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El Diario de Cantabria

REAL RACING CLUB

«Hay que salir a dominar»

Quique Rivero se ha ganado la confianza de Carlos Pouso, con cuya filosofía se adapta mejor su juego.  Vislumbra una clara mejoría pero recuerda que «con veinte minutos buenos o unos ratos en cada partido no va a valer para lo que viene».

Quique Rivero, defendiendo su posición durante el partido del pasado domingo ante el Vitoria. / J.R.
Quique Rivero, defendiendo su posición durante el partido del pasado domingo ante el Vitoria. / J.R.
«Hay que salir a dominar»

Quique Rivero ha sido uno de los grandes beneficiados por el cambio de entrenador. Lo cierto es que su perfil de futbolista y sus aptitudes como jugador casaban poco con Ángel Viadero, por lo que su fichaje el pasado verano no tenía demasiado sentido teniendo en cuenta la filosofía de juego que le gustaba poner en práctica al técnico santanderino. Por eso el medio centro de Cabezón, que llegó a debutar en Primera División en el último y fatídico año del Racing en la máxima categoría hasta la fecha, se ha pasado largas temporadas en el banquillo. Comenzó jugando y siendo titular, pero poco a poco fue desapareciendo y poco se le vio en noviembre y diciembre. La sorpresa fue ver su nombre escrito en el once inicial con el que el conjunto cántabro comenzó el año. El entrenador santanderino le rescató para jugar en un campo donde, en principio, se podía jugar poco. Parecía un contrasentido. Aquel día era siete de enero. No volvió a jugar hasta el 24 de febrero.

Para entonces, todo había cambiado. El anterior técnico había sido cesado y ya estaba Carlos Pouso al mando. Éste transmitió pronto la sensación de que quería imponer en el equipo un juego diferente. No quería renunciar a la verticalidad y a la capacidad racinguista para escribir veloces transiciones, pero pretendía poner un poco más de pausa y criterio a la posesión para intentar dominar los partidos también con balón. En principio, aquello se adaptaba mejor a las cualidades de Quique Rivero, pero tampoco contó en un principio. Estaba el último en la cola. Tiene el equipo cinco medios centros y él parecía ser el último. De hecho, era el único jugador de la plantilla que, tras la debacle de Getxo, no había disputado ni un solo minuto. Y aquello era raro porque, de hecho, se trata de un futbolista muy cotizado ya en la categoría.

Que el futbolista de Cabezón se quedara fuera de juego tras el partido de Gobela tampoco tuvo sentido porque, de hecho, fue de lo más aseado del partido. Poco se valoró, al parecer, que el único gol del envite se iniciara gracias a un enorme pase suyo que permitió a Óscar colarse en el interior del área y dar la asistencia final a César para que empujara el balón a gol. Ahí se vieron las enormes virtudes de un medio centro cuyo principal pecado es su poca capacidad para venderse. No es nada tribunero, apenas transmite más allá de lo que sea capaz o incapaz de hacer con el balón y ni tan siquiera celebra casi los goles propios, como se vio el día que marcó su único tanto hasta la fecha. En cambio, su productividad sobre el terreno de juego sí es verdaderamente vendible.

De aquel pase en Getxo se pasó al del domingo pasado, cuando le envió uno enorme desde campo propio a Dani Aquino que éste hizo aún mejor con un control con el que dejó vendido a su defensor. Aquello terminó en el cuarto y último gol de la contienda. Tras comenzar la era Pouso también en el banquillo, el centrocampista de Cabezón apareció en el once que jugó contra el Bilbao Athletic y, a pesar de la contundente derrota, se hizo con un hueco y repitió el domingo pasado contra el Vitoria. Sobre todo, porque Pouso no se fió demasiado del resultado y se quedó con esos primeros veinte minutos del segundo tiempo de Lezama sobre los que se apoyó la goleada del domingo pasado. Quique Rivero también.

«Siempre le di credibilidad a esos minutos de Bilbao. Parecía que con el 3-0 ya no valía de nada, pero yo prefería ir un poco más allá», resalta el canterano, que el verano pasado volvió al Racing tras sendas etapas en el Tenerife y el Cartagena, que todavía suspiró el pasado mes de diciembre por recuperarlo en el mercado invernal al ver que no contaba demasiado en territorio cántabro. Quique Rivero destaca que en las dos últimas jornadas, cuanto menos, han «enganchado dos partidos con dos buenos ratos». Hay, por tanto, asideros a los que aferrarse.

El medio centro de Cabezón confía en que lo sucedido en los dos últimos partidos sea «un punto de inflexión». De hecho, cree que el Racing no había hecho «en toda la temporada» un partido como el del domingo pasado. Habla, en concreto, de haber cosechado una victoria tras «jugar bien, convencer y ganar con cierta tranquilidad». «Ha llegado bastante tarde, pero ha llegado. Y espero que esté para quedarse», añade.

