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El Diario de Cantabria

RACING

Primer tropiezo

Un dudoso penalti permitió al Mirandés irse de el sardinero con los tres puntos. Hasta el gol, el Racing había generado más peligro pero le faltó presencia en el área y capacidad de remate para decantar el partido.

Óscar y Regalón, con los jugadores del Mirandés al fondo celebrando su gol. / J.R.
Óscar y Regalón, con los jugadores del Mirandés al fondo celebrando su gol. / J.R.

Hacía mucho tiempo que el Racing no encadenaba dos derrotas consecutivas. Es una situación peligrosa porque deja al equipo a las puertas de las dudas, de las prisas y de las ansiedades. Hay que huir de todas ellas como de la peste por mucho que el partido de Leioa tuviera poco que ver con el de ayer ante el Mirandés. Una vez más, el equipo de Viadero se mostró incapaz de ganar a un rival directo, tal y como le sucediera el curso pasado con el Celta B y la Cultural, ante quienes cosechó tres empates y una derrota en cuatro partidos. Ayer tocó pinchar. Es demasiado pronto para acumular derrotas pero a tiempo está el conjunto cántabro de conseguir que no parezca más que un accidente.

El partido lo desequilibró un penalti que no vio nadie. O casi nadie. Sí lo hizo el árbitro (¿alguien sabe dónde vive?) o quien le transmitiera información. Lo importante, porque es lo que valió, fue que el colegiado vio un agarrón de Gonzalo cuando estaba defendiendo un córner. Nadie lo pidió porque más pareció falta en ataque que en defensa, pero él lo pitó. El juego había continuado tras el saque de esquina y el consiguiente rechace pero él sopló el silbato y señaló el punto desde donde se ejecutan las penas de muerte. Nadie sabía qué quería decir con aquello porque pocos se atrevían a imaginar que fuera verdad lo que parecía que era, pero vaya sí lo era.

El encargado de lanzar desde el punto de los once metros fue Diego Cervero. Es un jugador que ha lanzado muchos y marcado incluso más en toda su carrera deportiva. Delante había un gran portero, pero los penaltis no se paran, sino que se fallan. Y el fornido ariete asturiano, el único jugador del Mirandés capaz de generar peligro ayer, anotó el gol que envió los tres puntos a Miranda de Ebro. Lo que parecía una buena oportunidad para haber alejado a un rival directo a cinco puntos, se convirtió en un duro golpe que se suma al del miércoles pasado en Copa del Rey. 

Ayer no mereció perder el conjunto cántabro porque dispuso de más y mejores ocasiones que su rival. Tuvo momentos de desvarío y de no saber muy bien qué a quería jugar ni por dónde quería meter mano a su presa, pero se encontró cómodo antes de recibir ese gol inesperado. Sobre todo, vio mucha luz en el primer tiempo, cuando se encontró con claros contragolpes incluso en superioridad numérica que no supo culminar. No tuvo acierto (ni presencia) en el área el conjunto cántabro, le faltó pegada y quien no la tiene pierde. Le urge al Racing contar cuanto antes con un ‘nueve’ que dé sentido a todo lo demás.

Ayer Juanjo jugó algunos minutos más que en sus últimas apariciones. Va a más pero todavía le falta. Lo bueno es que la impresión que dio ayer mejoró la de, cuanto menos, quince días atrás. Ha de ir a más. Mientras, Viadero busca soluciones entre las que ya no entra Matías, que ayer no jugó ni un minuto. Comenzó el entrenador cántabro con Javi Cobo junto a Aquino para repetir en una posición que nunca le ha sentado bien. Después fue Álex García quien completó la delantera con el murciano y, finalmente, el espigado ariete de Ontaneda. Nada funcionó. Por mucho que rotaran varios jugadores por ahí, al final el guión era siempre buscar a Héber, el mayor catalizador de juego ofensivo de su equipo. Ayer acabó por la derecha e incluso por allí fue capaz de hacer daño. De hecho, le hizo despertar tras un momento de letargo desde su hábitat natural. Fue él quien levantó a toda la grada cuando, en la última acción del partido y después de que el colegiado, para salir ya por la puerta grande, expulsara a Antonio Tomás con roja directa, cogió un balón y, tras dejar a dos jugadores atrás, se fue con todo al área. Cayó al suelo pero el árbitro sobreactuó. Cayó en la trampa del personaje, un jugador que comienza a tener fama de tirarse demasiado a la piscina.

