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El Diario de Cantabria

RACING DE SANTANDER

EL FIN DE VIADERO

Ángel Viadero, dando indicaciones desde la banda en su último partido como entrenador del Racing. / J.R.
Ángel Viadero, dando indicaciones desde la banda en su último partido como entrenador del Racing. / J.R.

La de ayer fue una historia que fue verdad. Y como todas las historias que son verdad, fue una historia triste. Así lo contaría Yosi, el cantante de Los Suaves a quien tanto se echa de menos desde que se cayera del escenario en las fiestas de Santander del 2016. Porque ayer destituyeron a Ángel Viadero, un racinguista al que, como él mismo reconoció después en rueda de prensa, nadie le ha regalado nada. Llegó al banquillo del Racing comenzando desde los alevines y, a partir de ahí, fue subiendo peldaños sin saltarse ni uno y sin contar con el aval de ser exfutbolista y aparecer desde el primer momento en la élite. El sueño de cualquiera. Una historia de superación que tanto gusta a los guionistas americanos. Porque un buen día alcanzó su sueño después de haber tenido que salir fuera para que los de casa creyeran por fin en él. Y el primer año le fue bien, pero el segundo no. Hoy está en la calle después de tener que dejar a algunos pesos pesados de la plantilla en el banquillo, de ver a otros deambular por el campo y, como consecuencia, oír a la grada, a su propia gente, pidiéndole que se marchara. Y lo ha hecho. O peor: le echaron.

El espectáculo que dio ayer el Racing resultó lamentable. Sobre todo, en un segundo tiempo para olvidar que estuvo repleto de sospechas. Todo parecía dirigido para que El Sardinero explotara por fin. Había amagado en muchas ocasiones con hacerlo, pero nunca había pasado. Al final, todo se quedaba en una demanda de testiculina a los jugadores. Ayer se superó una fase más. En los otros dos partidos en los que Viadero supo que se jugaba el puesto, que fue en las visitas del Burgos y el Gernika, sus hombres respondieron y consiguieron victorias no amplias pero sí de cierta solvencia. Se intuía química entre el banquillo y los futbolistas, cosa que ayer quedó claro que estaba perdida y rota. Comenzó con una alineación sin sentido y continuó con un segundo tiempo repleto de patetismo en el que sólo Aquino y Sergio se movían mientras los demás esperaban acontecimientos.

Viendo lo sucedido ayer, no quedaba otra salida que la destitución del entrenador. Quien se quede con lo visto ayer tras el descanso, llegará rápidamente a la conclusión de que el Racing está muerto y que es estúpido confiar en él. Por eso algo había que cambiar y el eslabón más débil siempre es el técnico, que se aferró a última hora a un giro de rosca en su alineación que no le salió bien. Su equipo comenzó con alegría e incluso pudo encarrilar el partido, pero no lo hizo y, de la esperanza al ver que la situación se podía reconducir y que incluso el conjunto cántabro podía conseguir una victoria incluso cómoda, se pasó al bochorno. Y El Sardinero estalló con gritos de fuera, fuera y pidiendo las dimisiones del entrenador primero y de la directiva después. El clima no pude estar más revuelto y los dirigentes han usado la carta del cese del entrenador.

Todo fue sospechoso desde el principio. Viadero venía de destacar durante dos semanas consecutivas y sin que viniera demasiado a cuento la calidad de Borja Granero. Aseguró que era un jugador ‘top’ de la categoría y que sería titular en cualquier equipo de Segunda B y en buena parte de los de Segunda. Sin embargo, ayer comenzó en el banquillo. Obviamente, algo ha sucedido esta semana que ha roto la relación y la confianza entre ambos. Y, al final, un entrenador depende de sus jugadores. Su primera misión es meterse a éstos en el bolsillo. Si no lo logra, está perdido. No tiene nada que hacer. Y en el vestuario ya habían dejado de creer en él.

