17.12.2018 |
El tiempo
Lunes. 17.12.2018
El tiempo
El Diario de Cantabria

SEGUNDA B

El Racing no da la talla

El conjunto cántabro sucumbe ante el barakaldo y deja pasar una gran oportunidad para ponerse a tres puntos del líder y confirmar su supuesta mejoría. No supo adaptarse al viento ni logró controlar nunca el partido.

Granero, Aquino y Borja Lázaro, cabizbajos tras un gol del Barakaldo. / J.R.
Granero, Aquino y Borja Lázaro, cabizbajos tras un gol del Barakaldo. / J.R.
El Racing no da la talla

Una temporada completa es muy larga, pero lo bueno es que va dejando mensajes durante su desarrollo que ayudan a vislumbrar qué puede pasar al final del relato. Y uno que se viene repitiendo constantemente como la intermitente luz de un faro que nunca se termina de apagar del todo, es que el Racing no es fiable. Es difícil esperar gran cosa cuando prefiere no comparecer a los grandes momentos de la temporada. Ayer era uno de ellos porque jugaba en un campo complicado en el que debía mostrar su verdadero potencial. Además, tenía ante sí la oportunidad de ponerse a tres puntos del liderato tras la derrota del líder, por lo que era un día de los grandes. Era un ahora o nunca de manual. Y salió que nunca.

El partido de ayer en Lasesarre resultó decepcionante. Un bochorno. El equipo sólo trasladó impotencia no sólo al no encontrar la manera de dar la réplica a su rival, sino al no ser ni tan siquiera capaz de gestionar el viento que condicionó el encuentro.  Lejos de sacar provecho de él cuando soplaba a su favor, fue justamente ahí cuando se hizo verdaderamente pequeño. Porque lo visto en los primeros veinte minutos de encuentro fue una manera cruel de dar la bienvenida e incluso las gracias a los más de mil aficionados que había en las gradas. Lo hicieron con un puñetazo en el rostro. Qué duro está siendo viajar con el conjunto cántabro esta temporada.

El Racing acumula cinco goles en contra y ninguno a favor en sus dos últimos desplazamientos. Lo sucedido en Lezama, quitando los últimos veinte minutos, en los que pudo recibir otra media docena, se antojó quizá un castigo excesivo, pero lo de ayer no. El Barakaldo ganó con todo merecimiento porque se merendó a un Racing inoperante que volvió a confirmar que, a día de hoy, no está preparado para salir a competir a campos de verdad. Está bien golear al Vitoria, pero equipos como el Vitoria no van a estar en el playoff. Es posible que tampoco rivales como el Barakaldo. Probablemente, sean mejores. Y ayer ese equipo que comenzó la jornada en décima posición le pintó la cara al equipo verdiblanco jugando, ganando y disfrutando.

Los primeros veinte minutos de partido fueron patéticos. Una cosa similar a lo sucedido ante el Sporting B. Por aquel entonces, el conjunto cántabro llegó crecido a la cita ante el líder tras su buena actuación en Miranda y lo propio hizo ayer tras haber goleado al Vitoria en la jornada anterior. Por fin parecía que había encontrado el camino. Otra vez. ¡Albricias! Y una vez más, cuando tocaba dar el salto tras el impulso, cayó en una inoperancia preocupante. El Barakaldo se lo merendó con la buena noticia de que ese arranque de encuentro terminó sin goles. Un milagro.

El viento condicionó el envite. Siempre lo hace cada vez que hace acto de presencia. Y, si se mantiene activo durante los noventa minutos, lo normal es que la mitad del tiempo ayude a uno y la otra mitad a otro. Lo necesario para sacar verdadero provecho de esta circunstancia es saber jugar con él, pero el Racing no supo. Es difícil entender que un equipo de la entidad del cántabro sea dominado e incluso pisoteado teniendo el viento a favor. Hay pocos precedentes de algo similar. Si un mandato suele dar el banquillo cuando su equipo se presenta ante esa situación, es el de tirar a portería a la primera ocasión que haya porque los caprichos de Eolo siempre ayudan y despistan al portero. Pero en 45 minutos, sólo lanzó una vez entre palos el conjunto cántabro mientras que, quien tenía todo en contra, ya convirtió a Iván Crespo en el mejor de su equipo antes de irse al descanso. Algo iba mal. Algo olía a podrido en Lasesarre.

El Barakaldo se marchó a vestuarios preocupado por haber superado un enorme momento de inspiración sin haber encarrilado el marcador, pero también sabedor de que, en cuanto se reanudara el partido, iba a tener el viento a favor. Y fue entonces cuando marcó sus dos goles. Y pudieron ser más. Los hombres de Larrazabal, además de jugar mejor, se adaptaron mucho mejor a tener el aire tanto de su parte como en contra. Fueron ellos quienes saltaron al campo con verdadera hambre, como si fueran ellos quienes estaban ante la posibilidad de resucitar y ponerse a tres puntos del liderato. Jugaron a otra cosa, a otra velocidad, a otro ritmo y a otra intensidad. Se aprovecharon de un Racing sin alma y bloqueado ante el peso de la cita. Los jugadores de Pouso confirmaron que no están preparados para afrontar partidos de verdad con cosas en juego. Será mejor no llamar finales a las jornadas que quedan porque sólo ayudará a maniatar sus piernas aún más. Sin embargo, el quinto puesto ya echa humo. Está a sólo dos puntos. Ya no hay margen de error, por lo que también será mejor que se aparte quien no sea capaz de esta a la altura.

