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El Diario de Cantabria

RACING

Lujo después del barro

  • Cinco días después jugar en Urritxe, el Racing lo hará en el Villamarín.
  • Por un momento, aparcará las obligaciones de la Segunda B  
  • El campo del betis puede ser un lugar idóneo para que se reencuentre con su fútbol más vistoso
Jon Ander, tras marcar el pasado sábado con Iturraspe detrás de él. / O. Matxin
Jon Ander, tras marcar el pasado sábado con Iturraspe detrás de él. / O. Matxin
Lujo después del barro

La Copa del Rey permite a los equipos de Segunda B que llegan lejos vivir dos vidas paralelas. Son dos vidas que no tienen nada que ver la una con la otra, lo que obliga a los jugadores a cruzar dimensiones estelares que, en apenas cinco días, les lleva de jugar en Urritxe a hacerlo en el Benito Villamarín. Los dos escenarios están mucho más alejados de lo que dicen los mapas. No son del mismo mundo pero el Racing deberá adaptase tanto a uno como a otro. El primero ya lo libró y ahora le queda el segundo, que ya no responde al mundo de las obligaciones, sino al de las ilusiones.

Jugar en un sitio o en otro exige trajes y disfraces diferentes. No se juega a lo mismo en un lugar que en otro y, en ese sentido, a los hombres de Iván Ania les queda lo mejor porque su fútbol, en principio, se adapta mucho mejor al compromiso que se le viene encima el jueves que al que tuvo que superar con mucho sudor en la frente el pasado sábado. Ese día, volvieron a demostrar que no están cómodos en campos donde han de librar una batalla eminentemente física y sacar a relucir ese otro fútbol del que tantas veces se habla, sobre todo cuando uno está en Segunda B y ha de visitar campos y rivales similares.

El juego practicado por el conjunto cántabro en Amorebieta ha generado mucho debate pero lo que es irrefutable es el resultado. El Racing ganó 1-3 e incluso tuvo una oportunidad clarísima ya en el descuento para haber marcado el cuarto. Saldó el siempre complicado examen de Urritxe con nota sabedor de que no era una día para gustarse, sino para ganar, recoger rápido las cosas y volver a casa. Los hombres de Ania cumplieron y prefirieron no detenerse en análisis sobre el juego practicado porque, como el mismo técnico recordó en sala de prensa, el partido del pasado fin de semana no era de los que «se juega bien, mal, o regular, sino de los que se ganan, se empatan, o se pierden». Y ellos ganaron, por lo que hicieron lo que había que hacer con la certeza de que nadie se acordará de ese partido en mayo si las cosas van bien y de que no era un envite para asentar un juego al que dar continuidad durante toda la temporada. Era una prueba a superar y la superaron.

Los jugadores del Racing son conscientes de que en campos como Urritxe sólo se puede sobrevivir. Los mismos jugadores, con su capitán Iván Crespo a la cabeza, reconocieron a la salida del vestuario que físicamente eran «inferiores» a los futbolistas del Amorebieta y que por eso hay que entender que pierdan los duelos y las pugnas por las segundas jugadas. Es un reconocimiento un tanto curioso pero que deja en evidencia que el equipo ya sale un tanto condicionado a este tipo de campos para jugar con este tipo de rivales. No es algo, ni mucho menos, que sea nuevo. Sí lo es su capacidad para competir aún asumiendo esa supuesta inferioridad, ya que el Racing se había caído muchas veces en ese tipo de campos en los últimos años. Ahora no lo hace.

Para lo que ha servido el partido del pasado sábado, en el que el Amorebieta incluso mereció ganar, ha sido para alimentar la sensación de que el Racing está pasando por un mal momento de juego. No brilló en Tudela, tampoco lo hizo en su campo contra la Gimnástica y menos aún el pasado sábado en territorio vizcaíno. Sin embargo, su ritmo de puntuación sigue siendo espectacular. No se ha relajado. Así, desde que perdió en Gijón, acumula cinco victorias y un solo empate. Que todas las crisis sean así, podrá decir alguno.

Desde el Racing explican esa supuesta crisis de juego por las particularidades que han tenido que librar. Primero tuvieron que jugar en el Ciudad de Tudela, un campo siempre incómodo contra un rival siempre correoso. Después hubo que recibir a una Gimnástica bien metida atrás que apagó la luz creativa del conjunto verdiblanco y el pasado sábado jugar en otro escenario difícil, con un terreno de juego blando y ante un rival físico y con las ideas muy claras. El balance total durante dicha crisis es de siete puntos de nueve y unos rivales, a excepción del Barakaldo, que sigue ahí, más lejos en la clasificación. Lo cierto es que no es mala manera de pasar un mal momento.

