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El Diario de Cantabria

RACING DE SANTANDER

Por fin el destape

El racing golea al vitoria y consigue la victoria contundente que venía buscando  Ázaro marcó tres goles y provocó un penalti que falló aquino, que rompió su sequía goleadora. El equipo al fin disfrutó jugando.

Borja Lázaro celebra con Borja Granero su gol. / J.R.
Borja Lázaro celebra con Borja Granero su gol. / J.R.
Por fin el destape

No bastaba con vencer, sino que hacía falta convencer. El Racing necesitaba liberarse, soltar amarras y desquitarse. Sus jugadores llevaban meses sin disfrutar de ser futbolistas y mucho menos de jugar en un escenario como El Sardinero. Y eso no podía ser. Necesitaban su propio destape, su propia movida y, en definitiva, su propia liberación tras tanto tiempo de oscuridad y opresión. Y lo consiguió ayer ante un Vitoria endeble que se convirtió en el rival apropiado para que el conjunto cántabro encontrara lo que estaba buscando. Es cierto que en adelante quizá no se encuentre a contendientes tan propicios y tan blandos, pero lo de ayer iba de soltar ataduras. 

Goleó el Racing. Por fin. No marcaba cuatro goles desde los festivales que se marcó en El Sardinero durante la segunda vuelta del curso pasado. Aquella puntual cita con una fiesta cada quince días tuvo su punto de inflexión en el segundo tiempo ante Osasuna B. Aquel partido lo comenzó perdiendo el conjunto cántabro 0-1 y lo ganó 4-1. Idéntico marcador al de ayer y con Abdón Prats, que terminó con dos tantos, anotando un gol con muchas similitudes al primero que marcó ayer Borja Lázaro. Aquel encuentro fue un 26 de febrero y el de ayer fue un cuatro de marzo. No hay tanta diferencia.

El delantero madrileño marcó ayer tres goles y Aquino marcó uno. Eso es muy importante. El Racing sabe que va a necesitar que su ‘nueve’ se sienta inspirado y también precisa que su jugador más talentoso sonría. Llevaba tres meses sin anotar y ayer rompió una sequía que, por otro lado, también salió a escena a principios del pasado año 2017. Quizá ahí puede haber otro paralelismo. Lo malo es que ayer falló un penalti. Como hizo la última vez que un equipo había marcado cuatro goles en El Sardinero. No había sido el Racing, sino el Barcelona B. Mejor no acordarse de aquel encuentro.

La esperanza con la que abandonó todo el mundo El Sardinero fue la de que haya un antes y un después de lo vivido ayer. Y no habrá que esperar demasiado para conocer si en verdad este equipo ha roto a jugar porque el domingo tendrá una buena oportunidad para demostrarlo, ya que jugará en Lasesarre contra el Barakaldo. El rival no dice mucho porque está en mitad de tabla y tiene complicado meterse entre los cuatro primeros, pero en su campo no ha perdido ni un solo partido. Si el Racing es capaz de convertirse en el primero en ganar allí, lanzará un mensaje definitivo de que va en serio.

El optimista que se aferró a los veinte minutos de inspiración que mostró el conjunto cántabro en Lezama tenía razón. Alguno pudo burlarse de él viendo que aquel partido terminó 3-0 como podía haber acabado 6-0, pero no era ninguna tontería. De hecho, el equipo creía en ello y lo confirmó ayer completando un partido en el que dio sentido al balón consiguiendo jugar en campo rival y gustándose por momentos. Pero lo mejor de todo, y quizá donde radique el secreto de todo, es que la superioridad se vio traducida en goles. El Racing se marchó con cuatro pero también falló un penalti y dispuso de opciones para haber engordado la cuenta. Vivió, en definitiva, la tarde que estaba buscando.

Para que todo tuviera sentido fue fundamental la figura de Borja Lázaro, un futbolista que tiene muy claro cuál es su oficio. No se puede ser más delantero que él. Como es confirmó ayer, capaz de pasarse todo un partido sin apenas tocar el balón y marcharse con un ‘hat trick’ y tras haber provocado el segundo penalti en quince días. Es un futbolista con paciencia, que no se pone nervioso si no participa y que siempre está ahí. Si algo echó de menos el Racing en la primera vuelta fue presencia en el área, alguien que estuviera para meter los balones que llegan. Y ahora está él. 

Todos sus goles fueron obra de un profesional del área que no tiene reparo en cobrar el IVA. El primero fue de artista al sacar oro de un balón que llegó de las nubes y que, tras dos concesiones consecutivas de la defensa, remató directamente a gol a pesar de estar muy lejos de la portería. Sabía que el portero del Vitoria acostumbraba a salir y, sin mirar ni si quiera dónde estaba, se fió de su intuición y de su experiencia como jugador, que, cuanto menos, le permite saber siempre en qué punto exacto está anclada la portería. Y el balón fue para dentro. Sin necesidad de pararlo y controlarlo. Una genialidad.

