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El Diario de Cantabria

RACING

Pouso: «Hay que ayudar a los jugadores y molestarles poco»

Pouso reconoce que ha percibido un clima «como si el equipo estuviera tercero por la cola en vez de por arriba». «Admite que sólo le vale el ascenso. «Sólo espero estar a la altura de el Sardinero», recalca.

Carlos Pouso, durante su presentación oficial. / J.R.
Carlos Pouso, durante su presentación oficial. / J.R.
Pouso: «Hay que ayudar a los jugadores y molestarles poco»

Carlos Pouso no ha querido llegar al Racing arrasando ni entrar en La Albericia «como un elefante en una cacharrería». No es su forma de actuar. Es consciente de que no puede dar un volantazo brusco como carta de presentación para intentar revitalizar al grupo que ha caído en sus manos, sino «mantener la calma». Esa va a ser su receta inicial porque entiende que la plantilla racinguista necesitar rearmarse mentalmente antes que interiorizar nuevos conceptos técnicos y tácticos. Eso es secundario. Si algo tiene claro el nuevo entrenador del Racing, es que el secreto de cualquier éxito comienza en la caseta. Y ahí ha de dominar un buen ambiente y, sobre todo, una gran comunión.

El técnico vizcaíno completó ayer su primer entrenamiento con su nuevo equipo y, posteriormente, fue presentado en sociedad. Durante su primera comparecencia ante los medios, no quiso prometer nada y anunciar la imposición de un estilo propio. Dejó claro que tiene asumido que sólo vale ascender y que todo lo que no sea conseguirlo será un fracaso. Y no quiso adelantar qué dibujo va a utilizar ni qué filosofía perseguir porque antes quiere ver en persona qué materia prima tiene para, a partir de ahí, comenzar a imponer su sello. Pero poco a poco, ya que la experiencia le dicta que no puede llegar «pegando gritos y humillando» como manera de reactivar a unos futbolistas que no han conseguido sacar lo mejor de sí hasta la fecha. Sabe que así no lo lograría. «La mejor manera de ayudarles es convencerles de que son mejores de lo que han podido demostrar hasta ahora y, para eso, hay que molestarles poco», subrayó el técnico vizcaíno.

De entrada, Pouso admitió que se había encontrado un vestuario «un poco triste» porque es lo normal cuando se produce un movimiento tan drástico como el que se ha producido esta semana en el banquillo. «Al principio, han estado un poco alicaídos aunque creo que nos han recibido bien. Luego, durante el desarrollo del entrenamiento, he visto buena actitud, que es lo esperado porque cuando se produce un cambio de entrenador es como agitar el árbol», explicó. Y él confía en que se mantenga esa intensidad porque recalcó que ésta es «una parte importante del juego» que le gusta ver sobre el césped. Y es que, el nuevo entrenador verdiblanco es de los que defiende que «se juega como se entrena», por lo que le gusta dotar de energía a las sesiones diarias.

«El mejor equipo». El nuevo técnico ha llegado con los deberes hechos. Él mismo reconoció que ha visto en directo al Racing en cuatro partidos, tres fuera y uno en casa (contra el Tudelano), a lo que hay que sumar un puñado de vídeos y la información que le traslada su ayudante Raúl García, que ha visto aún en más ocasiones al bando verdiblanco. De lo que ha visto, ha llegado a la conclusión de que el equipo verdiblanco «tiene más posibilidades» y que lo puede hacer mejor de lo que lo viene haciendo. Si no pensara así, su fichaje habría resultado estúpido. Sin embargo, recuerda que delante habrá «rivales que también juegan» y que, sobre todo, habrá que salir en cada partido con la certeza de que simplemente por llamarte Racing «no vas a ganar los partidos con la gorra, sino que te vas a tener que poner el buzo y la escafandra y pelear mucho».

Pouso sabe bien en dónde se ha metido. Y también que sus espaldas van a tener que aguantar mucha presión. Sin embargo, él, que ha estado en todo tipo de proyectos, aprovechó su primera comparecencia como racinguista para recordar que hay dos tipos de presión: «No es lo mismo estar arriba y fracasar que estar abajo y descender. Parece que sí, pero no. En ese aspecto, bendita presión la que hay aquí». A Noé le van a hablar de la lluvia, podría haber dicho. Lo único que tiene claro es que el objetivo es «ganar todos los partidos» sabiendo siempre que el del equipo que habrá en frente será el mismo. Por eso apostará por no hacer demasiadas cábalas y por el «partido a partido». Ahí no se salió del guión.

