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El Diario de Cantabria

RACING

Mucho más que 0-1

El Racing derribó el fortín de Lasesarre tras completar un gran partido. El único gol llegó de penalti en medio de 40minutos de dominio y buen juego a pesar del castigado césped. El Barakaldo terminó volcado en el área cántabra.

Dani Segovia celebra su quinto gol en cinco partidos junto a sus compañeros
Dani Segovia celebra su quinto gol en cinco partidos junto a sus compañeros
Mucho más que 0-1

Ganar 0-1 de penalti puede parecer poca cosa, pero lo de ayer tuvo mucho mérito. Enorme. No sólo por haber ganado en un lugar donde no lo hacía nadie desde hace año y medio y hacerlo, además, ante el que confirmó ser un buen equipo a tener en cuenta, sino por cómo lo hizo el Racing. El equipo de Ania fue la antíte- sis del de Pouso hace sólo unos meses. Si uno ve los dos parti- dos, el primero se convertirá en una caricatura sin ninguna gracia. Así, más allá del resultado, el conjunto cántabro se fue de Lasesarre sabiendo que había dado un enorme golpe encima de la mesa llevándose consigo la victoria en un partido digno de la situación que los dos contendientes tenían en la tabla. No hubo balas de fogueo. Todos los elementos parecían estar en contra para disfrutar de un buen espectáculo, pero lo fue. Cada uno con sus armas, pero el envite lo tuvo todo.

Lluvia, barro, dos aficiones entregadas, decisiones polémicas, alternativas en el juego y estilos diferentes. El único gol del partido fue del equipo visitante y eso hizo que los anfitriones terminaran volcados sobre la portería racinguista empujando así a sus propios seguidores. No fue un acoso que obligara a Iván Crespo a lucirse, pero la sensación era de verdadero peligro y de que podía suceder de todo, pero no pasó nada. Fue un toque de corneta barakaldés que duró casi media hora pero que con- cluyó sin que variara la historia, sólo con dos remates sin consecuencias y sin que permitieran a Crespo lucirse. El naranja de su uniforme terminó mojado pero sin apenas mancha.

Un Barakaldo - Racing necesitaba unos ingredientes como los de ayer. Queda mucho mejor que con luz y sol. Más romántico, más auténtico y más sabor para quienes echan pestes del fútbol moderno. El envite de ayer tenía color añejo y, en medio de lo que muchos calificarán como típico partido del norte, el único tono de luz diferente lo concedió el conjunto cántabro en los últimos veinte minutos del primer tiempo y, en menor medida, en los veinte primeros del segundo. Ahí confirmó que también se puede jugar a fútbol cuando asoma el barro a la superficie. Tenía mala fama el campo, pero no fue problema para que el equipo verdiblanco lograra combinar y llevar el balón a bandas en sus momentos de máxima inspiración. Cuando no la tuvo, cuando tocó levantar una muralla y sufrir, lo supo hacer. Y eso tiene mérito. Es toda una virtud tener la capacidad de ponerse diferentes trajes en cuestión de minutos y saber también bajar la persiana en tu propia portería. Los centrales del Racing se hicieron enormes cuando más los necesitó su equipo y eso permitió al bando cántabro sumar un séptimo partido con la portería a cero. Y sólo ha jugado nueve. Con semejante logro, con marcar una vez vale para sumar tres puntos. Aunque sea de penalti.

Decía Iván Ania que el partido de ayer era el menos indicado para entrar al laboratorio y ponerse a hacer experimentos. Y cumplió. No habló para despistar y salió a jugar con un once inicial prácticamente idéntico al que, por otra parte, tanto trabajo le había costado ganar al colista siete días atrás. La única novedad fue la entrada de Rafa de Vicente y la apuesta no pudo salir mejor porque el medio centro andaluz fue el mejor futbolista sobre el terreno de juego haciéndose con el gobierno del par- tido, logrando que se jugara donde él quería que se jugara, dando sentido a todo lo que hacía y, además, hartándose a robar balones. Quien no le hubiera visto hasta ayer, ya que apenas se había dejado ver hasta la fecha, llegó rápidamente a la conclusión de que su equipo tiene un diamante en bruto.

Fue De Vicente quien comenzó a cambiar el partido, que amenazaba con convertirse en un ida y vuelta que avanzara a base de rebotes y segundas jugadas. Lo que sucedió en los primeros cinco segundos de partido ya fue sintomático y, en definitiva, el anuncio de cómo se irían desarrollando el juego en el primer cuarto de encuentro. Sacó el Barakaldo de medios, tanto Dani Segovia como Enzo se fueron con todo a la presión y el central local, sin medias tintas, envió el balón a Iván Crespo.

Fue mejor el Barakaldo de partida entrando mucho por la ban- da izquierda de Álvaro Barbosa. A Buñuel se le acumuló el trabajo quedándose sin demasiada ayuda porque, de hecho, quien también comenzó entrando como un cuchillo por su banda fue quien se hospedó delante del lateral navarro, un Nico Hidalgo que, aun- que parecía estar muy lejos de su entorno, jugó uno de sus mejores partidos como verdiblanco. Suyas fueron las primeras internadas peligrosas y suya fue la jugada que terminaría generando el penalti que marcó el partido y el resultado.