El Mirandés acudió a El Sardinero con la firme intención de presionar con muchos hombres el inicio del juego racinguista. De nuevo propusieron los de Viadero un fútbol elaborado y parido desde su propia área que, por momentos, incluso sacó de quicio al respetable. Aún le falta engrasar el mecanismo, pero en muchos momentos consiguió el objetivo de atraer hacia sí al equipo rival. Cuando lograba salir de su propia cueva, llegaba al campo contrario con espacios y a menudo incluso en superioridad numérica. Fue así cómo, sobre todo trabajando la banda izquierda de Héber, Óscar, Granero y Javi Cobo dispusieron de ocasiones tras rápidas transiciones que bien pudieron haber desnivelado la balanza. Teniendo en cuenta las aptitudes y cualidades de los atacantes racinguistas, aquello parecía ser cuestión de tiempo; cuestión de que en un momento dado surgiera la chispa para marcar y dar carpetazo a la historia.

También el Racing intentó presionar, pero lo hizo mal. Sólo lo hacían los dos jugadores más adelantados abriéndose todo un desierto entre esa primera línea y la del medio campo. Los dos medio centros no daban continuidad al ímpetu de Aquino y Cobo y aquello permitía jugar con cierta comodidad a un Mirandés que, aún así, tampoco propuso demasiado. Su capacidad de generar peligro tenía el sencillo nombre de Cervero, que tampoco es poco. Él mismo se fabricó un par de oportunidades en el primer tiempo que pudieron haber asustado al Racing antes de cuando lo hizo. Tras el penalti, desapareció. El 0-1 borró la presencia del Mirandés en campo contrario pero lo malo fue que tampoco la tuvo demasiado el conjunto cántabro.

Ese gol de penalti dejó un tanto desorientado al bando local, que no se esperaba un desarrollo así del guión. Fue todo un mazazo de partida; un despertar desagradable tras el paso por vestuarios. El Racing llegó al ecuador del encuentro con la sensación de que en cualquier momento iba a hacer buena una de esas contras que estaba teniendo e iba a terminar con el partido pero se encontró con un gol en contra que no supo administrar de partida. Comenzó a faltar la frescura y sin ella fallan también las piernas. Incluso Héber dio un paso atrás hasta que de nuevo apareció para sacar un centro que, tras los errores encadenados de la defensa visitante, envió el balón a Óscar, que lo controló en la frontal del área pequeña. El cántabro fue capaz de girar sobre sí mismo y rematar a portería pero de nuevo se encontró con Limones, quizá el mejor de su equipo sin necesidad de lucirse. Lo suyo fue pura colocación. A lo Iván Crespo.

El jugador de Renedo tuvo en sus botas las mejores ocasiones. Ya en el primer tiempo, había rematado de primeras en el interior del área y llegando desde atrás un centro de Héber que atajó el portero del Mirandés. Poco después, se encontró con otro balón en la parte derecha del área y, a pesar de disponer de varias opciones, decidió rematar por sí mismo. Y ahí estaba Limones, el mismo que le detuvo otro lanzamiento, ya en el minuto 53, que firmó una vez que recibió un buen pase de Javi Cobo que le dejó solo. Entró al área con la mente exclusivamente en el gol pero el disparo le salió al primer palo y ahí, cómo no, estaba el guardameta del equipo burgalés. Incluso también cuando él mismo cazó el rechace y probó fortuna en el otro palo.

Óscar se marchó al vestuario con la sensación de haber dejado pasar una buena oportunidad. Viadero movió el banquillo para buscar una mayor presencia de los suyos en el área, una parcela del terreno de juego demasiado desangelada en los últimos encuentros. Entró Juanjo, Héber se colocó en la derecha y en la izquierda lo hizo Álex García, que también debutó. Comenzó acompañando a Aquino en ataque pero sus mejores maniobras fueron pegado a banda. Ayer perdió el Racing pero por fin tuvo en el campo a los jugadores que están llamados a ser protagonistas. Incluso a Antonio Tomás, con quien el técnico buscó un mayor control del juego por mucho que el cántabro terminara expulsado por roja directa al ver el colegiado que golpeaba al portero cuando quería hacerse hueco al saque de un córner. No sería descabellado que le cayeran dos partidos y que tuviera otros quince días para coger la forma.

El Racing buscó pero no encontró. Igual que Aquino, que no logró ser protagonista y, por vez primera esta temporada, se quedó sin marcar. Ayer sólo probó fortuna con un remate lejano en las postrimerías del primer tiempo que rozó el larguero. La acción quizá demandó haber buscado alguna de las otras alternativas que tenía, pero el murciano estaba ya desesperado porque no le gusta ser el ‘nueve’. Prefiere tener a alguien por delante con la responsabilidad de estar ahí para empujar la pelota. A él le gusta más buscarse la vida unos metros más atrás. Necesita que Juanjo se ponga a tono y pueda salir de inicio. El Racing necesita muchas cosas pero, sobre todo, tener la sensación de que la maquinaria se ha puesto ya en funcionamiento. Y da la sensación de que todavía falta. 

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