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El Diario de Cantabria

RACING

Entre barrotes

El racing estrena el año 2018 perdiendo en Getxo. Comenzó bien pero se fue al descanso cayendo 2-0 por su incapacidad para ser poderoso en ambas áreas. Un gol de César dio esperanzas pero éstas no tuvieron continuidad.

En la jaula de la tercera de Mad Max, esa en la que aparece Tina Turner en su mejor momento, sólo podía quedar uno. También en la que montaban los estrambóticos luchadores de ‘Pressing Catch’ una vez al año, donde metían a muchas estrellas entre rejas para que se dieran de golpes hasta que sólo quedara uno de pie. En la de Getxo no suele suceder eso. Lo normal es que los dos contendientes terminen vivos porque lo habitual es firmar tablas. Ni para ti ni para mí. Sin embargo, ayer sí que solo quedó uno. Fue el Arenas, el equipo que jugaba en casa y quien mejor conoce los secretos de un campo que, al final, tampoco fue decisivo para el resultado final. Viadero no quiso utilizarlo como excusa preventiva y se quedó sin motivos para hacerlo después de una contienda que supuso un tremendo revés para un Racing que no mereció un golpe tan duro.

En un escenario donde apenas suele haber goles, el conjunto cántabro recibió tres. Un mazazo. Más aún, cuando no se mostró inferior a su contendiente durante buena parte del choque y, más aún, cuando el gran rival a batir (al menos en teoría) en esta segunda vuelta estaba perdiendo en casa. La derrota del Mirandés puede invitar a pensar en el desperdicio de una oportunidad, pero también en la realidad de un mal menor. Si los de Alfaro llegan a ganar ayer, quizá habría que haber empezado a hablar de otras cosas y de otros objetivos. La segunda mitad del campeonato, nada más empezar, se podría haber convertido en un artefacto peligroso. Ahora, simplemente sigue en estado de espera sin saber muy bien qué es lo que espera el equipo.

El Racing perdió por un error de concentración imperdonable, por un gol en propia puerta y un tercero cuando quiso arriesgar y se suicidó. El cambio de sistema impuesto por Ángel Viadero no sólo no funcionó, sino que enloqueció a sus hombres, los hizo vulnerables y los dejó a expensas de un golpe de fortuna que, en verdad, tampoco llegó a buscar. El entrenador cántabro se echó al monte tras alcanzar la certeza de que, si dejaba al partido mantener la rutina que estaba llevando, iba a acabar condenado. Necesitaba que pasaran cosas para tener una opción de consumar la remontada y por eso dibujó un 3-4-3 que se convirtió en un chollo para el conjunto local.

Hasta ese momento, el Racing había avanzado durante el segundo tiempo monopolizando el balón pero no el control del partido. Éste lo tenía el Arenas por mucho que tocara menos cuero. Tampoco lo necesitaba porque había hecho previamente los deberes marchándose al descanso con un premio que ni mucho menos había merecido. Le había tocado la lotería sin apenas haber gastado dinero mientras que el conjunto cántabro, que salió con intención de invertir buena parte de su capital, se volvió a encontrar con su incapacidad para mostrarse poderoso en el área rival.

El Racing no es un equipo pegador. Eso ha quedado acreditado. No noquea a nadie, sino que gana sus combates a los puntos. Eso obliga a llegar habitualmente a los doce asaltos y a la decisión de las cartulinas de los jueces, pero para salir victorioso de esa manera hay que hacer muchas cosas bien. Aunque tus golpes no duelan, al menos has de conseguir que los del rival tampoco. Que ni pegue. Y ahí radicó el pecado del Racing ayer. No sólo estuvo mal en el área contraria, sino también en la propia, por lo que volvió para casa habiendo recibido tres goles, algo que sólo había logrado el Sporting B esta temporada y el Barça B la pasada. En verdad, los azulgrana incluso marcaron cuatro, pero mejor olvidar aquel desastre.

Lo peor es que ayer el Racing entró bien al partido. No tuvo miedo a la jaula de Gobela. Incluso se enfrentó a ella y Ángel Viadero sorprendió alineando a Quique Rivero en el medio campo junto a Antonio Tomás, lo que empujó a Sergio al lateral. Aquel movimiento iba aparejado de un mensaje que decía que el conjunto cántabro no se iba a encomendar al pelotazo y a la segunda jugada, sino que iba a intentar buscar espacios sin saltarse la fase de creación. Y lo cierto es que comenzó moviendo la pelota rápido y haciendo que llegara a las bandas. De hecho, en sólo tres minutos ya trazó una enorme jugada nacida en las botas de Aquino, continuada en las de Óscar y culminada en las de Juanjo que bien habría merecido terminar en gol.