La racha. En equipo sonríen con cierto sarcasmo cuando se les plantea la posibilidad de estar atravesando una crisis porque echan un vistazo a la clasificación y a sus números de récord y no entienden de lo que se habla. Tienen claro que ese fútbol que acompañó a las victorias hasta hace poco volverá cuando se dé el contexto adecuado y, en ese sentido, tienen el jueves una oportunidad de oro. Porque al Racing le va a tocar pasar del infierno al cielo en pocos días. Ya tiene olvidado Urritxe y ahora tiene ante sí la oportunidad de disfrutar de un partido en el Benito Villamarín contra el Betis. Además, acuden allí para disputar el segundo episodio de una eliminatoria de dieciseisavos de final de Copa del Rey que, además, todavía está viva. Es el momento ideal y el lugar ideal para librarse del barro de Amorebieta y volver a gustarse.

El jueves ya no habrá problemas de dimensiones, ni de estado del terreno de juego y, ni mucho menos, del juego primitivo del rival. El Betis es todo lo contrario al Amorebieta y eso lo puede aprovechar bien el conjunto cántabro para darse un lavado de cara, refrescarse y volverse a sentir identificado y a gusto con el fútbol practicado sobre el terreno de juego. Ni siquiera tendrá encima la presión del resultado ni la obligación de ganar. De hecho, todo eso lo tendrá el rival, por lo que los jugadores pilotados por Iván Ania cambiarán completamente su papel a desempeñar en la película respecto a lo que suele ser habitual.

El Racing tiene ante sí el jueves la oportunidad de dar la nota a lo grande. Partirá con un 0-1 de desventaja pero con la certeza de haber merecido mucho más en el partido de ida disputado hace poco más de un mes en Los Campos de Sport. Entonces, los de Iván Ania ya completaron un gran partido siendo, incluso, capaces de arrebatar el balón al Betis de Quique Setién, algo que pocos más pueden decir esta temporada. Aquel día sólo les faltó el gol aunque, cuanto menos, pudo servir como punto de apoyo a lo que sean capaces de hacer de hacer en el Benito Villamarín.

Está por ver cómo afronta el Racing el partido teniendo en cuenta que el domingo, apenas 72 horas después del compromiso copero, tendrá un difícil examen liguero ante el Leioa, que llegará como quinto clasificado y con la garantía de no haber perdido aún ni un solo partido a domicilio. Será otro encuentro duro en el que será importante que el conjunto verdiblanco se reencuentre con su mejor fútbol y, sobre todo, con esa capacidad de imponer ritmo al juego para acabar desarbolando al rival. Necesita recuperar sensaciones de equipo dominador y, aunque será complicado hacerlo en Sevilla, sí tendrá delante a un interlocutor que hablará un idioma semejante.

Jugar contra el Betis exige lo contrario que jugar contra el Amorebieta. En principio, hay que pensar que va a ser el equipo de Primera División quien va a tener el monopolio del balón porque, además, es lo que le gusta hacer. Sin embargo, el Racing ya fue capaz de disputárselo. El campo rival será más complicado pero, por otro lado, tampoco le viene mal al conjunto cántabro esperar a robar y salir rápido en busca de la remontada. De hecho, es así como dio la auténtica campanada hace cuatro años, cuando también fue a Sevilla con 0-1 en contra y terminó pasando la eliminatoria. 

El Racing está en disposición de soñar con lo que quiera porque llegará a la cita copera con unos números de récord. Su gran objetivo de la temporada está tan encarrilado como lo puede esta a estas alturas de curso y eso le permitirá, por encima de todo, disfrutar de la experiencia. Si a Urritxe fue a sufrir, al Benito Villamarín irá a expandir su nombre más allá de la Segunda B. Siempre hay un equipo de la categoría de bronce que da la nota y el de este curso quiere ser el Racing. Para eso, ya ha pasado página y pasará de jugar en un campo con una sola y pequeña tribuna para acoger a un millar de espectadores a jugar en un campo de Primera División, contra un equipo que está generando halagos a nivel continental y con las cámaras de televisión en directo, sin ningún otro partido que le contraprograme y a hora punta. Pude ser el momento de gustarse después de tanto barro.

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