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El Diario de Cantabria

BALONMANO

El Sinfín salva la despedida

El DS Autogomas sumó una nueva derrota pero, cuanto menos, firmó una buena segunda mitad que corrigió el despropósito en el que se convirtió la primera. El villa de aranda acabó sufriendo y apoyándose en Raúl Nantes.

Los buenos minutos del canterano Rubén Carvajal, que debutó con dos goles, fueron de lo mejor del partido. / J. R.
Los buenos minutos del canterano Rubén Carvajal, que debutó con dos goles, fueron de lo mejor del partido. / J. R.
El Sinfín salva la despedida

Una cosa es saberse perdido y otra consumar la perdición. La realidad es una dura losa que hace daño por mucho que se haya visto venir. Porque una cosa fue consumar el descenso en Cangas, en soledad y a cientos de kilómetros de casa, y otra despedirse de la categoría en tu propio pabellón con la presencia en la grada de los más fieles, los que siempre están ahí. Más duro aún se hace cuando un equipo que ha estado toda la temporada a tiro de piedra celebra la consecución de un paso importante para su particular salvación delante de ti. Y ves cómo lo festeja con los centenares de aficionados que fue capaz de arrastrar hasta Santander. De pronto, uno se da cuenta de lo que ha sucedido y de la imposibilidad de corregirlo. Y salen a relucir las emociones. Por eso hubo jugadores del DS Autogomas que ayer se marcharon a vestuarios emocionados y aguantando las lágrimas como podían. Eran los casos de José Calderón, Pablo Paredes o incluso Dusan Bozoljac. También en el palco hubo que contenerse para mantener el tipo y no fue fácil. Fue una tarde dura, pero podía haber sido peor.

El equipo cántabro se despidió de su gente con una nueva derrota. La vigésimo primera. Nadie esperaba lo contrario. Lo verdaderamente peligroso fue lo que sucedió en el primer tiempo. Se corrió el peligro durante un cuarto de hora de convertir la despedida en un auténtico disparate, en un cúmulo despropósitos que, por un momento, convirtió al conjunto cántabro en un juguete roto a manos de un Villa de Aranda que, intuyendo que aquello iba a ser un paseo, incluso se permitió el lujo de meter en la cancha a alguno de sus jugadores menos habituales. El equipo no se merecía algo así.

Reñones vio que había jugadores que no estaban metidos en el partido. Por eso en seguida apartó de la pista a Ros, a Calderón e incluso a Paredes, que entró en un momento dado para volver en seguida al banquillo. De nuevo se pusieron en evidencia los problemas con la primera línea, a la que ayer incluso le faltaba Alberto Pla, lesionado desde el anterior partido en casa. De este modo, de pronto se vio el DS Autogomas jugando con un extremo como Jorge Prieto y un central como Óscar Río como laterales y con el menudo y joven Rubén Carbajal en las labores de dirección.

Los primeros treinta minutos fueron un paseo para el Villa de Aranda, que incluso acabó con 19 goles. El DS Autogomas fue un desastre defensivo que no hizo otra cosa que abrir puertas a su rival para que anotara con facilidad. Tampoco la portería ayudó y, de esta manera, cada ataque burgalés se convertía prácticamente en gol. En el otro área costaba sumar. La primera línea era todo impotencia y sólo la buena aportación de los extremos y de Lon dio alimento al equipo, que, con un parcial de 0-5, se vio de pronto siete abajo en el luminoso (8-15). Aquello pintaba mal pero no tanto por el resultado (que también), sino por el desmoronamiento generalizado que se percibía.

Todo parecía desordenado. Reñones buscó orden en ese desorden, que incluso llevo a Herrero Lon a convertirse en el lanzador de penaltis. Falló los dos que tiró pero, curiosamente, en ambos recogió él mismo el rebote y acabó marcando. Fue la anécdota de un partido que cambió por completo tras el paso por vestuarios. Algo sucedió allí porque el DS Autogomas que reapareció en la pista fue otro. Y no es que hubiera muchos cambios respecto a los jugadores que completaron los primeros treinta minutos, pero sí cambió la actitud defensiva. Los hombres de negro se reconocieron a sí mismos y lograron, cuanto menos, poner en evidencia que el equipo que tenían delante era, junto a ellos, el peor de toda la segunda vuelta con diferencia.