Ese tanto lo hizo todo más fácil a partir de entonces. El Vitoria, que incluso había comenzado el partido inquietando con transiciones y combinaciones interesantes en el área racinguista, se deshizo. Eso no quiere decir que el conjunto cántabro no se hubiera mostrado superior hasta ese momento. Al contrario. En doce minutos ya había obligado al cancerbero rival a actuar a lo grande en tres ocasiones. Primero, atajó un buen remate de Quique Rivero desde la frontal que dirigió bien cercano al palo. Después, otro de Sergio tras una acción ensayada con Aquino que terminó con un remate en el interior del área con el exterior y, por último, un poderoso cabezazo del murciano tras conseguir hacer pequeño al central.

En esos momentos iniciales del encuentro, el juego racinguista no fue demasiado fluido. De hecho, apostó por enviar el balón en largo cuando le tocaba a Iván Crespo iniciar el juego para evitar situaciones comprometidas. Pouso tiene muy en cuenta que sus hombres no están en su mejor momento anímico y de confianza y les evita aprietos. Eso no quiere decir que el Racing practicara un juego directo y en largo. Sólo cuando sacaba de portería. El dibujo inicial fue el mismo 4-1-4-1 que el de los dos desplazamientos anteriores con la novedad de ver a Aquino arrancar en banda derecha (la cal no la vio demasiado) y a Granero como central dejando a Antonio Tomás de eje entre las dos líneas más pobladas.

El de Cartes no estuvo ni bien ni a gusto. Pronto quedó claro por qué. Tuvo que pedir el cambio porque se quejó de un golpe en el tobillo. Así, Pouso recompuso el equipo metiendo a Gándara para que jugara en el centro de la zaga y permitiera a Granero situarse donde más le gusta hacerlo, que es por detrás del delantero. Se colocó junto a Quique Rivero y quien retrasó su posición fue Sergio. Y, de pronto, dio la sensación de que la chispa se encendió.

La elaboración del equipo comenzó a ser más ágil y fluida. Los tres jugadores que actuaban por dentro se sintieron arropados y cómodos y conectaron con Héber, Aquino y Lázaro. Comenzó el baile. Y fundamental fue ver a Quique Rivero sintiéndose importante y conectando, sobre todo, con el atacante murciano, que marcó su propio gol instantes antes del descanso. Fue un gol de los que llaman psicológicos que tuvo su refuerzo en el tercero, que llegó apenas unos segundos después de la reanudación. Para entonces, el partido ya había terminado. Y era sólo el minuto 46. Quedaba todo un segundo tiempo por delante. Hacía demasiado tiempo que no se disfrutaba de un partido tan placentero en El Sardinero.

Aquino rompió su sequía de tres meses tras cazar un rechace en el área pequeña que convirtió en gol. Sólo dos minutos antes, Héber había desperdiciado una enorme ocasión para haber roto su propia sequía goleadora, pero perdonó cuando lo tenía todo a placer. Lo importante era ver al Racing jugando a gusto y encontrando espacios con cierta fluidez. Se animó a ir hacia delante viendo que el Vitoria ya era poca cosa y que prácticamente había renunciado a irse hacia delante en busca de la heroica. Simplemente, vio que ayer era un convidado de piedra a una fiesta que no le gustaba y no quiso participar. Retomará su guerra el próximo fin de semana.

Los dos goles del segundo tiempo fueron otras tantas asistencias de Aquino y otros tantos goles de Borja Lázaro. El primero llegó al saque de una falta a la altura de tres cuartos del campo botada con maestría por el murciano. Le dio una enorme curva que se comió la defensa zonal del conjunto vasco. Primero pudo haber rematado a placer Granero pero no llegó a tiempo. Sí lo hizo el madrileño, que hizo fácil lo que, hasta ayer, parecía imposible para los jugadores verdiblancos. El cuarto y último de la tarde nació a partir de un enorme pase de Quique Rivero que controló Aquino a la vez que dejaba atrás a su defensor. Corrió ante el portero y, lejos de ser egoísta, apostó por regalarle el gol y el ‘hat trick’ a quien se ha adueñado del número nueve verdiblanco. Y que le dure.

El Racing necesitaba una goleada así. No sólo eso, sino que necesitaba conocer por fin qué camino quiere transitar. Ha encontrado su dibujo y ha encontrado la manera de sentirse arropado y con capacidad de dominar por dentro. Cuenta con jugadores poderosos y físicos como Borja Granero y Sergio y a todo ello le da un contrapeso necesario un Quique Rivero capaz de ver luz donde hay oscuridad. Lo que necesita es confianza y para ello sirven partido como el de ayer. 

Lo que falta es encontrar al jugador ideal para jugar entre líneas, ejerciendo de eje y de guardaespaldas. El especialista es Antonio Tomás, pero éste no ha recuperado aún el nivel que sí mostró en noviembre. Los problemas físicos no le dejan. Mientras llega, Sergio demostró que podría hacerlo pero su tendencia natural le puede pesar. Como le sucedió cuando jugó de lateral, contra el Vitoria le puede valer, pero habrá que ver lo que pasa cuando haya equipos más poderosos arriba. Ayer, en el gol visitante, ya dio muestras de sus pecados naturales al perder un balón en banda que terminó convirtiéndose en un misil imposible. El astillerense perdió un balón donde no debía sin que después hubiera nadie ocupando el espacio que debía ser el suyo. Por eso Regis sólo vio facilidades. 

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