La reputación del campo del Arenas decía que allí no se puede jugar a nada pero lo cierto es que el Racing estaba encontrando el camino de los espacios. También a balón parado, ya que el saque de una falta escorada por parte de Aquino a punto estuvo de sorprender a Pablo Fid, el portero que ayer ocupó la portería del Arenas en lugar del veterano Txemi, que comenzó el partido en el banquillo. El murciano parecía inspirado, el equipo estaba a gusto e incluso se sentía superior. Parecía que podía ser una buena tarde, pero entonces llegó un despiste que alguien que quiere mirar tan alto y que tanto quiere y debe remontar no se puede permitir.

Ya tres minutos antes del gol que rompió la igualada inicial, que fue en el ocho, Julen Castañeda se había dormido a la hora de despejar un balón que llegaba plácidamente hacia él. El vasco intuyó que el despeje iba a ser cosa de un mero trámite burocrático pero le ganó la partida Luisma elevándose sobre él y, de cabeza, quedarse cerca de sorprender a Iván Crespo. Aquello fue sólo el preludio de la siesta que se echó Sergio cuando se quedó parado mientras veía venir un balón por alto hacia sus dominios. Lo esperó pero el balón no le esperó a él. De pronto, apareció Aitor Ramos para despertarle echándose en plancha y marchando un auténtico golazo que lo alteró todo.

El Racing pasó de estar cómodo a estar incómodo e inseguro. El partido cambió. El Arenas se fue haciendo más fuerte aunque tampoco llegaba a ningún sitio. Se trata de un equipo que, hasta el día de ayer, había marcado sólo nueve goles en su propio terreno de juego, por lo que lleva dentro unas carencias que debían quedar expuestas. Si el primer gol lo puso en bandeja la indolencia de Sergio para no ver venir a su oponente con el cuchillo entre los dientes, el segundo se lo marcó el conjunto cántabro directamente en propia puerta. Botó un córner el bando local y Dani Aquino, que tiene el gol en la sangre, cabeceó dentro de su propia red en vez de a la dirección correcta. Aquello sucedió a sólo dos minutos del descanso. Todo un mazazo. Sin hacer nada del otro mundo y sin tan siquiera mostrarse como un equipo rocoso y duro, el Arenas se llevó a vestuarios un botín que le cogió por sorpresa. Y estaba dispuesto a defenderlo como fuera.

Poco antes de ese segundo gol, una falta botada por Luisma ya había puesto en serios problemas a Iván Crespo. El cántabro, que tiene todo un guante en sus pies (¿no podía hacer en el Racing la función que hacía Santi Jara el curso pasado?) fue todo un incordio para el equipo en el cual se formó. Sobre todo, en un segundo tiempo en el que dispuso de golpes francos que hicieron que el portero racinguista jugara con fuego y en el que firmó acciones que sumaban a su productividad. Disfrutó como nadie con la defensa de tres del equipo verdiblanco y él mismo fue quien inició la acción del 3-1 final. Con la decisión que habitualmente enseña Héber pero que ayer quedó escondida, Luisma se coló en el área racinguista yéndose de dos rivales pero retrocediendo después al quedarse sin ángulo de disparo. Lo que hizo entonces fue retrasar el balón a su compañero Cristóbal, que centró de primeras para que Uranga rematara a gol. Fue un gran gol que culminó una tarde mediocre.

Fue un segundo tiempo casi simétrico. Comenzó con el gol de César y terminó con el de Uranga. Viadero había respondido al 2-0 con el que se llegó al descanso con un doble cambio. Entró el manchego por un Juanjo participativo y creativo pero poco peligroso y Álex García por un Héber sin hambre ni ojos rojos. El de Beranga no mejoró al gallego mientras que el de Albacete, cuanto menos, estuvo donde ha de estar un delantero. El primer balón que tocó fue para rematar a gol un certero centro de Óscar, que ayer sacó de quicio a Royo, el lateral izquierdo del Arenas. El cántabro ganó prácticamente todos sus duelos, algunos de manera brillante, y sumó una asistencia para su buchaca después de que él mismo recibiera un preciso balón de Quique Rivero. El cabezonense incluso tendría su propia oportunidad para haber marcado cuando, tras una de esas grandes acciones de Óscar, recibió un certero pase de Sergio para ser rematado desde la frontal. El medio centro de Cabezón lo hizo pero el cuero se marchó lamiendo el palo.

Dio la impresión de que el partido podía cambiar, de que el Racing podría haber encontrado la tecla adecuada y comerse a su rival, pero éste no se dejó devorar. Dejó pasar la tempestad hasta conseguir que el ímpetu se quedara sin llama. El tiempo apaga la pasión y lo hizo con la de un equipo verdiblanco que se fue convirtiendo en una cosa plana que no iba demasiado lejos. Por eso Viadero entendió que se la tenía que jugar metiendo a Pau para ver si conseguía sumar profundidad y, sobre todo, presencia en el área rival. Pero la maniobra no funcionó. El equipo se desequilibró y el Arenas supo jugar muy bien contra esos espacios. Lo más importante cuando una defensa queda tan expuesta es ser preciso con el balón para no generar contragolpes, y ahí radicó, precisamente, el pecado racinguista.

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