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El Diario de Cantabria

BETIS - RACING / COPA DEL REY

MUCHO CASTIGO

  • El racing quedó apeado de la Copa del Tey en el campo del Betis tras recibir un marcador demasiado abultado para lo visto en el campO
  • Fue mejor en el primer tiempo gracias a una presión alta que incomodó a su rivaLCaptura de pantalla 2018-12-07 a las 1.32.09
Jon Ander y Joel se vieron las caras continuamente ganando siempre los duelos el portero. / lof
Jon Ander y Joel se vieron las caras continuamente ganando siempre los duelos el portero. / lof

Nadie podrá decir que el cuatro a cero con el que terminó ayer el partido o el cinco a cero con el que culminó la eliminatoria fuera justo. El Racing no mereció semejante castigo porque miró a los ojos de su rival durante al menos 160 de los 180 minutos que duró la historia. Le sobraron los últimos veinte porque todo estaba ya decidido, el agotamiento asomaba y, con ello, el equipo también se rompió deseando que se acabara el premio copero. Hasta entonces, el equipo pilotado por Iván Ania incluso tuvo momentos en los que fue superior dando la réplica a un rival de talla continental a quien incomodó y a quien jugó como pocos le han jugado este año. No le esperó, sino que fue a buscarle sin dar margen a que nadie le acuse de haber sido osado porque ningún gol del Betis llegó tras superar la tremenda y adelantadísima presión cán- tabra, sino que dos surgieron en sendos penaltis, otros dos en otras tantas acciones a balón paado y el último por una geniali- dad de Lo Celso aprovechando que los racinguistas estaban ya con la lengua fuera.

Cambió Iván Ania su dibujo habitual para salir a jugar en el Benito Villamarín. Su prácticamente innegociable desde hace meses 4-2-3-1 lo convirtió en el 4-4-2 que trabajo durante todo el verano y con el que eStaba dispuesto a comenzar la temporada. Como en pretemporada, fueron Jon Ander y César quienes ocuparon la punta de ataque convirtiéndose en un incordio continuo para los tres centrales béticos. Supieron leer muy bien el partido, generar superioridades entre líneas y, sobre todo, buscar la espalda a los costados de manera infatigable sin que los defensores tuvieran nunca muy claro por dónde podían aparecer.

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Quien quizá más pagó este cambio táctico fue Álvaro Cejudo, que ya no está como para exigirle velocidad a su juego.

Le tocó arrancar desde banda derecha pero lo cierto es que nunca actuó como extremo. El carril diestro fue siempre para un Aitor Buñuel muy activo, muy presente más allá de la línea de medios y que, además, al contrario que muchos otros días, por fin fue capaz de sacar una buena colección de centros que, en la práctica, fue por donde más peligro fue capaz de generar el Racing. Porque éste tenía muy claro que por dentro iba a resultar muy complicado aunque, por otro lado, su mejor ocasión llegó por ahí, después de que Enzo le regalara una asistencia a Jon Ander que cruzó la línea defensiva permitiendo al vasco ganar la espalda de Mandi y plantarse solo ante Joel. Lo malo fue que el portero lo hizo muy bien, tapó bien el primer palo y, para cuando pudo rematar, al ariete apenas le quedaba ángulo para buscar el segundo, por lo que el cuero salió rechazado tras golpear en el meta.

Esa acción llegó justamente después del gol del Betis. Fue tras un cúmulo de infortunios que, en condiciones normales, debería matar a un equipo de Segunda B cuando sabe que está jugando en el campo de uno de Primera y que, en teoría, debería ser un cerdo camino del matadero, pero no fue así. Al contrario. Si minutos antes del 1-0 daba la sensación de que el conjunto cántabro había bajado una velocidad porque entendía que con el ritmo al que había comenzado iba a acabar asfixiado, tras ese gol volvió a mostrar su mejor cara, a enseñar esa presión adelantada que incomodaba a su rival y, lo que es más importante, a llegar una y otra vez. El Racing no se sentía ni mucho menos inferior y ese tanto en contra incluso minó su orgullo. Por eso fue a por el empate con todo.

El gol llegó a partir de un córner evitable. Lanzó Sergio CaNales una falta a 25 metros de la portería que llevaba tal peligro que Iván Crespo no se fió de que fuera a irse alto y por ello metió la manopla. No era necesario, pero no lo tenía claro y quiso asegurar. El saque de esquina que provocó lo peinó Sanabria en el primer palo y llegó al segundo, donde apareció Barra-gán. Primero, no queda muy claro si el balón lo da el jugador del Betis o si golpea en Buñuel. De lo que no hay duda es de que se iba fuera, pero, antes de hacerlo, golpeó en la mano de Jon Ander, que lo coló para dentro.

Mala suerte, pero no había tiempo para lamentaciones. Barragán ya había rematado un balón similar a los tres minutos de partido que atajó Iván Crespo en dos minutos, por lo que ya conocía que había una puerta abierta por ahí. Fue lo único peligroso que fue capaz de generar el equipo sevillano antes de adelantarse porque lo cierto es que no terminó de encontrar la manera de dejar patente sobre el campo su teórica superioridad.