Lo que quiso dejar claro de partida es el famoso «que no estamos tan mal» que popularizara Joan Laporta en su momento. Y es que, lo primero que ha percibido Pouso al aterrizar en el Racing es «un clima como de estar terceros por la cola en vez de por arriba y con 44 puntos». «Mi objetivo es ascender. Y no me parece un objetivo utópico, pero hay que plasmarlo después en el campo porque con el piquito después somos todos cojonudos», afirmó el nuevo técnico verdiblanco dejando escapar esa personalidad y esa labia que tanto le caracteriza.

Para conseguirlo, entiende que tiene a su disposición a «los mejores» jugadores. «Ahora lo que tengo que hacer yo es un buen cesto», explicó. Y para conseguirlo, sabe que hay que «mejorar en todo en general» sin atreverse a entrar en detalles porque, en el fondo, es un recién llegado: «Un entrenador siempre quiere ver mejor a su equipo, pero yo ahora no puedo hacer un diagnóstico después de un solo entrenamiento porque estaría vendiendo una falacia». Sí dejó claro que no es un «mago, sino un simple entrenador» y que no tiene ninguna intención de «vender humo». Por eso pidió «un poquito de margen» para poder hacer análisis más detallados o una valoración sobre los males a corregir. 

Su aventura racinguista va a ser la primera como entrenador tras su año y medio como director deportivo. Afirmó ayer que siempre había tenido «claro que quería volver a los banquillos». En ese sentido, quiso zanjar la polémica que ha rodeado su salida de Logroño precisando que ya había comunicado antes de Navidad al máximo dirigente del Logroñés que, una vez cerrado el mercado invernal y prácticamente concluida su función como director deportivo, iba a abrirse a la posibilidad de aceptar una de las muchas ofertas que ha recibido en el presente curso. «He tenido más que nunca cuando menos necesidad tenía de ellas», afirmó. Y explicó que había aceptado la del Racing por la entidad del proyecto, del club y de lo que le rodea, pero también porque está a una hora de su casa y lo va a poder compaginar bien con su familia y un seguimiento médico que está llevando. «Tenía que moverme lo menos posible y lo demás que he tenido ha sido lejos. Yo no voy a decir que mi sueño desde niño era entrenar al Racing porque sería un farsante, pero a los que hemos venido como visitantes a El Sardinero y lo hemos sufrido siempre nos queda esa inquietud», subrayó. Y ahora ha pasado ese tren que pretende aprovechar.

A partir de ahí, aunque tiene claro que el único objetivo que se maneja es el del ascenso, no promete nada porque no está en disposición de hacerlo. Y lo único que pide es «estar a la altura de el Sardinero y no defraudarle». Es consciente de que llega al conjunto cántabro en medio de un ambiente enrarecido y de un clima pesimista que ha rodeado al equipo desde la primera jornada. Y lo entiende porque incluso en Logroño admite que había «un cierto desencanto a pesar de ser un club joven porque la gente se acuerda de aquel Club Deportivo Logroñés». «Aquí pasa lo mismo porque todos tenemos en la retina al Racing jugando la UEFA, pero tenemos que tener claro que ahora estamos en Segunda B y por aquí pasará el Logroñés y el Coruxo en la Copa porque es lo que toca», subrayó.

Es Carlos Pouso un entrenador que llega con la vitola de técnico con carácter, trabajador y con gran capacidad de hacer grupo y reactivar jugadores. Poco se habla de su sabiduría puramente futbolística, algo que tampoco le molesta demasiado. «Algunas veces, parece que si te dicen que eres muy trabajador no es bueno y si te dicen que eres muy concienzudo parece que eres el típico entrenador cerrajero», admitió el vasco. Con todo, éste ya dejó claro que prefiere «los halagos a que te insulten». Es de cajón. De hecho, incluso los agradece pero no les hace mucho caso. «Te debilitan», afirmó.

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