14.12.2018 |
El tiempo
Viernes. 14.12.2018
El tiempo
El Diario de Cantabria

RACING - GIMNÁSTICA

GOLPE DE MANO

El Racing se llevó el derbi gracias a un solitario y polémico gol de Óscar Gil. La Gimnástica logró incomodar al equipo local en el primer tiempo pero le faltó decisión para ir a por el empate en un segundo, en el que fue mejor. 

Acción de la que surge el gol del Racing. / J.R.
Acción de la que surge el gol del Racing. / J.R.

No fue la mano de dios, pero sí la de Óscar la que terminó decidiendo el primer derbi en más de un cuarto de siglo. O quizá no. Es difícil saber en qué golpeó ese balón procedente de un saque de esquina para que se terminara convirtiendo en el único gol del partido. Lo cierto es que en ese tumulto que se formó en el primer palo había más ma- nos que cabezas y que viendo las imágenes una y otra vez parece que la pelota no tocó pelo. Y es verdad que había un calvo, pero era el más bajito de todos. Quizá aquello no tuvo que subir nunca al marcador, pero ni las protes- tas fueron demasiado airadas ni se puede decir que la mano fuera clara y que, además, fuera de un jugador del Racing. Al final, lo único importante es que subió al marcador y que toda esta historia dará pie a que se hable mucho tiempo de ello. El debate y la polémica también han de ser ingredientes de todo derbi y al de ayer no le faltó casi de nada. Para lo que a buen seguro habrá servido es para iniciar la cuenta atrás hacia la segunda parte de la historia, que ya no será en El Sardinero, sino en El Malecón. Y quizá allí la cosa cambie. O no. A saber.

Suele ser costumbre que en los derbis haya poco fútbol vistoso y el cántabro cumplió con ello. Y es que, no se puede decir que fuera un partido divertido y ni siquiera contó con demasiada incertidumbre porque a la Gimnástica le costó trabajo generarla. Mientras el duelo estuvo empatado, contó con intensidad y con dos teorías futbolísticas discutiendo sobre cuál de las dos era más válida y efectiva. En ese sentido, se jugó más como quiso el equipo del Besaya porque el Racing no fue demasiado reconocible. De hecho, quizá fue su peor partido en El Sardinero desde el debut ante la Real Sociedad B. Por eso es posible que haya muchos entrenadores que vean una y otra vez el vídeo de lo sucedido ayer en Los Campos de Sport y descubran que levantar una férrea muralla frente a tu propia área sea la mejor manera de intentar sacar algo positivo de allí. Con todo, lo cierto es que a Pablo Lago y a los suyos tampoco les sirvió para mucho porque se fueron de la misma manera que se han ido todos los equipos que han pasado hasta la fecha por la capital cántabra: con cero puntos. Nada.

Ninguno de los dos entrenadores inventó nada ni se sacó ningún conejo de la chistera. Los dos actores de la película dieron vida a personajes bien reconocibles y perfectamente desarrollados. Así, el guión de la película se desarrolló tal y como estaba previsto. Sin sorpresas. Uno salió con intención de defender lo que el juego le concede de salida y el otro cogió escuadra y cartabón para encontrar la manera de abrir una lata que no se mantuvo cerrada el tiempo sufi- ciente para que el partido que se había imaginado Pablo Lago comenzara a tener sentido. El paso de los minutos debía correr a su favor pero todo se le vino abajo a diez para el final del primer tiempo. Fue entonces cuando el Racing marcó y cuando la Gimnástica se quedó sin argumentos. No tuvo plan B y acabó diluyéndose sin ser capaz ni tan siquiera de poner suspense al partido. Es cierto que dominó durante la segunda parte, pero fue un dominio inerte. No sirvió para mucho.

El encuentro se desniveló de la mejor manera que se desnivelan este tipo de partidos en los que un equipo se atrinchera e intenta que pasen pocas cosas en el campo: a balón parado. Los dos sabían bien que la estrategia tenía muchas cartas para ser decisiva y por eso, por ejemplo, se celebraban los córners a favor de la Gimnástica como si de goles se tratara y se lamentaba por par-te de ambos banquillos la concesión de faltas laterales o esos saques de esquina que podían alterar la rutina que parecía llevar el encuentro.

El Racing arrancó disfrutando de dos faltas cercanas al área consecutivas que fueron seguidas por un córner. En ocho minutos, ya habían disfrutado de tres acciones a balón parado y en 16 de seis. Sin embargo, la productividad de todas ellas fue nula. No conseguían los hombres de Ania sacar fruto alguno de la estrategia hasta que, cuanto menos, en el último de ellos acabó Jordi Figueras voleando dentro del área y quedándose cerca de engordar aún más su cuenta goleadora, que se antoja poco acor- de a un defensa central.

