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El Diario de Cantabria

CAMPO VIZCAÍNO

El Vitoria, un equipo raro

El equipo alavés es filial del guipuzcoano Eibar y entrena en el campo del vizcaíno Iurreta. En sus filas volverá a el sardinero Sergio Camus, que acaba de salir de una lesión.

Imagen del partido de la primera vuelta disputado en Vitoria. / LOF
Imagen del partido de la primera vuelta disputado en Vitoria. / LOF
El Vitoria, un equipo raro

El Vitoria es el filial del Eibar y entrena a diario en Iurreta, una localidad cercana a Durango, a medio camino entre Bilbao y la localidad armera que está disfrutando de la Primera División tras toda una vida entre Segunda y Segunda B. Sólo acude a la capital vasca para jugar en un campo prestado, por lo que, lógicamente, se trata de un club y un equipo sin aficionados. A ver los partidos van los padres de los jugadores, eminentemente jóvenes, y pocos más. Es un equipo raro. Cosas del fútbol moderno.

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El Club Deportivo Vitoria tiene 75 años de historia. No es un ser improvisado nacido antes de ayer, sino que tiene su propio relato, que comienza a mediados del siglo pasado. Durante todo este tiempo y hasta el presente curso, sólo había pasado de manera fugaz por la categoría de bronce del fútbol español. Sólo dos veces, siempre bajo la denominación de Tercera División porque hacía mucho tiempo de aquello. Ahora se llama Segunda B.

Así, la fase de ascenso que disputó la temporada pasada para volver a alcanzar su techo histórico fue todo un acontecimiento, la oportunidad de volver a tocar el cielo con las manos para unos pocos fieles acostumbrados a pelear por los barros de preferente. Sin embargo, el playoff no se jugó en Vitoria, sino en Eibar. El motivo de semejante situación es que el Vitoria es filial del Eibar desde el año 2015, apenas unos meses después de haber roto su convenio con el Alavés.

El club armero lo vio como una posibilidad de poner una pica en la provincia del sur y aumentar así su red de captación y el alavés como una posibilidad de crecer, fortalecerse y, sobre todo, engordar sus categorías inferiores, que es a loque siempre ha dado prioridad. Ese movimiento cayó mal en la entidad futbolística de referencia en Álava, hoy equipo de Primera División que incluso disputó la final de Copa del pasado año. De hecho, éste incluso se ha distanciado del Eibar como en su día lo hizo del Athletic, que llegó a contar bajo su mano con otro club importante en la capital vasca como el Aurrera de Vitoria. Ahora éste está bajo el paraguas alavesista. Es el mercadeo de los clubes pequeños buscando salvavidas más arriba que, a la vez que les dan sustento, también les ponen techo.

El Club Deportivo Vitoria logró el ascenso tras su segunda temporada de matrimonio. Con la vuelta a la normalidad y a la fase regular, el equipo alavés volvió a casa. Y buscó otro campo, ya que hasta el verano pasado estuvo jugando sus partidos como local en Langraitz, el habitual campo del Arrate. Lo encontró en Olaranbe, unas instalaciones municipales que habitualmente son utilizadas por el Aurrera de Vitoria. Esto fue usado por el Alavés para torpedear a su club vecino. De hecho, denunció públicamente que un equipo que es filial de un club guipuzcoano estuviera usando unos terrenos de juego que son pagados con los impuestos de los alaveses y de los vitorianos. Joxean Querejeta, el hombre que rige los designios tanto del Baskonia de baloncesto como del Alavés futbolero, se mueve bien en este tipo de terrenos y lo ha usado para mantener su guerra con el que hoy es segundo equipo armero.

El Vitoria rompió con el Alavés en octubre del 2014, cuando el primero de ellos pidió mayores compensaciones a cambio de seguir siendo convenido de la entidad albiazul. Ésta se negó a ello para no variar su política de convenios, que establece diferentes niveles en función de la estructura y de los equipos de cada entidad. Cuenta con una cuarentena de clubes convenidos y al Vitoria le correspondía el tres, que constaba del regalo de entradas para Mendizorroza y la formación de técnicos y entrenadores.

El rival de hoy del Racing pidió dar un paso más pero la entidad alavesista se negó. «En un convenio, ambas partes deben salir beneficiadas y en nuestro caso consideramos que estar convenidos en algo que no nos va a aportar nada no nos sirve. Respetamos la forma de trabajar del Alavés, pero preferimos seguir por nuestra cuenta», explicaron los dirigentes del Vitoria.

Fue entonces cuando comenzaron unas conversaciones con el Eibar que quedaron cristalizadas en la primavera del 2015. En un principio, iba a ser una relación de un año que se ha ido renovando y hoy en día ya existe un compromiso hasta el 2023. El Eibar había perdido a su filial tres años atrás y, una vez situado en Primera División, buscó la manera de conseguir uno nuevo sin tener que empezar desde cero. Entendió que necesitaba contar con un segundo equipo al menos dos categorías por debajo para poder echar mano de alguno de sus jugadores si surgiera alguna vez una necesidad puntual.

Cuando firmó con el Vitoria, éste estaba en Tercera. El objetivo era llevarlo a Segunda B a medio plazo pero no tardaron demasiado. El curso pasado, los vitorianos lograron su gran éxito tras eliminar en la fase de ascenso al Azuaga extremeño, al Cirbonero navarro y al Astorga burgalés. Con el convenio, el Vitoria lograba una fuente de ingresos importante, la posibilidad de contar en sus filas con algunas jóvenes promesas del Eibar a parte de mantener, en la medida de lo posible, algunas señas de identidad propias. Los colores de la equipación siguen siendo los mimos y se intenta que haya un buen número de futbolistas alaveses en el equipo. Al menos por ahora, parece que la relación entre ambos está siendo positiva. Al Eibar le interesaba seguir dando vida al acuerdo con el Vitoria porque su objetivo de aportar jugadores para el primer equipo no se puede ver nunca a corto plazo. Desde el inicio de la segunda vuelta, cuenta con Sergio Camus, que abandonó el Racing a principios de curso y que hoy podría jugar en su casa.

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