19.08.2018 |
El tiempo
Domingo. 19.08.2018
El tiempo
El Diario de Cantabria

RACING DE SANTANDER

Insultante juventud

El Sporting B decidió el partido en apenas doce minutos siguiendo el mismo guión que seguía el Racing de los primeros ocho partidos del curso pasado. El equipo cántabro, desbordado, sólo levantó cabeza con el debut de Lázaro.

Granero y Dani Aquino tras una ocasión desperdiciada para acortar distancias. / J.R.
Granero y Dani Aquino tras una ocasión desperdiciada para acortar distancias. / J.R.
Insultante juventud

Lo peor de lo sucedido ayer tarde en El Sardinero no fue la derrota en sí, sino cómo y a qué velocidad se consumó. Se decidió en los primeros veinte minutos de partido, cuando un grupo de jóvenes futbolistas echó de su propio campo al Racing. Éste quedó desdibujado, tambaleado y prácticamente noqueado. Si en vez de ser un partido de fútbol se hubiera tratado de un combate de boxeo, el árbitro habría parado la pelea al ver que peligraba la salud y la integridad de uno de los dos contendientes. Llegó a Santander un buen equipo, una maquinaria que ha conseguido funcionar de memoria, y en apenas un cuarto de hora destruyó todo el proyecto racinguista. Los fichajes veraniegos que hubo en escena quedaron al descubierto mientras a un equipo que quiere mirar alto, ser líder e incluso ascender, se le vieron todas las costuras. Al final incluso pudo haber empatado y, de haber tenido un poco de fortuna, quizá hasta habría podido ganar, pero ese cuarto de hora siempre habría quedado ahí, como un recuerdo de que, a la hora de la verdad, las piernas temblaron.

Decía Mike Tyson que puedes haber estado cuatro meses preparando un combate, saltar al ring conociendo al rival mejor que a tu propia madre y tener clarísimo cuál es la estrategia a seguir para tumbarle o, cuanto menos, ganar la pelea, pero que, en cuanto recibes una buena mano, todo eso ya no vale para nada. Ahí empieza una historia bien diferente. Es lo que le pasó ayer al Racng. Lo que le suele pasar al Racing en cuanto recibe una mala noticia. Se desorienta y se va. Adiós. Hay de esperar un tiempo prudencial para que vuelva a haber señal, para que alguien responda al otro lado del teléfono y se pueda retomar la conversación.

Especialmente duro suele ser recibir esa primera mano en el primer asalto, cuando uno aún está frío y sin romper a sudar. Es ahí cuando un golpe que mediado el combate no tendría grandes consecuencias, puede echarlo todo abajo. El Sporting B lo sabía y, por esa razón, lejos de amilanarse por la importancia del evento, salió a morder desde el pitido inicial. Eso siempre supone un riesgo muchas veces visto sobre el ring: la del púgil que sale a jugársela y a vaciarse. Si tumba a su oponente en los primeros cinco actos, le habrá merecido la pena. De no conseguirlo, tiene todas las de perder en la segunda parte del combate porque se habrá quedado sin fuerzas. Al filial asturiano le salió bien. A los doce minutos, el Racing ya estaba sacando la bandera blanca y pidiendo a su esquina que tirara la toalla. Demasiado castigo. Lo peor, o lo mejor, a saber, es que aquello era fútbol y había que jugar hasta el minuto noventa. Y en el noventa y dos Julen Castañeda dispuso de un balón a placer para haber empatado el encuentro. Así de tremendo es el fútbol.

El Sporting B está formado por jugadores tremendamente jóvenes. La mitad del equipo tiene la veintena recién estrenada y todos ellos tenían muy presente su primer día de instituto y su primer afeitado. Buena parte de ellos viven con sus padres y habitualmente juegan en Mareo, ante unos pocos centenares de personas. Sin embargo, saltaron a un escenario como El Sardinero, que ayer tenía a 12.000 personas en las gradas, como si fuera algo que hicieran todos los días. Tenían una oportunidad enorme de sentirse como jugadores del primer equipo, que es el que habitualmente ha jugado en el campo del Racing, y la aprovecharon al máximo. Fueron ambiciosos, tenían ahí no sólo su presente, sino incluso su futuro, y fueron a por él. Se lo comieron. Saltaron al terreno de juego con el cuchillo entre los dientes y no hicieron prisioneros. Olieron sangre y mataron. En doce minutos, tenían el partido encarrilado y a su rival tiritando. Aquello fue un repaso tremendo.

Lo más sorprendente de lo sucedido en esos primeros veinte minutos de encuentro es que esos jóvenes futbolistas rojiblancos tenían delante a una buena colección de jugadores veteranos y con experiencia. Ahí estaban Iván Crespo, Córcoles, Regalón, Granero, Julen Castañeda, Antonio Tomás, Álex García, César, y Dani Aquino. Todos elllos rondan o superan la treintena. Han estado en mil batallas y, en principio, se las saben todas. Sin embargo, dejaron que un grupo de impetuosos, ambiciosos y, sobre todo, buenos futbolistas imberbes les pasaran por encima. Fueron incapaces de pararles dando la sensación de que eran ellos los personajes bisoños del cuento que jugaban por vez primera ante miles de personas.

Ni el Racing fue capaz de frenar el vendaval rojiblanco con el que comenzó el partido ni tampoco de cambiar el desarrollo de la historia, de cortarla en seco o de alterar el precipitado desarrollo de los acontecimientos. Fue Córcoles, un jugador que sigue jugando porque no hay otro lateral en el primer equipo (muy malo tiene que ser el del filial), abrió la caja de los truenos con un intento de despeje de cabeza propio de quien se siente superado por los acontecimientos. Le regaló al rival un balón en la frontal del área que le permitió demostrar que era capaz de convertir un error del contrario en una ocasión de gol en sólo tres rápidos toques. Habían pasado sólo unos segundos de partido y el Sporting B ya había metido el miedo en el cuerpo a todos.

