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El Diario de Cantabria

RACING

Los porteros deciden

El Racing se queda con los tres puntos en juego ante el Bilbao Athletic gracias a un solitario gol de Quique Rivero que se comió el guardameta vasco. Iván Crespo salvó a los suyos con dos intervenciones de enorme mérito.

Los jugadores del Racing celebran el gol anotado por Quique Rivero. / J.R.
Los jugadores del Racing celebran el gol anotado por Quique Rivero. / J.R.
Los porteros deciden

Ganó el Racing 1-0. Y el mejor fue Iván Crespo. El salvador. El portero que da puntos. El hombre que siempre está ahí, a donde va dirigido el balón. Sin necesidad de volar ni de exhibirse. Parando en voz baja, sin aspavientos, ni gestos de celebración cuando salva a su equipo. Es el hombre de la capa, el mismo que consiguió que los jóvenes cachorros del Bilbao Athletic volvieran ayer a casa salivando, con más apetito que nunca y deseando la revancha. Porque tenían la certeza de que habían sido mejores, de que habían dominado el partido y de que habían tenido más y mejores ocasiones, pero perdieron porque Iván Crespo no estaba en su portería, sino en la contraria.

Los porteros lo decidieron todo. Los demás jugaron, pelearon, corrieron y se desangraron, pero todo se decidió bajo la portería. Si el portero del Racing hubiera sido ayer el del Bilbao Athletic, los tres puntos se habrían ido para Lezama. No hay duda. Porque el partido se decidió gracias a un solitario gol de Quique Rivero que se tragó el guardameta vizcaíno. El gigantón Hodei disfrutó ayer de su primera oportunidad para ponerse bajo palos al estar el habitualmente titular concentrado con la selección sub 21 y a su entrenador no le volverán a dar ganas de volver a alinearlo. Sólo tuvo que actuar una vez y se la tragó. De manera literal. En cambio, en la portería contraria Iván Crespo sacó dos balones que, en condiciones normales, habrían sido gol, pero él no es un portero normal de esta categoría.

Hubo dos partidos. Uno en el que el Racing fue mejor y otro en el que lo fue el Bilbao Athletic. Lo malo es que el primero duró sólo diez minutos. Lo bueno es que valió para que el conjunto cántabro marcara su gol y se quedara todo el botín. A partir de ahí, avanzó a base de chispazos, de algunas buenas carreras de sus extremos y, sobre todo, de intentar hacerse duro atrás. Y es cierto que los hombres de Viadero encadenaron su cuarto partido consecutivo sin encajar, pero también lo es que, sobre todo durante algo más de cinco minutos en el primer tiempo, la defensa volvió a convertirse en un despropósito de nervios y malas decisiones. Hay aún un parásito por destruir en los órganos internos de este equipo.

Salvo esos instantes fugaces de desorientación del primer tiempo, el Racing no sufrió demasiado antes del descanso. Fue el paso de los minutos lo que le terminó haciendo recular y ponerse a merced de un Bilbao Athletic que jugó desde el primer momento a un ritmo tan alto que a muchos les resultó imposible seguir. Viadero tuvo que hacer los tres cambios antes de lo que en él es costumbre al ver a muchos con la lengua fuera. Quiso reforzar la zona ancha e incluso meter a un jugador más por dentro dejando a Dani Aquino como una auténtica isla, pero ni aún así fue capaz de cortar la dinámica ofensiva de los rojiblancos. Éstos vieron a su presa herida y se fueron a por ella en una recta final de partido que duró demasiado. La sirena no sonaba para poner fin al recreo bilbaíno y los contragolpes, aunque los hubo, eran difíciles de aprovechar porque el campo ya se había hecho demasiado grande. El pitido final del árbitro fue un alivio tan grande como el peso que se había quitado el equipo de encima.

Comenzó bien el Racing. Viadero había puesto a jugar de inicio a Antonio Tomás para hacer pareja con Quique Rivero. El de Cartes completó buenos minutos en la primera mitad de partido, durante el tiempo que le duró la gasolina. Es de esos jugadores capaces de dotar de más sentido el trabajo de contención del medio campo. Éste, casi por vez primera esta temporada, acompañó en la presión a la delantera haciendo que ésta tuviera sentido de verdad. Ahí ya había un paso. Lo entrenado durante la semana era de verdad aunque no así la intención inicial de los laterales de sumarse al ataque. Apenas tuvieron oportunidad de hacerlo porque se les acumuló el trabajo en las inmediaciones de su propia área.