Comenzó sufriendo el conjunto cántabro pero sólo una vez intervino Iván Crespo en esos momentos en los que el juego directo del Barakaldo parecía marcar el camino. Para el Racing eran momentos de reconocimiento, de echar un vis- tazo a un césped que anunciaba problemas y que, sobre todo, parecía demandar un nuevo libro de estilo. Daba la sensación de que el manual a seguir en El Sardinero no iba a valer ayer, pero el equipo de Iván Ania salió a jugar como le gusta hacerlo en su campo. Se rebeló contra un destino que parecía marcado y ese atrevimiento tiene mérito y, en ocasiones, también recompensa. No quiso dejarse condicionar por el rival ni por el terreno de juego y, con el tiempo, puso orden a lo que sucedía sobre un verde cada vez más marrón.

Todo cambió a partir del minuto veinticinco. El Racing por fin fue capaz de bajar la pelota al irregular piso y dar más de cuatro pases continuados. A la vez que dio pausa y sentido a su juego, fue retrasando las líneas del equipo local, que poco atravesó la línea de medios en esos últimos veinte minutos de la primera mitad. Se vio ahí un gran Racing, un Racing que estaba dando lo mejor de sí en un momento clave de la temporada que debía marcar si va en serio o va de broma. Dejó claro que también se puede jugar con sentido cuando no lo parece sin olvidar nunca la intensidad necesaria para desenvolverse ante un rival como el Barakaldo. El primer paso es siempre igualar esa entrega y esa pelea y el conjunto cántabro dio la cara también en ese fútbol. Salió vencedor de duelos individuales, de segundas jugadas y de disputas. Sólo así se puede convertir al equipo de Aitor Larrazabal en una cosa tan pequeña.
Fue en esos momentos de inspiración al son que marcaba Rafa de Vicente cuando llegó el gol en una acción de estrategia. Es cierto que fue de penalti, pero éste lo provocó el Racing al sacar en corto una falta cercana al área. La acción, ensayada en una de esas sesiones a puerta cerrada, la inició Cayarga pasando el balón en raso junto a la barrera y por el lado opuesto a donde estaba la portería. Por ahí apareció Nico Hidalgo sorprendiendo a todos. Tanto es así, que sólo le pudieron parar con un penalti que, a priori, no parecía tener mucha discusión. Y quien lo marcó fue Dani Segovia dejando claro de nuevo, como ya hiciera ene Llodio, que el Racing tiene este año un auténtico especialista en la materia. El espigado ariete madrileño no sólo marcó ayer su quinto gol en cinco partidos, sino que se convirtió en un incordio constante para la retaguardia del Barakaldo. Tanto es así, que por momentos hizo temer que viera una segunda cartulina amarilla, pero se fue a tiempo, ya agotado por el esfuerzo, para dar su alternativa a Jon Ander, que comenzó escorado a banda para terminar en su puesto natural. El problema fue que no le llegaron balones porque, para ese momento, el partido ya era del Barakaldo. Nada que ver con lo visto entre el minuto 25 y el 65.

Tuvo Cayarga en sus botas la posibilidad de permitir que el Racing se marchara al descanso 0-2 al aprovechar una mala cesión del lateral derecho del Barakaldo a Viorel, pero el mano a mano lo solventó bien el portero cántabro. Después, en ese buen arranque de segundo tiempo, un fuerte remate de Nico Hidalgo y otro de Enzo cuyo rechace a punto estuvo de cazar Dani Segovia ya libre de marca, pudieron haber permitido acabar con el partido y ahorrarse el sufrimiento final, pero el 0-1 no se movió, la gasolina se fue acabando y el Barakaldo tocó a rebato. Ahí el partido fue otro.

Las dos bandas del conjunto cán- tabro acabaron con la lengua fuera, al igual que Enzo, Dani Segovia y Rafa de Vicente, que hacía meses que no jugaba noventa minutos tan exigentes. Y el equipo se fue viniendo abajo. Dos pérdidas consecutivas envalentonaron al Barakaldo y, a base de juego directo y de diagonales, fue consiguiendo que el Racing echara el culo atrás. Es cierto que le quedó la puerta abierta para matar la contienda con algún contragolpe, pero, para entonces, el equipo ya era demasiado largo y ni se encuentra cómodo siendo tan vertical ni tenía motor para ello. Menos aún, cuando Ania había tenido que gastar un cambio a los tres minutos por culpa de una lesión de Rulo con mala pinta. Todo apunta a que hay otro jugador roto.

Ese sufrimiento final aún dio más épica a un encuentro bajo la lluvia y sobre el barro. La sensación de acoso fue superior al peligro real que ge- neró el Barakaldo pero, en definitiva, sirvió para dar aún más valor a una victoria que lo tiene. De hecho, ver a los jugadores del Racing abrazarse como si acabaran de marcar un gol una vez que el árbitro decretó el final de las hostilidades habla bien de lo que había costado ganar aquellos tres puntos. Que nadie los minusvalore.

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