más del montón; dos nuevas paradas a lo largo de un trayecto que va desde agosto hasta mayo. En ambos envites ha llegado el entrenador del equipo burgalés con el agua al cuello y con su cargo en el alero. Hace dos temporadas fue el propio Ángel Viadero quien sabía que una derrota le podía apartar del banquillo de El Plantío y el curso pasado fue Paco Fernández quien pasó por esa situación. Sólo la superó el primero de ellos. La curioso es que da la sensación de que el círculo puede cerrarse mañana, cuando de nuevo vaya a haber un entrenador cuestionado con la necesidad de ganar para no someterse a las decisiones futbolísticas de un santo tribunal de la inquisición. Y esta vez no será el técnico de los burgaleses, sino el del conjunto cántabro quien camine sobre el alambre. Y, curiosamente, éste será el mismo Ángel Viadero que salvó la cabeza hace dos temporadas defendiendo los intereses burgaleses. Caprichos del destino.

Paco Fernández no pasó de El Sardinero tras un inicio de temporada calamitoso. Llegó a Santander sin haber ganado ni un solo partido y muy cuestionado por la grada de El Plantío apenas unas semanas después de haberse hecho cargo de su primer equipo tras ser despedido del Racing. Había apostado por dar continuidad a su carrera en Burgos después de su intensa y recordada experiencia en el equipo cántabro, pero no duró mucho. No sólo perdió un partido que se había convertido en un cara y cruz para él, sino que, además, fue objeto de un sentido homenaje por parte de la afición racinguista, que incluso le dio placas de recuerdo y sentidas ovaciones. Que el entrenador ovetense disfrutara de esas distinciones después de una derrota que sumía aún más a los suyos en el fango clasificatorio sentó como un tiro en el pie entre sus seguidores. Y puede ser hasta lógico. 

Quizá aquello fue la puntilla que necesitaba más allá del resultado cosechado, que no fue nada escandaloso porque el Racing ganó 1-0. Con todo, lo cierto es que el Burgos ya tenía apalabrada la contratación de Manix Mandiola y parecía con ganas de acabar el ciclo de Paco Fernández en el banquillo burgalés. El tiempo acabó confirmando que el problema quizá no estuviera en la figura del entrenador, sino en una deficiente confección de la plantilla, ya que meses más tarde sería cesado el propio Mandiola y el equipo castellano se acabaría salvando de milagro.

El curso pasado dio la sensación de que el Burgos aún arrastraba las consecuencias de la marcha de Ángel Viadero. Sucedió en pleno mes de junio y después de que el propio técnico santanderino hubiera firmado su renovación. El equipo burgalés había terminado la temporada como un tiro y clasificándose para la Copa del Rey. Todo ello, a pesar de que el entrenador santanderino llegó al partido en El Sardinero contra el Racing más que cuestionado. Él mismo sabía que una derrota le podía condenar y sólo le salvó un error enorme de Dani Sotres en la portería racinguista. El guardameta cántabro venía mostrando algunas dudas en su rendimiento y aquel gol que prácticamente se marcó él solo salvó a Viadero y condenó al propio Sotres. Cosas del destino. El envite terminó 1-1 y lo sucedido con el equipo burgalés es un fiel ejemplo de las vueltas que puede dar el fútbol, ya que el entrenador pasó de estar con un pie fuera a ser el más deseado y a convertirse en objeto de enfado entre sus seguidores cuando anunció su marcha.

Más de lo mismo se puede decir de quien fuera el entrenador del Racing en aquel partido en El Sardinero contra el Burgos, que fue Pedro Munitis. Éste tampoco estaba sobrado de confianza y aquel pírrico empate contra el bando burgalés hizo que él mismo acudiera a la siguiente jornada caminando sobre el alambre. Fue en Guijuelo donde el técnico del Barrio Pesquero supo que se la jugaba. Todo lo que no fuera ganar, significaría su fin al frente de la nave. Y ganó. Lo hizo, además, con una remontada in extremis que lo cambió todo. A partir de ahí, el equipo verdiblanco enlazó seis victorias seguidas, se metió en la pomada y acabaría la temporada como campeón de grupo. Otro ejemplo de las vueltas que puede dar este deporte.

ÁNIMO DE REVANCHA. Mañana es Viadero quien se la juega. Como en los casos anteriores, no ha habido ningún ultimátum público pero, en el fondo, es una certeza instalada en el ambiente. Una derrota o un empate ofreciendo de nuevo una mala imagen puede despertar la caja de Pandora en El Sardinero. El técnico es un hombre de fútbol y sabe lo que hay. Tampoco le cogería por sorpresa. No está siendo capaz de que la maquinaria eche a andar de manera definitiva y en su misma comparecencia ante los medios del pasado sábado, tras consumar la tercera derrota de la temporada, él mismo reconocía no tener explicación a por qué, de pronto, todo el edificio se viene abajo. Sin embargo, es un hecho.

El conjunto cántabro se mantiene cuarto clasificado, en posiciones de playoff y a un solo punto del equipo que le visita mañana, que parece que vive una situación opuesta pero que, en verdad, puede acabar la duodécima jornada dos puntos por debajo del Racing. Es cierto que el Mirandés se ha escapado, pero lo cierto es que dice poco del grupo que el conjunto cántabro siga ahí arriba tras haber perdido ya tres partidos y después de no sólo acumular tres desplazamientos sin victoria, sino incluso sin marcar. El problema de Viadero es una cuestión de sensaciones y de que manteniendo esta dinámica va a acabar cayendo.

Es difícil llegar a la conclusión de que la culpa sea del entrenador. Lo cierto es, como se suele decir, que es mucho más complicado echar a media docena de futbolistas que al técnico. Cosas del fútbol, que tiene sus bondades pero también sus maldades. Cualquiera que vea con asiduidad los partidos del Racing verá que hay un buen número de jugadores que ni mucho menos están al nivel esperado. Menos aún, hablando los nuevos, de esos jugadores que vienen de categorías superiores y que tienen una experiencia que todavía no ha quedado patente sobre el terreno de juego. Contar con ellos ni siquiera ha servido para evitar que el equipo se caiga de manera inexplicable como se cayó en Amorebieta tras haberse mostrado netamente superior a su rival en los primeros veinte minutos de juego. De pronto, se vio convertido en un juguete roto impropio de un Racing en Segunda División B.

Por todo ello, da la sensación de que El Sardinero vivirá otro Racing - Burgos decisivo para alguno de sus entrenadores. Esta vez será el verdiblanco quien se la juegue. Y en frente tendrá a una afición deseosa de apretar el gatillo porque aún recuerda cómo se marchó Viadero de su equipo. Lo hizo después de haber renovado y muchos se sintieron traicionados, tal y como quedó reflejado en el recibimiento que tuvo el santanderino cuando visitó el campo burgalés la campaña pasada. Incluso le acusaron de pesetero cuando, en verdad, su maniobra prácticamente le hizo perder dinero. El caso es que su salida aún es recordada y los centenares de seguidores burgaleses que mañana se harán notar en El Sardinero estarán esperando dar la puntilla al técnico cántabro. Todo parece estar en su contra pero ya se ha visto que todo puede cambiar muy rápido. Un partido que puede ser un ultimátum se puede convertir en el que lo cambie todo para bien. Como el de Munitis en Guijuelo o el del propio Viadero en El Sardinero al mando del Burgos.

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