Héber jugó por la derecha y Álex García por la izquierda. Ha de ser duro para Óscar, uno de los jugadores más incisivos del Racing en este arranque de curso, verse de nuevo en el banquillo tras haber firmado buenas actuaciones. Ayer ni jugó. Es el mayor damnificado por el deseo de Ángel Viadero de dotar de confianza al ayer extremo izquierdo titular, que aún no ha hecho demasiado para ganarse un sitio en el once. Más aún, en un puesto donde había tanto nivel. Su entrenador le hace hueco sabedor de que, a base de minutos y confianza, le terminará dando mucho. El tiempo le dará o le quitará razón. Algo así le salió bien el curso pasado con Jagoba Beobide pero no con Israel Puerto.

Lo cierto es que el conjunto cántabro apareció en el campo transmitiendo buenas cosas, con un hambre descomunal y con algunas ráfagas de juego que recordaban a las de la campaña pasada. Ese buen punto de partida quedó interrumpido por un parón en el juego para atender a Juanjo, que sufrió un fuerte golpe en el pecho durante un forcejeo en el área. Tras aquello,  dio la sensación de que el Bilbao Athletic fue encontrando su sitio, pero entonces llegó el gol. Nació en banda izquierda pero tuvo continuación camino de la derecha por una hábil combinación entre Antonio Tomás y Quique Rivero. Este último se acercó al área por su parcela derecha y, aunque tenía la opción de prolongar la jugada hasta la posición de Héber, decidió lanzar a portería. El disparo no fue bueno, pero hizo que el balón botara justo delante del portero vasco y se lo tragara.

Al Racing le venía bien marcar tan pronto. Se quitó un peso de encima. Es consciente de que el personal se podía poner nervioso si pasaban los minutos y el marcador no cambiaba, pero los nervios llegaron de igual modo. Fue por el cúmulo de despropósitos en los que cayó el equipo a la media hora de partido. Todo comenzó por una serie de malas decisiones de Granero y Regalón que terminaron dejando a Asier Benito solo ante Iván Crespo. Mano a mano. No había nadie más. Se oía hasta el eco. Y el duelo lo ganó el portero cántabro salvando al conjunto cántabro no sólo de haber recibido el empate, sino también del bochorno generalizado por cómo se había producido aquella acción.

Eran minutos de nervios que generaron nuevos errores en campo propio. Fueron primero Gándara y después Aquino quienes fallaron a la hora de dar pases fáciles concediendo al rival nuevas ocasiones de gol. Había que huir de ahí y el Racing lo consiguió saliendo vivo de ese túnel por el mismo misterio que un gato cae de pie si se tira desde un tercero. La réplica tuvo que esperar al minuto 42, cuando un centro de Aquino al saque de una falta fue rematado de cabeza por Álex García logrando que el balón se fuera alto por bien poco. Lo malo es que el Bilbao Athletic ya se creía a pies juntillas que se podría ir de El Sardinero con algo que comer y, a pocos segundos del descanso, Vicente logró rematar desde la frontal verdiblanca con todo el sentido de la colocación del mundo después de que nadie lograra despejar el balón. Sabía que tendría que apurar mucho para superar a Iván Crespo y lo cierto es que el cuero se marchó rozando la madera del palo.

El Racing se fue entre suspiros de alivio al vestuario. Lo mismo le pasaría tras el final del segundo tiempo. Éste comenzó con una internada de Iñigo Muñoz, su interior derecho, al área culminado con un centro al que no llegó de milagro Benito. El balón se paseó frente a la portería sin que nadie quisiera rematarlo. Con todo, a pesar de que la sensación de superioridad rojiblanca fue a más durante la última media hora de partido, cuando el medio campo racinguista se cayó, la otra gran oportunidad de marcar por parte de los entrenados por Gaizka Garitano no llegó hasta el minuto 78, cuando el saque de un córner fue rematado por Andoni López en el segundo palo. El lateral estaba libre de marca en el vértice del área pequeña. Una locura. Remató de primeras y el remate fue bueno, pero mejor fue la parada de Iván Crespo. Tremendo lo del portero cántabro.

El Racing intentó sacar el cuchillo con alguna contra aprovechando que el Bilbao Athletic había adelantado filas. Parecía el momento idóneo para que disfrutara César pero aún está por ver la mejor versión del manchego, la misma que se intuyó en pretemporada pero que se mantiene escondida en temporada. Viadero reforzó a su equipo por dentro para luego salir a correr y quien llevó todo el peligro fue Héber, que volvió al partido cuando de nuevo se colocó en la izquierda. Ahí provocó otra acción de penalti que el colegiado no quiso ver y, a continuación, de nuevo arrancó la moto para dejar a dos defensores vendidos y terminar con un disparo que se le fue cruzado por poco.

A Héber no le pitaron ese penalti pero sí le pitaron supuestas faltas en las inmediaciones del área racinguista con las que acabó el partido. La amenaza del empate recorrió toda la grada de Los Campos de Sport como un fantasma que nadie quería ver. Pero no pasó nada. El Racing ha vuelto a ser ese equipo que apenas encajaba del año pasado y a partir de ahí pretende encontrar su deseada velocidad de crucero.

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