Viadero llenó su equipo de novedades con febrero ya empezado, lo que nunca es buen síntoma. Ayer, por ejemplo, dejó a su máximo goleador del 2018 en el banquillo para poner a jugar a un Franco Acosta que dio pistas de lo poco que va a aportar al equipo verdiblanco. Dio la impresión de ser poca cosa y aquello que intentaba se quedaba siempre a medias. Que estuviera él sobre el terreno de juego en lugar del manchego tenía poca explicación, como lo de dejar a Óscar, uno de los baluartes ofensivos del bando verdiblanco, sin jugar ni un solo minuto. En su lugar, puso a Javi Cobo como interior simplemente para dejar abierta la puerta a Adán y para tener a más gente en la zona de creación. Por un momento, pareció una buena idea, pero el desarrollo de los minutos fue demandando bandas y extremos. Y Viadero tardó en reaccionar a pesar del triste y pobre espectáculo que estaban dando los suyos en el segundo tiempo, como si no quisiera mirar a su banquillo. Muy raro todo.

Por la izquierda volvió a confiar Ángel Viadero en Álex García, que estuvo a punto de marcar en el primer minuto de partido. El de Beranga comenzó el choque aliándose bien y mucho con Dani Aquino y, fruto de dicha asociación, el extremo se quedó solo ante el portero cuando apenas habían transcurrido unos segundos de partido. Su remate fue bien intencionado pero acabó estampándose en el larguero. Y la jugada siguió. Y fue Franco Acosta quien tuvo una segunda oportunidad, pero su remate, menos intencionado que el anterior, también dio en la madera.

Hasta tres remates al palo terminó firmando el Racing en los primeros veinte minutos de partido, lo que dio síntoma de su buena puesta en escena. Fue ambiciosa, con las líneas bien adelantadas y una presión que salió a buscar al Leioa a su propio campo. Aquello apuntaba bien, pero poco a poco se fue enfriando. Como ha sucedido casi siempre en el presente campeonato. De hecho, el Leioa, que completó un encuentro muy serio y con todos sus jugadores bien plantados, se fue animando. Había sorprendido alineando una defensa de cinco hombres y firmó su primer remate entre palos al cuarto de hora de juego, después de que a Aitor Córdoba le quedara un balón muerto en el interior del área. Aquello fue continuado por un lanzamiento de Óscar García tras una pérdida absurda de Javi Cobo y, poco después, de una notable internada de Yurrebaso al interior del área tras superar a Regalón, lo que le permitió llegar hasta línea de fondo y asistir atrás hacia Aspas. Entre una cosa y otra, tuvo que actuar más Iván Crespo que el portero vizcaíno, lo que no podía ser más preocupante. 

La única acción de peligro que firmó el Racing fue aquel remate de Álex García en el primer minuto de partido. Más allá de eso, se quedó en la nada. El enorme partido que comenzó protagonizando Sergio en la medular no estuvo acompañado más que por el pundonor de Dani Aquino, que corrió como el que más y la pidió como el que más para seguir generando juego. De hecho, suyo fue el único intento verdadero de marcar gol que firmó su equipo en todo el segundo tiempo. Recibió un buen pase de Franco Acosta que le permitió avanzar metros por banda derecha. Desde allí, penetró en el área buscando posición de disparo y la encontró, pero el balón se fue demasiado cruzado.

Lo peor de todo fue ver a un Racing moribundo y sin alma. Estaba agarrotado y no era capaz de enlazar juego ni de meter en su propio campo a un Leioa que incluso prácticamente había renunciado ya al ataque. De hecho, la única acción vizcaína que llevó verdadero peligro en la segunda mitad fue frenada por el propio árbitro, que se convirtió en un amigo. Hasta tres jugadores azulgrana se marchaban en busca de la portería de Iván Crespo contra un solo defensor pero, de pronto, el colegiado hizo sonar su silbato para parar la acción y enseñar cartulina roja a Regalón. Nunca le explicaron en la escuela en qué consiste la ley de la ventaja.

Sólo alrededor del minuto sesenta dio la sensación de activarse de nuevo el conjunto cántabro y trenzar algunas acciones con sentido. Y éstas fueron respondidas con aplausos porque parecía que por fin el Racing quería ir a por la victoria. Fue un buen síntoma de con qué poco se puede meter el equipo a la gente en el bolsillo. Sin embargo, aquello no tuvo continuidad. Ni siquiera con los cambios. La vía iba directa hacia el interior de un túnel oscuro de consecuencias imprevisibles. Hasta que se desató la tormenta. Tenía que pasar. El Sardinero había respetado hasta la fecha la figura del entrenador racinguista pero ayer ya se oyó su nombre. Y nunca gusta cuando quien está en el banquillo es, como se suele decir, uno de los nuestros.

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