Lo peor no fue que se lo metiera al aficionado, sino también a los jugadores. Porque los hombres de Viadero comenzaron a ser un cúmulo de nervios y, por tanto, de imprecisiones. Y todo eran regalos en un medio campo desaparecido y desarbolado. Preocupante, con vistas, sobre todo, a los decisivos partidos que (esperemos) están por llegar en primavera, fue ver superado a Antonio Tomás, un futbolista llamado a ser clave y a dotar de sosiego, pausa, equilibrio y contención a la zona de creación racinguista. El Sporting B jugó esos minutos a otra velocidad y a otro ritmo al que no llegaba el de Cartes. El bando asturiano parecía estar en otro mundo. Se adelantaba a pases racinguistas que no encontraban su destino y fue así cómo se encontró con dos goles nacidos en otras tantas concesiones.

El equipo asturiano decidió el partido jugando como le gustaría a Viadero que jugara su equipo. De hecho, el Sporting B hizo ayer con el Racing lo que éste hacía con sus rivales en las primeras ocho jornadas de la temporada pasada, cuando parecía que estaba fuera de categoría y mataba a sus rivales en diez minutos de inspiración. Eso es lo que hizo ayer el filial. Y lo peor es que el conjunto cántabro ya estaba advertido de las virtudes de su oponente. Su mismo entrenador lo había destacado en la previa, pero en cuanto recibió el primer golpe, se le hizo de noche. Como había previsto Mike Tyson.

Fue Traver, el extremo izquierdo (la banda de Córcoles) del Sproting B quien marcó los dos goles. En el primero, cogió un balón en la esquina del área y firmó un remate con toda la intención del mundo de enviarlo a donde fue por mucho que llegara a su destino gracias a un rebote. De nada sirvió la estirada de Iván Crespo. El segundo gol ya fue de vídeojuego; el sueño húmedo de Viadero. La enésima pérdida de balón en campo propio hizo que Isma Cerro se hiciera con la pelota. Ésta llegó rápidamente hasta el ‘nueve’ rojiblanco, el espigado Claudio Medina, que se coló en el área hasta que, llegando a línea de fondo, centro un balón raso que llegó al área pequeña, donde el ‘once’ asturiano marcó a placer.

Tras el 0-2, Viadero mandó calentar a Borja Lázaro y a Gándara. El primero entró a la media hora de partido para pasar al plan B: balones a la olla. El segundo entraría tras el descanso para que Granero pasara al medio campo. Tan desbordado vio su entrenador a Antonio Tomás que prefirió sacrificarle a él en vez de a Sergio a pesar de que éste tenía una amarilla, lo que lastraba mucho la posibilidad de frenar las veloces y mortales contras asturianas. Con ambos movimientos cambió el Racing y cambió el partido. Sobre todo, con el primero de ellos. La entrada del delantero madrileño hizo que el propio Racing entrara en el partido.

Antes de que debutara el fichaje invernal, Granero ya había tenido en su cabeza la oportunidad de acortar distancias, pero su testarazo fue desviado por Dani Martín, que ayer confirmó que el Sporting B también tiene el gran portero que ha de tener todo aquel equipo que aspira a grandes cosas. Sin embargo, aquello no tuvo continuidad. Comenzó a tenerlo con la entrada de Lázaro, cuando el Racing tuvo ya una referencia a la que mirar sacrificando el juego elaborado por el que quiso inútilmente apostar de partida. Su rival no le dejó ejecutarlo.

El conjunto cántabro tuvo ocasiones para haberse ido con al menos un gol al descanso, pero también el filial de haberse marchado con una ventaja mayor tras un remate que se fue cruzado de Isma Cerro tras fallo de Julen y otro de Claudio tras error de Granero al intentar despejar. Sobre todo, cuando, recién entrado Lázaro, el Racing dispuso de hasta cuatro remates en una misma jugada que fueron despejados por la zaga rojiblanca casi sobre la línea de gol. Uno detrás de otro. Poco después, un activo Aquino, que se resistía a ver cómo un filial se imponía de semejante manera en El Sardinero, firmó un remate acrobático que volvió a desviar el portero asturiano.

El gol debió haber llegado en el primer tiempo, pero llegó en el segundo. Fue de Borja Lázaro, el hombre que lo hizo todo: debutar, marcar y ser expulsado. En los más de cincuenta minutos que estuvo sobre el césped, dejó claro que se puede poner las botas en esta categoría. Mostró una enorme calidad para bajar melones del cielo y, además, convertirlos en un pase fácil o en el inicio de una rápida acción ofensiva y, además, marcó con un remate en la frontal que se envenenó al dar en un rival. Lo malo fue que, más allá de esa acción y de esa ocasión final de Julen para haber empatado, el Racing no hizo mucho más para meterse de verdad en partido durante los segundos 45 minutos.

Intentó salir con otro aire del vestuario, pero la realidad no le permitió avanzar. El Sporting B cambió su impulso juvenil por el de equipo serio que veía pasar los minutos sin que su oponente le hiciera daño. Juventud y madurez. Todo mezclado en un grupo de veinteañeros. El equipo perfecto. La última bala de Viadero fue dar entrada a Héber para ver si se le encendía por fin la luz y lo cierto es que estuvo más inspirado que en partidos anteriores. De hecho, esa última ocasión de Julen nació de un enorme centro suyo.

Comentarios