Al Racing le entraron por la derecha, por la izquierda y por el centro. Son, un jugador de apellido raro y con moderna coleta, parecía un futbolista más rápido de lo que en verdad es. Hasta lo comentaban los aficionados locales. Penetró como cuchillo en mantequilla en la primera acción verdaderamente peligrosa del Barakaldo, que tardó en llegar más de lo que su juego merecía (minuto 17). Hasta entonces, el conjunto cántabro había dado una falsa imagen de solvencia, de ‘aquí no pasa nada, es el habitual arreón inicial del equipo local y, en cuanto se les pase, nos impondremos’. Aquello era mentira. Era peor de lo que parecía porque ese debía ser su momento; el momento de aprovechar tener el viento a favor. De hecho, Granero había ganado el sorteo y lo había preferido para intentar poner el marcador de cara, pero el conjunto cántabro se vio sorprendido.

El primer síntoma preocupante fue situar tan retrasada la línea defensiva en ese arranque de encuentro en el que los elementos estaban de parte racinguista. Es algo en lo que no cayó el Barakaldo en el segundo tiempo, cuando dispuso del viento a su favor y sabía que tenía que poner su línea bien cercana a la de medios. Era la mejor manera de aprovechar ese impulso natural y, a su vez, hacer más complicado al rival avanzar en contra del viento. El fallo era de partida. Pouso, desde la grada, intentaba a la mínima que sus hombres adelantaran su posición, pero el Barakaldo no les dejaba. Los locales estaban a gusto y disfrutando.

Esa acción de Son tras un robo en su banda derecha fabricó un primer remate que envió Iván Crespo a córner. Éste lo sacaron y, tras una serie de desgracias defensivas, el balón llegó a Galder en la frontal del área pequeña, que giró sobre sí mismo y de nuevo obligó a intervenir al portero cántabro, que se temió lo peor cuando, veinte minutos más tarde, vio al gigantón Olaortua cabecear un balón que no se fue a la escuadra por bien poco. Sí tendría que actuar de nuevo cuando, ya en el 41, de nuevo Son le probó sin suerte.

El Barakaldo buscaba y encontraba mientras que el Racing no era capaz de dar sentido a su juego. Sólo Quique Rivero en un par de acciones logró cambiar la dinámica peligrosa que llevaba el envite, pero a aquello le faltaba continuidad. Esa supuesta superioridad numérica que debía tener en la medular no se hacía notar y la sensación que transmitía era la de inseguridad. Sólo un buen lanzamiento de falta de Aquino y un cabezazo de Regalón que se fue al lateral de la red inquietaron al conjunto local, que no entendía cómo no había sido capaz de encarrilar la contienda. Sería sólo cuestión de tiempo.

El gol acabaría llegando rondando la hora de partido y después de que el propio Racing perdonara dos buenas ocasiones para volver a sacar a relucir la injusticia del fútbol. Sobre todo, cuando, tras un error en campo propio, el Barakaldo permitió a Borja Lázaro escribir un mano a mano con Txusta, su portero. El delantero, penetrando por el costado derecho del área, remató con la zurda buscando el segundo palo, pero ganó el guardameta. Aquino le abroncó por no haberle visto pero , ya con 1-0, tendría su propia ocasión clara cuando, de nuevo por una serie de errores locales, se presentó solo en el área. Decidió rematar de primeras antes de que le encimaran y el balón se fue alto. Quizá el año pasado, en sus mejores días como racinguista, se habría colado por la escuadra, pero el fútbol se escribe a base de momentos. Por eso el Barakaldo temía que hubiera pasado el suyo.

Sin embargo, justo cuando quizá podrían haber aparecido las dudas, una falta de contundencia en la retaguardia local ayudó a que Buenacasa se colara en el área verdiblanca y, con un disparo perfecto, colara el balón bien cruzado y con una trayectoria complicada para Iván Crespo. Ese gol supuso el asesinato racinguista. Ya es conocida su incapacidad para levantarse y reaccionar de un golpe. Lo intentó Pouso cambiando sus bandas y también de sistema pero poco aportaron los que salieron del banquillo. Lo que llegó fue el segundo tanto al saque de un córner, después de una hábil peinada de Cuerva y un gol de Ander Vitoria comiéndole la tostada a Adán Gurdiel en el área pequeña. El de Igorre apenas había hecho acto de presencia en el partido pero estuvo en el lugar oportuno para finiquitar de manera definitiva la contienda. Visto el partido, aquello sólo podía terminar así.

Comentarios