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El Diario de Cantabria

BALONMANO

La peor tarde del Sinfín

El ds auto gomas dio una pobre imagen en un partido considerado clave y sucumbió ante un bidasoa que se encontró múltiples facilidades desde la primera jugada. Un parcial de 0-6 en la fase inicial del partido rompió ya la contienda.

Calderón intenta superar la defensa de Muina y Odriozola para lanzar a portería. / jOSÉ RAMÓN
Calderón intenta superar la defensa de Muina y Odriozola para lanzar a portería. / jOSÉ RAMÓN
La peor tarde del Sinfín

Un cúmulo de desastres y despropósitos; un ser desconocido, un invitado a su propia fiesta que nadie quería ver. El más inesperado de todos. Míster Hyde sin pista alguna del doctor Jekyll. En todo eso se convirtió el DS Auto Gomas en un partido que estaba llamado a marcar la segunda vuelta del equipo. Éste entró mal al mismo, encajó un parcial de 0-6 a las primeras de cambio y, a partir de ahí, profundizo en la propia fosa que él mismo se estaba cavando. Amenazó en varios momentos con entrar de nuevo en contienda con parciales de 3-0 que, aún así, no encontraron continuidad. Sobre la cancha faltó la fe que a menudo ha caracterizado a este grupo de jugadores, que ayer tampoco se vieron empujados a pelear hasta el último momento por el banquillo, que suele ser el primero en liderar el ímpetu guerrero que ha venido caracterizando al equipo santanderino tanto en sus victorias como en sus derrotas. Y así es complicado dar la cara. Menos aún, el día que menos lo ha merecido.

La de ayer no fue una derrota ni honrosa ni hermosa. Fue triste e impotente. Los continuos gestos de desesperación del propio Rodrigo Reñones desde el banquillo tras cada fallo de sus jugadores no invitaron a pensar en que era posible cambiar la orientación del partido o que, de pronto, su gente recuperara la confianza perdida. El técnico se pasó buena parte del segundo tiempo sentado en el banco. Derrotado. Y eso no transmite el sustento que, obviamente, ayer necesitaban sus hombres, que vivieron su peor día como jugadores de la Liga Asobal. 

Lo que sucedió sobre la cancha se mascó desde el primer instante. La tragedia se anunció en los primeros compases del encuentro con las primeras y  patentes facilidades que se encontró el ataque guipuzcoano para perforar la portería que defendió Ernesto durante 55 minutos. Aquello no era normal. El DS Auto Gomas consiguió recuperarse del 0-2 inicial empatando a dos pero, a partir de ahí, se apagó la luz y los hombres de negro entraron en un túnel que, unido al color de camiseta, oscureció el panorama al máximo. La ceguera se adueñó de la pista Nadie sabía qué estaba pasando. Era noche de brujas.

Lo que se vio ante todo en el primer tiempo fue un desastre como hacía tiempo que no se veía en La Albericia. El DS Auto Gomas esperó a ofrecer quizá sus peores treinta minutos en casa en la máxima categoría al día que debió afrontar uno de los partidos más importantes de la presente temporada. Era crucial ganar y lo que hicieron los hombres de Rodrigo Reñones fue regalar un primer tiempo que se saldó con cinco goles en contra. Y gracias. La sangría podría haber sido peor porque es difícil encontrar algo que se hiciera bien dentro de ese primer periodo del partido.

La última acción de esa primera mitad lo resumió todo. Justo cuando sonó la bocina, Cristian Postigo fue objeto de penalti. Todos se retiraron al banquillo excepto Iván Amarelle y el portero Pedja Dejanovic. Anteriormente, Jorajuria ya había fallado una pena máxima mientras que el gallego, que fue el único que dio vida a los hombres de negro desde la primera línea, había acertado con el suyo. En su mano tenía maquillar al máximo el despropósito acumulado en esos 30 minutos y rebajar la desventaja a cuatro goles. Pero falló. Paró el portero y cada uno de los dos contendientes se fue a vestuarios maldiciendo o bendiciendo el 10-15 que reflejaban los dos marcadores del pabellón santanderino. Entre los locales dominaba la mirada perdida, las preguntas sin respuesta y un sentimiento de impotencia y de no saber qué estaba pasando que no encontró respuesta ni en la grada ni el banquillo.

Fue una mitad de partido en la que el DS Auto Gomas no encontró el camino del ataque mientras que abrió numerosas puertas en defensa que los jugadores vestidos de amarillo aprovecharon al máximo tanto desde su primera línea como desde su segunda. El conjunto cántabro no fue el equipo duro que acostumbra a ser frente a su propia área, sino una colección de condescendencias que aprovechó bien el rival. Ni siquiera se hicieron bien los cambios de ataque - defensa generando unas facilidades al Bidasoa en las transiciones rápidas que no se puede permitir un equipo que se estaba jugando tanto. Los locales cayeron en simas inexplicables y por momentos infantiles. ¿Qué estaba pasando?

A ese 0-6 de parcial que puso ya las cosas muy cuesta arriba (2-8) reaccionó Reñones pidiendo tiempo muerto. Y la cosa mejoró. Respondió el DS Auto Gomas con un parcial de 3-0 que fue cortado de la manera más torpe, cayendo en dos exclusiones posiblemente evitables en cuestión de segundos que dejaron al equipo con un par de hombres menos (Jorajuria y Prieto). Aquello sirvió para que el Bidasoa abriera de nuevo distancias que supo mantener durante todo el partido a pesar de los esporádicos impulsos locales.

El Sinfín falló en las dos áreas. Fue una penosa tarde generalizada. Reñones apostó de inicio por mantener a Río tanto en ataque como en defensa para que el descanso se lo tomara Pablo Paredes, su máximo artillero y su mejor brazo. Sin embargo, el vizcaíno estuvo en todo momento fuera de partido. Es un jugador cuyos primeros lanzamientos suelen resultar fundamentales para ganar en confianza y, si le entra el primero, la historia suele ser buena. Si no es así, se abre una incógnita difícil de calibrar. Ayer, como la del resto del equipo, fue su peor tarde. No sólo no acertó en el lanzamiento, sino que provocó pérdidas que eran respondidas con goles fáciles del rival. Se sentó antes de que terminara el primer tiempo pensando el entrenador que, tras tomar aire, en el segundo tiempo comenzaría otra historia, pero no sucedió así. El getxotarra volvió a errar de partida, el Bidasoa recuperó su máxima renta de seis goles (10-16) y lo que hizo Reñones fue sentarlo de manera definitiva. No era su tarde y ya está. A otra cosa y a esperar.

Y esa otra cosa fue apostar por Amarelle, que fue la mejor arma ayer desde los nueve metros, y un Guillermo Ros que había estado en el banquillo durante todo el primer tiempo. Entró al partido con más oxígeno que el resto y eso se notó por mucho que sus habituales encontronazos con la muralla rival no tuvieran ayer tanto efecto como en otras tardes más inspiradas. Sobre todo, porque si de algo puede presumir el Bidasoa, le salgan bien las cosas como ayer o no, es de fondo de armario. Tiene una plantilla profunda y equilibrada que permite a su entrenador, que tiene bien cogida la medida al Sinfín desde su etapa en el Villa de Aranda, rotar continuamente a sus hombres y mantenerles con frescura. Y eso se nota en el juego manteniendo el mismo un nivel de intensidad que no es sencillo de contrarrestar si las cosas no salen bien. Y ayer al Sinfín no le salieron bien, sino fatal.

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