El Racing se presentó en el terreno de juego con las ideas muy claras, habiendo apostado por dos perros de presa para iniciar la presión y adelantando todas sus líneas para que el trabajo de Jon Ander y César tuviera su respectivo acompañamiento y tuviera sentido. Y el conjunto cántabro lo hizo bien. Sabiendo que su rival nunca iba a enviar el balón en largo, se la jugó y hubo alguna acción en la que incluso metió a ocho de sus futbolistas (todos menos Óscar Gil y Buñuel) en campo rival sin tener la posesión. Pocos equipos este año se habrán atrevido a jugar así al Betis porque, en el caso de que salgan vivos de esa presión inicial, pueden ser imparables.

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El Racing lo hizo bien. Encimaba con intensidad a quien tenía el balón con la clara idea de, en cuanto lo robara, buscar con absoluta verticalidad el área rival. Ante todo, miraba a Enzo por la izquierda y a Buñuel por la derecha para intentar buscar después hacia alguno de los dos delanteros. Se echó de menos a Cejudo para realizar la conexión definitiva pero ayer estuvo un tanto desubicado.

Fue después del gol cuando llegaron las mejores ocasiones. Además de la citada de Jon Ander, éste mismo también mostró todas sus dotes de devorador del área al controlar un centro de Buñuel de espaldas en la frontal del área pequeña y totalmente rodeado de rivales y, aún así, ser capaz de trabajarse el espacio para girar sobre sí mismo y rematar con la zurda. Fue un gran movimiento que acabó enredando el balón entre las piernas y las manos de un Joel muy acertado siempre a la hora de que a los atacantes se les hiciera de noche. Mientras, por el otro lado, sólo un remate tan lejano como duro de Canales inquietó a Iván Crespo. Ni mucho menos el Racing se había merecido ir por debajo en el marcador al descanso.

Con todo, el golpe definitivo aún estaba por llegar. El 1-0 no cambiaba demasiado las cosas porque sólo servía para descartar la prórroga, ya que el Racing seguía necesitando dos goles para lograr la clasificación. Sin embargo, cuando llegó el segundo, la historia ya fue otra porque pasaba a precisar cuatro. Y aquello ya sí que era una misión imposible. Ese gol de penalti que anotó Sanabria a falta de media hora para el final mató la incertidumbre y, por lo tanto, mató tanto la emoción como la eliminatoria. El gol que acabó con la diversión llegó desde el punto de los once metros. Como el de Los Campos de Spot. Lo cometió Buñuel en el segundo palo en una de esas acciones indiscutibles pero que a menudo no se pitan. Los dos equipos habrían tenido argumentos para protestar hubiera hecho lo que hubiera hecho el trencilla. Y pitó. Fue Sanabria quien se encargó de la ejecución engañando completAmente a Iván Crespo.

Tras el descanso, Quique Setién había dejado sentado a Canales para que entrara Lo Celso. Perla por perla. Al Betis le sentó bien porque tuvo un mayor control en el centro del campo, lo que no quiere decir que el Racing bajara el pistón. No lo hizo. Ni siquiera tras el 2-0 que mató al pianista. Arrancó bien tras el descanso e incluso generó una inquietud importante primero con una buena conexión entre Cejudo y Jon Ander y después tras una enorme internada de Enzo hasta línea de fondo cuyo centro no encontró rematador. La maquinaria no se resentía ni echaba de menos más gasolina. No podía ser más digno.

Iván Ania reaccionó al segundo gol con un doble cambio. Entró De Vicente por Rivero para evitar que el desgaste hiciera el partido demasiado largo y Nico Hidalgo por Cejudo para que éste recibiera una ovación y buscando también la velocidad y la profundidad de un extremo que ya la lió en el Benito Villamarín el curso pasado defendiendo los intereses del Cádiz. Sin embargo, ayer ya no había margen para la heroica. Cuando él entró, sólo quedaba mantener la dignidad, que tampoco era poco.

Tras el 2-0, el conjunto cántabro mantuvo su fútbol incluyendo esa presión alta que no se guardaba nada. Nadie pensó en el Leioa ni con el partido terminado. Después llegaría un tercero por un desajuste defensivo al saque de un córner al primer palo, donde el Racing sufrió demasiado en la tarde de ayer. Lo anotó un Sergio León que ya hAbía marcado en Santander y que ayer lo hizo en el primer balón que tuvo. El conjunto cántabro ya se fue rompiendo con algunos jugadores ya con el piloto rojo. Inui y Lo Celso tuvieron dos muy claras y este último se acabaría aprovechando del desgaste visitante para firmar un gol de bella factura burlándose de Figueras en el interior del área. No se merecía el conjunto cántabro semejante castigo, pero así se escribe el fútbol.

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