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El Diario de Cantabria

LA CONTRACRÓNICA

Limones añora su gorra

El portero del Mirandés sufrió durante todo el primer tiempo los rayos de un sol que le daba en la cara  os jugadores del Racing lo sabían y por eso le probaron de lejos. No vio venir a un César que le marcó un gran gol.

Cerca de mil aficionados racinguistas estuvieron ayer animando a su equipo en Anduva. / LOF
Cerca de mil aficionados racinguistas estuvieron ayer animando a su equipo en Anduva. / LOF
Limones añora su gorra

Ya no se llevan los futbolistas con bigote ni con pelos en las piernas. Tampoco los porteros con gorra. Antes era muy habitual, sobre todo en época primaveral o en aquellos campos a donde apenas llega el invierno. Siempre hay una portería donde el sol pega de frente convirtiéndose, de esta manera, en el gran enemigo de los cancerberos. De ahí que no dudaran en ponerse una gorra. Ande yo caliente, y ríase la gente. Es lo normal. Lo primordial ha de ser siempre hacerse con todas las herramientas legales posibles para ejercer bien tu función en el terreno de juego. Y una gorra puede ser básica y fundamental para ver un balón que, de otra manera, quedaría oculto por los poderosos rayos del sol. Sin embargo, es antiestética. Antes muerta que sencilla. No se lleva. Ni se lo plantean los porteros modernos. Menos aún, si toca jugar en Miranda de Ebro un 21 de enero. Hay una mayor probabilidad de que nieve que de ver el sol. Quizá por eso Limones, el guardameta del Mirandés, no la tiene en su taquilla del vestuario. Es una herramienta que creía prescindible, pero ayer la echó de menos.

No fueron pocas las ocasiones en las que se pudo ver al barbudo portero del equipo burgalés echarse su mano a la frente para que hiciera las veces de visera. Intentaba luchar contra el sol y era complicado ganarle o impedir que tuviera su propia participación en el partido. Era una imagen de impotencia que se habría resuelto con esa prenda antiestética pero efectiva. Quizá, hasta la echó de menos en el momento de recibir el gol de César, cuando vio aparecer a un jugador de la nada para que rematara a placer. Poco pudo hacer. Apareció de entre esa gran bola de luz que generó el astro rey, que vuela bajo a estas alturas del año. Le golpeó tan fuerte en el rostro que le cegó. Y, por muy bien que ande de reflejos, para cuando el portero del Mirandés quiso reaccionar, el balón ya estaba dentro de la portería.

El gol de César fue un golazo. Fue el tercero en tres partidos, lo que quiere decir que el atacante manchego está en racha. Y las rachas de los delanteros hay que exprimirlas. Por ahora, es imposible pensar que ni siquiera los recientes fichajes de Franco Acosta y Borja Lázaro, un futbolista que ha llegado para acumular muchos minutos, le vayan a quitar el sitio el próximo domingo para jugar contra el Sporting B. Sería impensable bajarle del barco ahora que se siente a gusto y está viendo portería. En Miranda aprovechó un enorme centro de Julen Castañeda tras una grada jugada de éste por su banda izquierda. La pelota llegó al corazón del área y, curiosamente, por allí no había jugadores de rojo. El error de marca de los zagueros del Mirandés fue enorme y aquello lo aprovechó César para sacarse un gran testarazo, un cabezazo de especialista en balones aéreos, algo que, en principio, no es él. Sin embargo, se elevó con claridad y marcando bien los tiempos para poner la pelota donde no la vio Limones, que en ese momento tenía más luz de la debida en su habitación.

Lo cierto es que era complicado imaginar que en Anduva se fuera a disfrutar del buen tiempo del que disfrutaron ayer los aficionados. La última visita del Racing a Miranda había sido tres años atrás, un 31 de enero del 2015 y en Segunda División. Qué bien se estaba ahí. Aquel día sí que respondió mucho más a la normalidad porque nevó. Los seguidores verdiblancos, que fueron alrededor de seiscientos, se convirtieron aquel día en héroes al aguantar el temporal sobre esa tribuna del fondo norte, donde no hay ningún tipo de protección.  Las manos congeladas y los pies todavía más. Ayer, sin embargo, no fueron pocos los aficionados del Racing que apostaron por la manga corta. Como si fuera verano, pero era enero. Invierno.

En problemas. Esa luz cegadora que llegaba del cielo la sufrió Limones cada vez que el Racing envió un balón en largo buscando el área. De pronto, perdía la señal y el radar ya no localizaba el asteroide. Eso lo vieron los jugadores del equipo cántabro y, sobre todo, el más listo de la clase. Aquino se encontró con una falta mediada la segunda mitad fruto de una falta cometida sobre Óscar cuando el de Renedo, que volvió a ser de los jugadores más peligrosos de su equipo también ayer en Anduva, fue frenado al correr un contragolpe. Éste nació gracias, precisamente, a un robo del propio Aquino, que no dudó en pedirse el saque de esa falta por muy lejana que estuviera. Parecía una locura lanzar a portería pero el murciano sabía que ayer contaba con el sol de su parte. Al menos, durante el primer tiempo.

Su disparo no fue ni demasiado pegado a los palos ni demasiado potente. Simplemente, fue a portería después de superar a la poblada barrera por alto. La pelota llegó mansa al centro de la portería y, en condiciones normales, aquello habría sido un trámite para Limones, que, además de tener una poblada barba y no usar nunca gorra, es un gran portero. Ya lo había demostrado en El Sardinero en el partido de la primera vuelta. Pero aquel tímido lanzamiento se convirtió en un gran problema para él. No vio venir la pelota porque el sol le cegaba y, cuando la vio, ya la tenía delante de sí. Por eso, lo único que pudo hacer fue quitársela de encima y regalar un córner al equipo rival.

El sol hizo que el primer tiempo se le hiciera muy largo a Limones. Y sólo a él porque, cuando arrancó el segundo y hubo que cambiar de campo y de portería, el sol ya se había marchado. Por eso Iván Crespo no lo sufrió cuando le tocó jugar justo delante de donde se agolpaba el grueso de los aficionados racinguistas. Se esperaba nieve o cuanto menos lluvia, pero hizo una buena temperatura. No hay quien entienda esto del clima. Tampoco no llevar una gorra porque quede feo.

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