Fue más allá de la media hora de partido, a falta de diez minutos para irse a descansar, cuando por fin encontró el equipo verdiblanco lo que estaba buscando con tanta insistencia. No fue fácil ver lo que había suce- dido allí pero, al ser Óscar Gil quien se puso a celebrar el gol, todos los presentes se lo conce- dieron a él. Muchos vieron mano, pero el árbitro no, así que dejó las cosas como estaban y le dio el gol al central, que pasó a ser, de esta manera, el héroe racinguista que marcó el gol decisivo del esperado partido contra la Gimnástica. No es mala recompensa para un jugador que está completando unas actuaciones tremendas y casi perfectas y que pasan desapercibidas porque es de esos jugadores que se valoran más cuando no están que cuando están.

El gol mató a la Gimnástica. Se le vino abajo todo porque el equipo del Besaya demostró no tener un plan B demasiado bien definido y, sobre todo, en el que creyera. Y eso es tan preocupante como peligroso. Tiene mucho sentido que haya apostado por resguardarse bien frente a su propia área porque, de hecho, los resultados y el cambio de tendencia firmada desde en- tonces hablan por sí solos, pero dio la sensación de que ayer le faltó decisión a la hora de intentar ir a por el Racing. Adelantó líneas en el segundo tiempo y comenzó incluso generando peligro y aprovechándose de unos espacios extraños, pero no sacó partido de ello. Se fue el equipo del Besaya con el orgullo de haber estado vivo hasta el final y de haber competido, pero lo cierto es que transmitió la sensación de faltarle algo.

El planteamiento de la Gimnástica logró incomodar a un Racing que no supo muy bien qué hacer con semejante muralla encima. Si algo demandaba el planteamiento de su rival era ritmo y mover la pelota de un lado para otro, pero no lo consiguió. Su juego no fue fluido y no estuvieron demasiado finos ahí ni Sergio ni De Vicente, que a veces pecaron de verticalidad cuando el encuentro exigía un poco más de horizontalidad. Quisieron buscar demasiado rápido a los futbolistas que debían romper la retaguardia gimnástica pero lo cierto es que apenas los encontraron. Cejudo y Enzo casi no participaron y Nico Hidalgo apenas entró en acción en el primer tiempo. Mientras, Dani Segovia se peleaba con los tres contundentes defensores blanquiazules y, aunque el equipo llegaba, no lo hacía con peligro. 

La Gimnástica no aprovechó esa incomodidad. Quizá esperó a hacer- lo en el segundo tiempo, cuando se fuera incorporando la ansiedad al equipo obligado a ganar, pero para entonces ya había encajado un gol y el partido había cambiado. Era otro. Quizá también la Gimnástica tuvo en todo momento en mente la fortaleza física de su contrincante y la capacidad que tiene de hacer mucho daño en los minutos finales de cada periodo, pero no se puede jugar con el freno echado ante el Racing. Al menos, si se le quiere hacer verdadero daño.

A pesar del monólogo racinguista con el balón, lo cierto es que no hizo trabajar al portero rival más que hasta el segundo tiempo. En el 16 sí estampó un balón al palo al botar un saque de falta que nadie remató ni despejó, lo que acabó despistando a Álex, pero lo cierto es que el único que intervino fue Iván Crespo. Lo hizo después de una gran acción individual de Cagigas, ayer quien más inquietó a la retaguardia verdiblanca, que, aún así, detuvo bien y seguro el capitán verdiblanco.

Acciones así eran latigazos de una Gimnástica que lo fiaba todo al balón parado. Si no era en estrategia, no creía en sus posibilidades. Al menos, esa impresión mostró. Ni siquiera cogió el cuchillo cuando el Racing apareció en el segundo tiempo un tanto desorientado y con la impresión de saber que ya había hecho lo más difícil y que el partido estaba encarrilado. Y así era. A pesar de que el equipo de Torrelavega dio la impresión de estar mejor, la cosecha fue la misma: un nuevo latigazo de Cagigas que, en esta ocasión (minuto 52) se fue ligeramente cruzado. Mientras, el paso de los minutos fue notándose en el equipo visitante, que, al adelantar un tanto sus líneas, también dejó espacios que invitaron a pensar que estaba mucho más cerca el segundo gol que el primero.

Apareció Enzo, que inició una larga acción individual que no pudo culminar pero que sí generó una jugada que terminó rematando muy bien Jon Ander, que había entrado para sustituir a Dani Segovia. También había entrado Cayarga por Nico Hidalgo y éste firmó un lanzamiento de falta con el tiempo ya cumplido que superó la barrera, que se fue directo a la escuadra y que abortó el portero gimnástico enviando el balón a córner. Fue, en definitiva, un segundo tiempo sin demasiada incertidumbre. Y cuando un deporte, sea cual sea, pierde este ingrediente, pierde también mucho sentido. Y éste hubo que darlo, sobre todo, desde la grada. Ahí sí que estuvo bonita la cosa.

Comentarios