Si el Villa de Aranda había marcado 19 goles en el primer tiempo, marcó once en el segundo. Y ello gracias a los tres prácticamente consecutivos que anotó en el último minuto y medio, cuando incluso entró en escena el joven Víctor Martínez para colocarse bajo palos. Éste hizo una intervención de mérito pero le marcaron dos goles por alto dejando en evidencia su corta estatura. Que un joven debutante disputara los minutos finales de la contienda, en los que el DS Autogomas logró meter el miedo en el cuerpo del equipo arandino, quizá dejó claro que tampoco había demasiada intención de hacer daño. Lo que, sobre todo, buscaron los hombres de negro en los segundos treinta minutos fue ganarse el derecho a despedirse con la cabeza bien alta. Su última imagen en la Asobal no podía ser el esperpento del primer tiempo.

Jugó el conjunto cántabro mirando ya hacia la próxima temporada. Nunca antes en Asobal había jugado Reñones los sesenta minutos con los mismos extremos (Postigo y Barco), a los que suele administrar prácticamente por igual. Ayer rindieron a un buen nivel pero eso, en otras ocasiones, no servía como excusa para dar continuidad a alguno de los pequeños. Además, concedió un buen montó de minutos a Rubén Carvajal en la dirección del juego. Río sufrió un golpe en la mano que le mandó al banquillo en los primeros compases de la reanudación y no volvería más. Sobre todo, porque la aportación del menudo y bravo central de la cantera del Sinfín estaba respondiendo. Marcó dos buenos goles y recibió las constantes felicitaciones de Reñones, que también dio continuidad a Nikolai y a Prieto en los laterales. Este último dejó claro que estaba fuera de sitio porque no llegó a lanzar a portería buscando siempre al extremo, pero mantuvo el tipo. Se trata de un jugador que a buen seguro será una pieza importante del proyecto al que habrá que dar forma para saltar a División de Honor B con garantías.

El DS Autogomas fue mejor que el Villa de Aranda en el segundo tiempo. Éste mostró que, ante una dura defensa, sufría muchos problemas. En 19 minutos de juego sólo había marcado cuatro goles y eso hizo que los cántabros llegaran a recortar una desventaja de siete goles para convertirla en otra de dos. No pasó de ahí. Nunca se llegaron a situar a uno a pesar de que pudieron disfrutar del despertar de Pablo Paredes, que por lo menos se pudo despedir de La Albericia con cinco goles en el segundo tiempo.

Al Villa de Aranda sólo lo salvó a tiempo Raúl Nantes, que acabó con catorce goles. Casi la mitad de su equipo. Anotó siete de los once que firmaron los burgaleses en el segundo tiempo. Sólo tenían ojos para él en el momento en el que empezaron a temblar las manos. Porque se llegaron a temer lo peor al sentir el despertar del conjunto cántabro, al sentir ese zarpazo de amor propio que éste fue capaz de dar a tiempo para poder despedirse ante su gente de la máxima categoría con la cabeza alta y el orgullo intacto. Todos los allí presentes saben lo que ha pasado para que el DS Autogomas no haya podido, cuanto menos, seguir el nivel del Villa de Aranda y llegar vivo a la última jornada. En ésta aún puede pasar de todo. Incluso se puede dar un triple empate porque Benidorm y Villa de Aranda llegarán a ella con veinte puntos y Cangas con 18. Al equipo cántabro, por su parte, aún le queda jugar en Logroño, el próximo equipo de Pablo Paredes. Será entonces su despedida definitiva de la máxima categoría tras dos temporadas entre los mejores.

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