Eso sí, lo que tiene claro el centrocampista cántabro es que la evolución no se tiene que detener, ya que «con veinte minutos buenos o unos ratos, no va a valer para lo que viene». La temporada ha entrado en su momento decisivo, donde cada punto puesto en juego es trascendente y donde los rivales se juegan siempre algo. Es el momento de afinar y quizá el conjunto cántabro haya llegado a ese instante en pleno despegue. Bueno sería. Por eso Rivero confía en que, «conforme avancen las jornadas, el equipo vaya creciendo en los partidos y aguante mucho mucho más tiempo jugando bien».

El futbolista de Cabezón confía en que él mismo tenga protagonismo en esa mejoría colectiva que espera que se confirme. Lo cierto es que la apuesta de Carlos Pouso por jugar con tres medio centros le viene bien. Por ahora, el entrenador le está utilizando como medio volante, por delante de quien hace de eje y por detrás del delantero. Sin embargo, él asegura que se encuentra «cómodo en los dos sitios». «He jugado en ambos y tengo características que se adaptan a los dos. En el más retrasado, puedo aportar salida de balón y, en el otro, más dinamismo y llegada».

El pasado domingo, tras la lesión de Antonio Tomás y la consiguiente decisión de retrasar a Sergio para ocupara el vacío dejado por el de Cartes, le tocó a Quique Rivero desplazarse a la derecha, de donde arrancó Aquino. Eso le exige, en principio, una mayor vigilancia para tapar los espacios que pueda dejar el murciano en su liberada tendencia para aparecer por donde estime oportuno. El medio centro de Cabezón resta trascendencia a este hecho porque, «cuando uno parte de una posición y se va a otra, ha de haber siempre un compañero que le supla». «Pasa tanto con Dani (Aquino) cuando juega ahí, como con Pau cuando lo hace por la izquierda o conmigo cuando juego de pivote un poco más adelantado, que me muevo por todo el campo. Siempre ha de haber una compensación por parte de un compañero, ya que no es algo que pase sólo con el extremo derecho, sino en cualquier puesto», explica.

Estos días está tocando afrontar una semana «más amena» que otras porque se ha producido tras una buena victoria. Quique Rivero no lo oculta. «Siempre son más bonitas», dice. Entiende que, en cuanto al juego se refiere, el partido contra el Vitoria no estuvo a la altura de esos veinte minutos de inspiración en Lezama pero sí resulta más creíble al no haber sucumbido 3-0. Eso ayuda. «Estuvimos bien en el juego pero tampoco fue nada extraordinario», subraya. Sí admite que fue «mejor» de lo que venía mostrando el Racing a lo largo del curso aunque considera que lo verdaderamente «importante» fue «acertar de cara a puerta y marcar en minutos clave, justo antes y después del descanso, lo que benefició bastante».

Ahora lo que toca es intentar dar continuidad a esa buena dinámica en la que parece que ha entrado el equipo racinguista en un campo como el del Barakaldo, donde todavía nadie ha sido capaz de escapar con todo el botín en su poder. El conjunto cántabro espera ser el primero en hacerlo. ¿Y cómo conseguirlo? Quique Rivero tiene clara la receta que hay que seguir. «Creo que hay que salir a dominar como sea», responde. Así de claro lo tiene. Recuerda el cabezonense que, a lo largo de la temporada, el conjunto cántabro ha tenido su principal «déficit» en que jugaban «muy separados o muy largos». «Ahora pretendemos jugar más juntos ya sea para defender o para atacar y ya sea con el balón o jugando en largo, como veamos que se vaya dando el partido o como veamos que estamos más finos». 

Lasesarre es un campo donde todavía no ha ganado nadie pero eso no quiere decir que sea una trampa como lo es Merkatondoa, donde ha habido temporadas donde tampoco ha ganado nadie. Lo de Estella es por otros motivos. En Barakaldo se puede jugar a lo que uno quiera porque se trata de un buen campo. Por eso Quique Rivero tiene claro que hay que defender el estilo que pretende convertir el Racing en propio e ir de cara y con ambición. «La idea es la misma de estos últimos partidos, que es intentar dominar y, si es con balón, mejor aún, ya que así es más fácil ganar», explica. En ese sentido, el futbolista cántabro tiene claro que el envite del domingo es «un buen test porque es un estadio donde no ha ganado nadie y, además, el equipo viene de una buena dinámica y llega el momento donde ya se empiezan a jugar cosas». Se ha abierto la etapa donde hay que confirmar que hay razones para soñar y Barakaldo es un buen lugar donde hacerlo.

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